El 5 de junio se cumplió el 128 aniversario del poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca. Una figura entrañable para nuestro país, que visitó entre 1933 y 1934. Y no sólo eso, sino que además estuvo en nuestra ciudad de La Plata, invitado por el presidente de la Universidad, el doctor Ricardo Levene. El Taller de Teatro Leído Leopoldo Marechal, creado por la SADE Filial La Plata en 2019 y dirigido por la profesora Cristina Demo, decidió homenajearlo con un espectáculo en el que se representaron fragmentos de varias de sus obras teatrales y que contó con la adhesión de la Junta de Andalucía, la Academia de Buenas Letras de Granada y la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid.
La puesta en escena, que se denominó “El crimen fue en Granada”, se realizó en el Círculo Cultural Andaluz de La Plata el sábado 6, con escenas de algunas obras de Lorca adaptadas por el escritor Guillermo Eduardo Pilía, secretario general de la SADE Nacional, especialista en la literatura lorquiana y miembro de ambas academias adherentes. Las piezas elegidas fueron Mariana Pineda, Yerma, Bodas de sangre y La zapatera prodigiosa. Por su parte, Elena González, como actriz invitada, interpretó al promediar el espectáculo un monólogo de la Poncia, uno de los personajes de La casa de Bernarda Alba.

El elenco estuvo integrado por Adriana Aldao, Patricia Dahl, Adriana Fernández, Mariel Luna, Tere Marino, Ana Massa, Susana Marchiano, Marcelo Ocampo, Guillermo Pilía, Guillermo Raviña, Leda Pizzi y Rodolfo Urbina, quienes además interpretaron el romance de Mariana Pineda, la canción del macho de Yerma y las coplas populares de La zapatera prodigiosa, con el acompañamiento en guitarra de Marcelo Ocampo. Todo ello ante un público que colmó el salón de fiestas del Círculo Cultural Andaluz y del que formaron parte miembros de la colectividad española, escritores de la SADE Filial La Plata y amantes del teatro de Federico García Lorca. Entre los presentes estuvieron el presidente y la vicepresidenta de la SADE Filial La Plata, Hugo Mársico y Selva Simón, junto a otros miembros de la entidad, y la vicepresidenta del Círculo Cultural Andaluz, Pilar Fuentes Gómez.
Si bien Federico García Lorca escribió en prosa y en verso y se interesó por otras formas de arte, como la música, el dibujo y el cine, toda su sensibilidad artística, su vena poética, su capacidad como intérprete musical o como declamador, su talento plástico, parecía estar destinada, no obstante, a otra manifestación estética, a una forma de arte que incluye a todas las otras artes: el teatro. En Lorca lo teatral obedece a un impulso primario, tuvo una visión teatral del mundo, disfrutó y sufrió la vida como un drama universal. “El teatro es poesía que se levanta del libro y se hace humana”, dijo en una ocasión, y nunca dejó de confiar en la capacidad del teatro para enseñar y deleitar, según el viejo modelo clásico. Su obra como dramaturgo estuvo siempre determinada por un espíritu innovador. Nunca quiso hacer la comedia burguesa que dominaba en su tiempo, sino acceder a los grandes temas: el amor, la muerte, el tiempo, la opresión, la rebeldía, la fuerza del destino. Quizás el fracaso de su primera obra, El maleficio de la mariposa, se debió a un exceso de transgresión, de modo que en 1927, con Mariana Pineda, abordó el “teatro poético” modernista hasta fundir el amor privado con la libertad pública. El triunfo le llegó con Bodas de sangre, primer título de una “trilogía de la tierra española” a la que seguiría Yerma y La casa de Bernarda Alba.

García Lorca tuvo además una concepción pedagógica del drama. “El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país —dijo en una ocasión— y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar y adormecer a una nación entera”. Y también: “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama matar el tiempo”.
Esa misma concepción pedagógica de García Lorca es la que guía las producciones del Taller de Teatro Leído Leopoldo Marechal, dedicado a adaptar y reponer, en la modalidad de teatro leído semimontado, grandes clásicos de la dramaturgia argentina en los que ya se avizoraban los problemas de la sociedad actual. Con “El crimen fue en Granada”, el Taller Leopoldo Marechal y el Círculo Cultural Andaluz no sólo quisieron recordar el nacimiento de García Lorca, sino también rendirle homenaje en el año del 90 aniversario de su trágica muerte, víctima de las confrontaciones ideológicas de la Guerra Civil que enlutó a España a partir de 1936.

Fotografías: En Provincia.