Año 2013. Diario de Cuba (una vueltita por la historia), parte XII

Por Jorge Zanzio –

Día 12:

La mañana se sucede soleada, calurosa, pero soportable.

Desde el Vedado caminamos por la calle 23 hasta llegar al “Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate”. Vemos con detenimiento la muestra de afiches de películas de las cuales muchas nunca habíamos ni siquiera escuchado nombrar.  Joaquín se entusiasma con un gran proyector que parece una máquina fantástica salida de alguna novela de H. G. Wells.

Nos tomamos un buen café en el bar del mismo espacio; Joaquín no quiere nada, sigue tan entretenido con su juego que no se quiere distraer ni para ir al baño (le insistimos para que vaya al baño).

Paseamos por las calles céntricas de La Habana Vieja, y en el restaurante de un hotel almorzamos algo liviano; nada memorable.

Ingresamos al acuario de la ciudad. Demasiado humilde su propuesta, pero igual vale la pena; cualquier cosa que le quite una sonrisa a nuestro hijo es bienvenida. Joaquín está en una etapa en donde cualquier animal de cualquier especie lo seduce, e incluso hasta el más intimidante. En cambio Mercedes y yo ponemos nuestra  atención viendo a la gente como les da cualquier resto de comida a los peces sin que nadie les prohíba el acto. Bueno, quién dijo que las normas aplicadas por los equipos de cuidadores de zoológicos y acuarios argentinos son las correctas; nosotros no sabemos cómo se cuida un pez ni cualquier otro bicho. En realidad, aunque nos contradecimos llevando a nuestro hijo a visitar zoológicos y acuarios, sin ser militantes, estamos en contra del cautiverio animal.

Mientras Joaquín se hipnotiza con algunos peces de colores nosotros conocemos a Junior, un muchacho veinteañero que nos aporta otra versión de la realidad, de su realidad. Dice que para ellos la atención médica es gratis, pero los medicamentos no. Son baratos, pero no son gratis. Al día doce estamos con más dudas sobre la realidad cubana que en el día uno, y cuesta saber en dónde está la verdad, quién dice la verdad, o si existe una verdad.

Retomamos el viaje otra vez hacia el centro pintoresco de La Habana Vieja; queremos exprimir nuestro tiempo caminando sus calles hasta el agotamiento.

Un rato después nos detenemos para apreciar el anochecer en el malecón, e imagino que, Mario Conde, el policía melancólico de las novelas de ficción de Leandro Padura, medio borracho con Ron blanco, alguna vez se habrá detenido a ver éste paisaje sugerente que hoy se presenta ante nosotros, y por lo bajo, ante la perplejidad de un crimen difícil de resolver habrá susurrado un hermoso localismo: hijoeputa.

Seguí cada sábado este diario de viaje por la Isla de Cuba.

Enlaces anteriores:

Año 2013. Diario de Cuba (una vueltita por la historia), parte XI

Año 2013. Diario de Cuba (una vueltita por la historia), parte X

Año 2013. Diario de Cuba (una vueltita por la historia), parte IX

Año 2013. Diario de Cuba (una vueltita por la historia), parte VIII

Año 2013. Diario de Cuba (una vueltita por la historia), parte VII

Año 2013. Diario de Cuba (una vueltita por la historia), parte VI

Año 2013. Diario de Cuba (una vueltita por la historia), parte V

Año 2013. Diario de Cuba (una vueltita por la historia), parte IV

AÑO 2013. DIARIO DE CUBA (una vueltita por la historia), parte III

AÑO 2013. DIARIO DE CUBA (una vueltita por la historia), parte II

Año 2013. Diario de Cuba (una vueltita por la historia), parte I