Cuando la forma de hablar también gobierna

Por Juliana Casanova* –

En un mundo donde todo pasa rápido y todo se opina, la política también cambió su forma de comunicarse. Ya no alcanza con dar un discurso o una entrevista: hoy gran parte del mensaje se construye en redes sociales. Y en ese terreno, lo que más circula no siempre es lo más reflexivo, sino lo más fuerte, lo que genera reacción.

Cada vez más líderes en distintos países eligen un estilo directo, provocador y muchas veces agresivo. No es casual: funciona. Genera visibilidad, instala temas y mantiene la atención. Pero también deja una pregunta dando vueltas: ¿qué pasa cuando ese tono se vuelve parte de lo cotidiano?

En Argentina, esta forma de comunicar se ve claramente en el presidente, Javier Milei. 

Gran parte de su discurso no solo aparece en actos o entrevistas, sino en sus publicaciones en X (Twitter), donde el tono suele ser confrontativo, con críticas duras, descalificaciones y mensajes que rápidamente generan polémica.

El problema no es solo político. Es social.

Cuando alguien con tanto poder se comunica de esa manera, no solo está expresando una idea: está marcando un estilo. Y ese estilo se replica. Se ve en redes, en comentarios, en discusiones cotidianas. Cada vez es más común que el desacuerdo se exprese desde el enojo, la burla o el ataque.

Además, hay algo que preocupa todavía más. Muchas de sus expresiones han sido señaladas como ofensivas hacia las mujeres y hacia el colectivo LGBTQ+. Y más allá de la postura de cada uno, no es lo mismo que ese tipo de mensajes circulen entre usuarios anónimos a que salgan desde la figura presidencial. Eso también construye sentido: define qué es válido decir y qué no.

Desde la comunicación, esto no es menor. El lenguaje no solo sirve para decir cosas, también crea climas. Si el discurso público se vuelve cada vez más agresivo, ese clima se traslada a la sociedad. Y cuando eso pasa, el diálogo se rompe y la violencia se normaliza 

En ese punto aparece una pregunta  necesaria: ¿es un descuido o una estrategia que funciona? Porque en un contexto donde lo polémico se comparte más que lo reflexivo, este tipo de comunicación no solo impacta… también rinde. Genera reacción, posiciona y mantiene a quien la usa en el centro de la escena.

Pero que funcione no significa que no tenga consecuencias.

Quizás el verdadero desafío no es solo analizar cómo se comunican quienes gobiernan, sino preguntarnos qué hacemos nosotros con eso. Si lo repetimos, si lo naturalizamos o si buscamos otras formas de decir, de discutir y de convivir.

Porque al final, la forma en que hablamos también construye el tipo de sociedad en la que vivimos.

*Colaboración para En Provincia.

Imagen: IA.