Por Dr. Luis Sujatovich* –
Hay algo inquietante en recibir una recomendación precisa. La plataforma parece conocernos: ofrece el libro que podríamos leer, la canción que deseamos escuchar o el producto que estábamos por buscar. La coincidencia resulta tan convincente que rara vez nos preguntamos qué clase de conocimiento la hizo posible. Sin embrago, la respuesta es menos halagüeña de lo que parece. El algoritmo no busca comprendernos, sino anticiparnos. No necesita saber si elegimos un libro por convicción, para regalarlo o por equivocación. La intención puede ser importante para nosotros, pero no para el sistema. Le alcanza con relacionar nuestras acciones. No sabe quiénes somos: sabe qué versión de nosotros resulta útil para sus predicciones.
El perfil que se adelanta a nosotros
Ese conocimiento limitado no es inofensivo. El perfil reúne fragmentos de nuestro pasado y los convierte en una hipótesis sobre lo que haremos después. Pero no se limita a describirnos: también interviene en las condiciones bajo las cuales elegimos.
Lo conocido ocupará los primeros lugares, mientras lo diferente quedará relegado. El sistema no espera pasivamente que confirmemos su hipótesis. Organiza el entorno para aumentar las posibilidades de que lo hagamos.
Su poder no consiste en obligarnos. Ordena lo visible, jerarquiza las alternativas y vuelve más probables unos encuentros que otros. Una descripción parcial puede transformarse así en una orientación persistente. El problema no es que el perfil se parezca a nosotros, sino que nosotros terminemos pareciéndonos demasiado a él.
El sujeto no se agota en sus acciones
Sin embargo, ningún perfil coincide con una persona. Somos también las dudas que no expresamos, los deseos que abandonamos y las decisiones que todavía no tomamos. Podemos cambiar de opinión, cansarnos de aquello que nos fascinaba o encontrarnos con algo que modifique nuestro recorrido.
Pero eso tampoco basta. Comprar deliberadamente algo para confundir al sistema o actuar al azar sería otra manera de vivir pendiente de él.
La oportunidad se encuentra en otra parte. La subjetividad incomoda porque no permanece idéntica a sí misma. Puede revisar sus hábitos, cuestionar sus preferencias y admitir deseos que aún no tienen lugar en el perfil. Esa distancia no nos coloca fuera del sistema, aunque impide que sus categorías nos contengan.
La libertad de no coincidir
Sostener esa distancia es una tarea personal, aunque no se ejerce en condiciones enteramente personales. No todos disponemos del mismo tiempo, conocimiento o margen para apartarnos de las recomendaciones. También importan el diseño de las plataformas, la diversidad de opciones, la transparencia de los sistemas y las regulaciones sobre nuestros datos. Aun así, persiste una responsabilidad que no puede delegarse. Consiste en incomodar nuestros hábitos, buscar aquello que no aparece primero y permitir que algo inesperado modifique lo que creíamos desear. No porque exista un deseo puro que debamos recuperar, sino porque ninguna recomendación debería ahorrarnos el trabajo de seguir interrogándolo. Tu perfil no sos vos. El verdadero riesgo no es que se equivoque, sino que la versión de vos más útil para el sistema termine pareciéndote la más verdadera.
*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.
Imagen: IA Gemini.