El sentido es la nueva primicia

Profesor Por Dr. Luis Sujatovich* 

Informar nunca fue un acto neutral, porque toda información implica una relación con el poder. En el siglo XX, la pugna mediática consistió precisamente en quién podía ostentar ese privilegio con mayor vehemencia, para que su visión del mundo se erigiera como el sentido común. La credibilidad y el consenso social eran el botín de esa contienda.

Del control centralizado a la circulación permanente

Ese modelo de control centralizado comenzó a resquebrajarse en pocas décadas. La expansión de internet, la masificación de los dispositivos digitales y la consolidación de plataformas de circulación permanente transformaron las condiciones de producción y consumo de información. El acceso se volvió inmediato y continuo, y la información dejó de funcionar como un recurso escaso. El problema ya no es enterarse de lo que ocurre, sino comprenderlo en un entorno saturado y acelerado.
En este escenario, el periodismo perdió su posición exclusiva. La centralidad que sostuvo durante décadas se diluyó en una circulación fragmentada, donde la agenda pública se dispersa en múltiples voces, formatos y escalas. La proliferación de medios pequeños, proyectos individuales y productores de contenido vuelve prácticamente imposible recomponer un mapa común. La esfera pública digital es hoy amplia, móvil y cambiante, y ningún actor logra abarcarla ni ordenarla en su totalidad.

Un oficio en transición:

La ruptura del orden hegemónico de la industria informativa ha redefinido la función del periodismo. Su tarea se despliega ahora en dos dimensiones complementarias. Por un lado, ejercer de traductor y cartógrafo: seleccionar, organizar y contextualizar información para volverla comprensible, construyendo recortes que permitan orientarse en un entorno sobrecargado. Por otro, operar como un nodo de referencia: ofrecer criterios, métodos y referencias que orienten indirectamente a la multitud de nuevos emisores —creadores, streamers, divulgadores— que participan activamente de la conversación pública. En ambos casos, el objetivo ya no es poseer la información, sino dotarla de un marco que la haga inteligible y socialmente útil.

El oficio de habilitar

Una parte decisiva del flujo informativo es ahora impulsada por voces ajenas a la profesión, pero que cuentan con audiencias masivas y modelan, desde allí, la interpretación de los hechos. Frente a esto, el periodismo no compite por la atención ni regula desde una autoridad superior. Su influencia ahora es lateral: actúa mostrando procedimientos, ejemplificando prácticas responsables y sosteniendo estándares de rigor que otros pueden adoptar.

El valor ya no está en la primicia, sino en el sentido. Cuando la mera transmisión de datos resulta insuficiente, la función crucial del periodismo es facilitar la comprensión en una esfera pública saturada y veloz. No se trata de imponer una verdad, sino de hacer posible que emerja. En esa tarea de habilitar la comprensión compartida reside, todavía, su relevancia democrática.

*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.

Fuente de la imagen: https://unsplash.com/es/fotos/una-persona-escribiendo-en-un-teclado-junto-a-una-computadora-portatil-ziSzilQLSOM