Por Zoe Sureda* –
Por qué el minimalismo no viste a Latinoamérica.
La necesidad de pertenencia constante nos obliga a esconder aquello que nos hace únicos, desplaza la autenticidad y la reemplaza por adaptación. Discrimina lo diferente y abraza las normas sociales secretamente impuestas.
Las pantallas nos permiten acercarnos a las diferentes realidades. Los grandes creadores de contenido, reconocidos a nivel mundial provienen de países dominantes, donde su cultura e historia se alinean con aquello que comunican, pero al nosotros consumirlo desde otra posición y buscar adoptarla, demuestra y aparenta algo que no somos, quedamos desalineados en relación a nuestra cultura.
Los colores clásicos del minimalismo dominante, blanco, gris y negro, no van de la mano con los colores tradicionales de cada país latinoamericano, que son vibrantes y llamativos.
La idea principal del minimalismo “menos es más”, contrasta con las festividades de nuestra región como, por ejemplo, los carnavales en Brasil, el día de los muertos en México o la feria de las flores de Medellín.
Los muebles simples y geométricos, no dan vida a lo que los rodea, y resultan ser opuestos a los cuadros coloridos y estantes repletos de fotos familiares, recuerdos de viajes y macetas con flores coloridas que adornan y les dan vida a las casas.
Latinoamérica es reconocida por la riqueza de su cultura: desde las prendas tradicionales, los colores, el maquillaje, las comidas, las festividades, hasta incluso la arquitectura. Todo es llamativo, resalta, es particular y maximalista, por lo que intentar copiar o amoldarse a estilos más europeos donde los colores son más neutros, las personalidades más tranquilas y las festividades menos llamativas, demuestra el sentimiento de inferioridad y, por lo tanto, la necesidad de pertenencia a algo que no nos representa.
La cultura detrás de cada país Latinoamericano tiene una historia de lucha para contar, en las que se aferraron a sus raíces, su música, sus rituales para enfrentar a aquellos pueblos imponentes, que constantemente buscaban desplazarlos.
Queda demostrado cómo funciona la jerarquía dominante que desde su altura moldea las modas a su gusto, son quienes establecen las tendencias, lo que está bien y lo que no. Y lo han hecho desde siglos atrás, tan atrás en el tiempo que hoy ya es una conducta normalizada.
Quienes no están en esa posición y son considerados dominados, constantemente se ven influenciados a seguir y repetir actitudes desalineadas con su historia y cultura, para poder sentirse parte de algo que no son. Es la diferencia entre ser y pertenecer.
De hecho, actualmente son países como Francia y España, quienes anteriormente daban una imagen más estética, neutra y armoniosa, los que se están animando poco a poco a experimentar los colores y diseños en las prendas de vestir. Como si a ellos se les permitiera experimentar con variedades de tonos en la paleta y texturas. Reconociéndose como visionarios e influyentes en la moda, cuando lo que ahora muestran orgullosamente viene de lo que desvalorizaron y desvalorizan.
Entonces ¿Por qué a ellos se le permite y avala, y a los países latinoamericanos se los minimiza? Y no refiero solo a los dominantes, sino a nosotros mismos: por qué nos cuesta tanto enorgullecernos de nuestra cultura y mostrarla al mundo, tal cual somos.
*Colaboración para En Provincia.
Imagen: IA.