Gramática del scroll

Profesor Por Dr. Luis Sujatovich* 

Una forma posible de leer la experiencia contemporánea en entornos digitales es esta: la relación entre pensamiento y comunicación, habitualmente concebida como sucesiva (primero se piensa, luego se expresa), adquiere en la red un carácter más bien simultáneo. No se trata solo de una transformación en las formas de decir, sino de un desplazamiento más sutil: pensamiento y comunicación ya no operan en dos tiempos claramente diferenciados. Cualquiera que haya redactado un tuit o un comentario en una red social sabe que, antes de publicar, ya está ajustando la frase pensando en cómo será leída, si generará reacción, si será entendida.

No se trata de oponer un modelo a otro, sino de observar qué ocurre cuando esa secuencia se vuelve inestable. ¿Qué cambia en el modo de pensar cuando la posibilidad de decir ya está, de algún modo, anticipada?

Pensar bajo anticipación

Si la posibilidad de decir se anticipa, entonces el pensamiento ya no se organiza como una instancia autónoma que luego busca su forma. Antes de formular una idea, se perfila —aunque sea de manera difusa— su posible aparición pública, cómo sería leída, en qué registro resultaría inteligible.

No se trata necesariamente de un cálculo consciente, sino de una disposición incorporada: una sensibilidad que orienta el pensamiento hacia formatos posibles. Pensar implica, en este contexto, ensayar versiones: ajustar una frase, recortar un argumento, buscar una forma que no solo diga, sino que funcione. Alguien que escribe un mensaje de WhatsApp y borra tres versiones antes de enviar no está corrigiendo un pensamiento ya formado: está pensando mientras escribe, ajustando la forma mientras busca lo que quiere decir.

La idea no precede a su forma, sino que emerge ya modulada por su potencial de recepción.

La forma como condición

Si el pensamiento se organiza desde el inicio en función de su comunicabilidad, la distinción entre contenido y forma se vuelve menos nítida. La forma deja de ser un envoltorio posterior para operar como una condición de posibilidad: no algo que se agrega a lo pensado, sino el medio en el que lo pensado se configura.

Esta condición adopta rasgos reconocibles: brevedad, fragmentación, secuencialidad, intensidad. No funcionan solo como restricciones externas, sino como gramáticas que orientan la elaboración misma de las ideas. De allí que el pensamiento tienda a resolverse en unidades discretas: frases autónomas, fragmentos que condensan sentido, formulaciones capaces de circular sin desarrollo.

Pensar es pre-publicar

En este desplazamiento, la comunicación deja de ser un momento posterior para volverse una dimensión constitutiva del pensamiento. Las ideas no se presentan como unidades acabadas que luego se expresan, sino como formulaciones que ya incluyen —de manera implícita— las condiciones de su aparición pública.

Pensar no es, entonces, preparar algo para decir después. Es trabajar sobre formas que ya están, de algún modo, orientadas a su exposición.

Esto no implica que todo pensamiento se ajuste dócilmente a las lógicas de la red. Si la comunicabilidad opera desde el comienzo, ¿qué lugar queda para aquello que no encuentra encaje? ¿Se descarta o deja de existir como decible?

*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.

Imagen: IA.