Por Dr. Luis Sujatovich* –
Hay algo particular en el caballo de ajedrez. No es la pieza más poderosa ni la más valiosa. Lo distingue su movimiento: peones, torres y alfiles recorren líneas; él puede saltar sobre ellas. En la red también hay trayectorias más probables que otras. Las plataformas jerarquizan contenidos, sugieren continuidades y vuelven menos visibles otras posibilidades. Buena parte de nuestra experiencia digital ocurre dentro de esas condiciones. Pero una condición no equivale a un destino.
La posición también importa
Las discusiones sobre cultura digital suelen oscilar entre dos extremos: usuarios sometidos a los algoritmos o individuos libres frente a posibilidades casi infinitas. El margen de acción, sin embargo, también depende de la posición que se ocupa. Tiempo, saberes, vínculos y condiciones de acceso amplían o reducen los movimientos posibles. Un caballo en el centro del tablero dispone de más opciones que uno arrinconado.
La visibilidad tampoco garantiza autonomía. Un influencer o streamer puede alcanzar a millones de personas y, al mismo tiempo, quedar sujeto a métricas, formatos, ritmos de publicación y expectativas que vuelven costoso cualquier desvío.
Diseñar no es gobernar los usos
Quien posee una plataforma puede alterar reglas, algoritmos y funciones. Google+ no logró convertirse en un espacio social relevante. Facebook incorporó Marketplace después de que la compraventa ya circulaba entre sus usuarios. WhatsApp terminó alojando prácticas laborales, educativas, familiares y organizativas que excedieron la mensajería interpersonal.
Diseñar es anticipar funciones, no gobernar usos. Siempre hubo un desfase entre aquello para lo que se concibió una tecnología y aquello en que una sociedad termina convirtiéndola. La red no lo eliminó: lo hizo más visible y veloz.
Las plataformas pueden incorporar esas apropiaciones y volverlas parte de su arquitectura. El hashtag de Twitter surgió de los usuarios antes de convertirse en una función reconocible de la plataforma. Por eso el desvío tiene algo de efímero: lo que hoy es un salto, mañana puede ser una recomendación.
Una partida que no está escrita
Algunas funciones prosperan. Otras se apagan sin ruido. Y algunos usos se alejan tanto de lo que imaginaron sus diseñadores que ya no los reconocerían. Esa incertidumbre proviene de la acumulación de elecciones, rechazos, apropiaciones y desvíos de quienes habitan la red. En el ajedrez, las jugadas modifican la posición de las piezas, pero no el tablero. En la red, el tablero aprende de las partidas: algunas prácticas acaban modificando las condiciones en las que nacieron. Quizás allí el caballo vuelva a ser útil.
El tablero fija las reglas. La partida se escribe jugando.
*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.
Imagen: IA Gemini.