Por Dr. Luis Sujatovich* –
Habitar la red no es un acto técnico: es una forma contemporánea de existir. No se trata simplemente de usar dispositivos o navegar plataformas. Cuando estamos conectados no solo intercambiamos información; construimos presencia, identidad y reconocimiento.
Durante años, el análisis de la comunicación digital se concentró en su funcionamiento: algoritmos, métricas, arquitectura de plataformas. Ese enfoque permitió comprender la lógica del sistema, pero dejó en segundo plano una cuestión más decisiva: qué ocurre con nosotros cuando la vida social adopta la forma de exposición permanente.
La red no es únicamente una infraestructura tecnológica. Es el ámbito donde hoy se organiza buena parte de la visibilidad pública. Y si allí se define cómo aparecemos ante otros, la pregunta ya no es solo cómo funciona el sistema, sino quiénes somos cuando estamos conectados.
Libertad en condiciones: elegir bajo presión
Participar implica un proyecto de identidad en permanente elaboración, acaso también una forma de aspirar a cierta trascendencia. Nada allí es neutro. Tampoco libre en sentido pleno. Pero condicionamiento no es determinación. Incluso bajo presión subsiste un margen de decisión, a veces estrecho, pero real. Allí no solo se juega la eficacia comunicativa: se adopta una posición ante los otros. El problema, entonces, no es la existencia de libertad, sino la responsabilidad que supone ejercerla de manera sostenida.
La mirada, la exposición y el sentido
Esa práctica constante de elección no ocurre en el vacío: se realiza ante otros y bajo su mirada.
Cuanto más visible es una experiencia, mayor es el riesgo de que se vuelva intercambiable. La circulación acelerada favorece la reacción, no la elaboración. Se impone lo que capta atención, no necesariamente lo que construye sentido.
El desafío, entonces, no es retirarse de la escena digital ni aspirar a una autenticidad pura. Es resistir la reducción del reconocimiento a métrica y del intercambio a estímulo. Comunicar implica algo más exigente: sostener una palabra que no se agote en su rendimiento inmediato.
En un espacio fragmentado y veloz, el sentido no surge por acumulación de impactos. Exige interpretación y continuidad. Y esa tarea no puede delegarse en sistemas automáticos.
El sujeto como problema central
El sujeto no vuelve al centro por nostalgia, sino porque ninguna descripción del sistema alcanza para explicar la experiencia. Las métricas ordenan la visibilidad, pero no agotan el sentido de lo que se dice ni la decisión de decirlo.
Entre la publicación, la circulación y la valoración subyace una experiencia que desborda el cálculo. Allí el sujeto no desaparece: se vuelve problema y también posibilidad.
*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.
Imagen: https://profesorleon.com/existencialismo-de-sartre-en-la-era-digital/