Tres objetos, muchas apariencias

Profesor Por Dr. Luis Sujatovich* –

Los objetos nos permiten interpretar qué hacen los demás, aunque rara vez conocemos el sentido de sus acciones. Un mouse sugiere participación, unos auriculares hacen pensar en cierta ausencia y un joystick remite al entretenimiento. Son asociaciones que aprendemos culturalmente y usamos para comprender conductas ajenas. Sin embargo, esa familiaridad puede confundirnos: los objetos no siempre revelan lo que las personas hacen, pero influyen en cómo interpretamos y valoramos sus actividades.

La participación que imaginamos

El mouse se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de la participación digital. Con un movimiento de la mano opinamos, intervenimos en conversaciones, aprobamos iniciativas o rechazamos propuestas. Como ocurre con el sufragio, un gesto individual puede adquirir sentido dentro de una práctica colectiva.

Pero aquello que reconocemos como participación puede expresar convicción, indiferencia o simple curiosidad. El movimiento resulta visible, aunque desconocemos las intenciones que lo sostienen. El mismo objeto sirve para trabajar en una planilla de Excel o para pasar horas recorriendo publicaciones sin un propósito definido. Desde afuera, ambas actividades pueden parecer idénticas, y el mouse conserva su asociación con la productividad, aunque no garantice que estemos produciendo algo.

La ausencia que atribuimos

Los auriculares producen una interpretación casi inmediata: quien los usa parece encontrarse en otro lugar. Aunque comparta nuestro espacio, suponemos que su atención está dirigida hacia una experiencia de la que permanecemos excluidos.

Pero alguien puede escuchar música mientras sigue una conversación o llevar auriculares sin reproducir ningún sonido. Para algunas personas, incluso, son una manera de permanecer en espacios compartidos que resultarían difíciles de habitar sin cierta distancia auditiva. Además, quien los usa conoce las interpretaciones que provocan y puede aprovecharlas para evitar una conversación sin necesidad de rechazarla.

Lo que interpretamos como ausencia puede ser una manera de estar presente.

El entretenimiento que suponemos

El joystick parece despertar menos dudas. Quien lo sostiene está jugando y suponemos que se divierte. Pero el entretenimiento también puede involucrar frustración, esfuerzo y deseo de destacarse. Como ocurría con ciertos objetos de distinción social, su significado excede la función inmediata: puede representar pertenencia, prestigio y habilidades valoradas dentro de determinadas comunidades, pero poco reconocidas fuera de ellas.

Incluso el tiempo de juego puede adquirir exigencias propias del trabajo: entrenamiento, disciplina y rendimiento. Un jugador profesional trabaja mientras sostiene un objeto que seguimos asociando con el ocio.

El valor de lo que suponemos

Los objetos forman parte de un lenguaje compartido que nos permite interpretar las actividades ajenas. Pero esas interpretaciones también contienen valoraciones.

El mouse puede dar apariencia de productividad a una distracción, el joystick puede hacer pasar por entretenimiento una actividad laboral y los auriculares pueden sugerir indiferencia donde existe concentración. La valoración no depende únicamente de lo que las personas hacen, sino también de los significados que atribuimos a los objetos que usan. Algunas actividades reciben reconocimiento antes de que conozcamos su contenido. Otras deben justificar su importancia. Esa diferencia no es inocente: también interviene en quién merece ser tomado en serio y quién debe demostrar que aquello que hace tiene valor. Creemos saber qué hacen los demás porque reconocemos los objetos que usan. Y, muchas veces, también creemos saber cuánto vale lo que hacen.

*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.

Imagen: IA