El lector automático: apuntes sobre una nueva condición de la lectura

Profesor Por Dr. Luis Sujatovich* 

La inteligencia artificial ha concentrado la atención en la producción automática de textos. Sin embargo, la transformación más profunda quizás no ocurra en la escritura sino en la lectura. Cada época configura un modo particular de leer y la nuestra parece consolidar una figura inédita: el lector automático. No se trata de un lector menos inteligente ni menos interesado, sino de alguien que se desenvuelve en un entorno donde la abundancia de información obliga a decidir, casi de inmediato, qué merece atención. El lector automático no automatiza el acto de leer: automatiza la decisión sobre qué vale la pena leer. No es pereza, sino una adaptación a un ecosistema donde los textos saben que disponen de apenas unos segundos para captar el interés.

Del libro al núcleo: leer en pocos segundos

Durante siglos la lectura estuvo asociada a la permanencia. Se volvía una y otra vez sobre un mismo texto hasta incorporarlo. La modernidad amplió ese horizonte y propuso leer muchos libros, comparar autores y acumular conocimientos. Hoy parece imponerse otra lógica. La competencia principal ya no consiste en recorrer textos extensos, sino en identificar con rapidez aquello que concentra el sentido. La lectura se desplaza hacia el núcleo. El desafío ya no es permanecer más tiempo, sino extraer más significado en menos tiempo. El placer de la lectura, cuando aparece, ya no depende de la extensión, sino de la eficacia con que un texto logra condensar sentido.

Los nuevos formatos: cuando todo ocurre al mismo tiempo

El meme, el reel, el estado o una publicación breve no son simples reducciones del texto tradicional. Responden a otra organización del discurso. En ellos desaparecen las transiciones y el desarrollo: presentación, argumento y conclusión deben coexistir desde el primer instante. La retórica clásica se comprime hasta hacerse casi imperceptible. No es casual que películas, conferencias y artículos circulen fragmentados en recortes capaces de funcionar de manera autónoma. La parte ya no remite necesariamente al todo: muchas veces lo sustituye. Esta reorganización del discurso todavía carece de un lenguaje capaz de describirla con precisión.

Una teoría que todavía no existe

Las ciencias sociales suelen construir sus categorías cuando las formas culturales alcanzan cierta estabilidad. Con los nuevos formatos ocurre lo contrario. No contamos con una teoría del meme, del reel o del estado, no porque carezcan de importancia, sino porque aún están consolidando sus reglas. Cualquier intento de sistematización sería prematuro, como lo habría sido una Poética del cinematógrafo en 1896. La cultura contemporánea produce transformaciones más rápido de lo que somos capaces de conceptualizarlas. Es rica en observaciones críticas, pero todavía pobre en categorías teóricas.

Un cambio de estatuto

La aparición del lector automático no anuncia el fin de la lectura. Expresa una modificación de sus condiciones de existencia. La inteligencia artificial produce textos en segundos, pero también consolida lectores que esperan encontrar sentido con la misma velocidad. Comprender esta transformación no implica celebrarla ni condenarla. Significa reconocer que las formas de leer, como las de escribir, también tienen historia. Y la nuestra, probablemente, ya no pueda comprenderse con las categorías heredadas de la cultura del libro.

*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.

Imagen: IA Gemini.