Mediatización: la nueva condición educativa

Profesor Por Dr. Luis Sujatovich* 

El desarrollo de las tecnologías digitales convirtió a la educación universitaria en una experiencia crecientemente híbrida, donde la formación transcurre entre aulas y plataformas. Ese desplazamiento no modificó únicamente los espacios de enseñanza. También incorporó hábitos propios del consumo cultural contemporáneo, como la brevedad, la fragmentación, la respuesta inmediata y el ingreso ocasional. Cuando esas lógicas comienzan a formar parte de la experiencia educativa, hablamos de mediatización. Es desde ese escenario donde pueden comprenderse algunos de los malentendidos que hoy atraviesan la educación en línea.

Dos lógicas que no se encuentran

El primero corresponde a muchos estudiantes, que ingresan al campus como si fuera una aplicación: entran cuando necesitan resolver una tarea, cumplen con los requisitos mínimos y abandonan el entorno hasta la siguiente demanda. Confunden la acreditación con el aprendizaje y el cumplimiento con la formación. Si hicieron todo lo que el sistema les pidió, esperan que el conocimiento sea el resultado automático de ese recorrido.

El segundo pertenece a los docentes. Diseñan sus propuestas suponiendo que detrás de cada entrega existe alguien dispuesto a leer, revisar ideas, tolerar la incertidumbre y sostener el esfuerzo que implica aprender. Cuando descubren que muchos estudiantes sólo buscan completar el trayecto con el menor esfuerzo posible, aparece la frustración. Ambos creen participar de la misma experiencia, pero responden a expectativas diferentes. Unos privilegian la lógica de la aprobación; los otros, la de la formación.

La plataforma registra clics, no presencia

La mediatización vuelve visible una paradoja. Nunca fue tan sencillo saber cuándo un estudiante ingresó al aula o qué actividades entregó. Al mismo tiempo, nunca fue tan difícil reconocer si estuvo realmente presente. La plataforma registra clics, pero no atención; contabiliza accesos, pero no elaboración.

La lógica de la inmediatez invita a pensar que aprender consiste en cumplir una secuencia eficiente de acciones. Sin embargo, nadie aprende a correr mirando una carrera. Lo que admiramos del velocista ocurre después de miles de horas invisibles de entrenamiento. Con el aprendizaje sucede algo parecido: solemos valorar el resultado y olvidar el proceso que lo hizo posible. La velocidad con la que se responde no debe confundirse con la profundidad con la que se comprende.

La libertad y sus consecuencias

La educación en línea introduce una flexibilidad difícil de encontrar en otras modalidades: permite decidir cuándo ingresar, cuánto tiempo permanecer y cómo organizar el propio recorrido formativo. Esta apertura amplía las posibilidades de aprendizaje, pero también implica asumir las consecuencias de las propias decisiones. La plataforma puede estructurar tiempos y actividades, pero no determina la relación que cada sujeto establece con el conocimiento. Esa relación es una construcción personal, y también lo son sus efectos.

*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.

Imagen: IA Gemini.