¿Subte para La Plata? Una oportunidad para corregir un viejo error

Por Guillermo Cavia –

La posibilidad de pensar un sistema de transporte subterráneo para La Plata vuelve a poner sobre la mesa una discusión mucho más profunda: cómo queremos movernos en las próximas décadas y qué lecciones podemos aprender de decisiones tomadas en el pasado.

Aunque hoy la idea de un subte para la capital bonaerense aparece más como un proyecto de largo plazo que como una obra inminente, el debate tiene un mérito indiscutible: obliga a imaginar una ciudad moderna, integrada y preparada para crecer.

Pero también invita a revisar una de las decisiones más cuestionables de la historia del transporte argentino: la eliminación de los tranvías.

Durante buena parte del siglo XX, las ciudades argentinas contaron con extensas redes tranviarias que conectaban barrios, centros comerciales y estaciones ferroviarias. Lejos de tratarse de un sistema obsoleto, el tranvía era —y sigue siendo— uno de los medios de transporte urbano más eficientes, seguros y sustentables del mundo.

Mientras en nuestro país se levantaban vías y se retiraban coches, numerosas ciudades europeas avanzaban en sentido contrario. Hoy, urbes como Estrasburgo, Viena, Friburgo o Barcelona consideran al tranvía una pieza central de su movilidad urbana. Incluso ciudades que habían desmantelado sus redes durante el auge del automóvil volvieron a construirlas décadas después, reconociendo el error.

Argentina hizo lo contrario. Apostó casi exclusivamente al colectivo y al vehículo particular. El resultado está a la vista: congestión creciente, contaminación, tiempos de viaje cada vez más largos y una infraestructura vial sometida a una presión constante.

Por eso, discutir un eventual subte para La Plata no debería limitarse a la construcción de túneles. También debería abrir la puerta a una reflexión más amplia sobre la recuperación del transporte guiado, ya sea mediante sistemas tranviarios modernos, trenes urbanos o combinaciones inteligentes entre distintas modalidades.

La Plata tiene características urbanas singulares. Su trazado planificado, sus amplias avenidas y diagonales, y su condición de capital provincial la convierten en un laboratorio ideal para pensar soluciones innovadoras. Un sistema de transporte masivo de alta capacidad podría integrarse con el ferrocarril, los colectivos y eventuales corredores tranviarios, generando una red más eficiente y menos dependiente del automóvil.

Quizás el mayor valor de la discusión actual no sea el subte en sí mismo, sino la posibilidad de recuperar una visión estratégica del transporte público. Una visión que durante décadas quedó relegada por soluciones parciales y de corto plazo.

Si algún día La Plata concreta un sistema subterráneo, no solo estará incorporando una nueva infraestructura. También podría estar enviando un mensaje que fluye como símbolo: reconocer que abandonar los tranvías fue una decisión equivocada y que las ciudades más exitosas del mundo avanzan precisamente en la dirección opuesta, fortaleciendo el transporte público eléctrico, integrado y de calidad.

A veces, progresar no significa inventar algo nuevo. Significa animarse a corregir errores del pasado. Muchas veces esos errores se cruzan en el camino, para ello solo es necesario ir hasta el Parque San Martín y observar desde la avenida 51 y calle 23. Una vez en el lugar hay que cruzar hacia el parque, allí se pueden encontrar las antiguas columnas que sostenían el cableado del tranvía. También yendo por la avenida 51 hacia 22, se pueden apreciar. Son mudas muestras de lo que alguna fue la ciudad, en ellas se puede imaginar la importancia del transporte. Pero a la vez está impresa la desidia, la nostalgia y ojalá, ahora podamos creer que está la esperanza.

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