Por Elvira Yorio* –
Si se habla de “ocio” de inmediato se le asocia con vacaciones. Vacación…proviene del latín “vacare”, vacío, vacante. Ese antiguo concepto que usaban los romanos, ha ido variando en la actualidad. Hoy, por el contrario, para que las vacaciones sean tales, es menester colmarlas con actividades de diversa índole (nada de vacío, cuanto más contenido mejor). La inmensa mayoría está de acuerdo con ese proceder. Hasta cierto punto tiene su lógica: la generalidad de las personas trabaja arduamente durante todo el año, con su pensamiento puesto en ese pretendido descanso, en ocasiones planeado hasta en sus mínimos detalles. Significa nada menos, que dejar temporariamente de lado, las obligaciones cotidianas con las preocupaciones y esfuerzo que conllevan. Por experiencia propia y observación de la ajena, pude comprobar que no se deja de trabajar en las vacaciones, lejos de ello, las actividades suelen multiplicarse. Claro, no son impuestas, ni remuneradas. Son voluntarias y onerosas. A veces, implican, además de las habituales, tareas extras que exigen especial dedicación. Meditando sobre todo ello, llego a la conclusión de que vacación no es igual a ocio.
Al ocio también se lo ha definido por oposición: lo contrario de trabajo. Será por eso que adquirió mala fama. Pero también ha tenido sus aguerridos defensores. Paul Lafargue (1842-1911) fue uno de ellos. Este médico, periodista y revolucionario francés, fue yerno de Marx, quien influyó notablemente en su ideología política. Escribió “El derecho a la pereza” (1880), allí realiza la apología del “no hacer”, paradójicamente en defensa del trabajo. Pues, argüía, la superproducción puede llegar a anular el pleno empleo. Propuso disminuir el horario de trabajo, de esa forma evitar el excedente de productos, y su correlato, la prescindencia de la mano de obra innecesaria. Otro ilustre pensador que también defendió el ocio, fue Bertrand Russell (1872-1970). Escribió “Elogio de la ociosidad” (1932) y en forma similar a Laforgue, propició el acortamiento de la jornada laboral, con el objetivo de reducir el desempleo. Aclaró que no fomentaba que se dispusiera de tiempo libre para dedicarse a lo frívolo, sino para pensar, serenarse, recapacitar, darse tiempo para encontrarse a uno mismo.
Kafka (1883-1924), dijo:” el ocio es el padre de todos los vicios y el coronamiento de todas las virtudes”, lo cual parecería entrañar una contradicción. En la primera parte, admite que ese tiempo inútil podría conducir al descarrío y a la disipación del ser humano. No obstante, la disposición de tiempo, exento de imposiciones arbitrarias, presentes en la burocracia que tan acertadamente criticó, puede posibilitar el logro de la creatividad, que deriva de la contemplación en libertad. Un pensamiento para la reflexión.
Josef Pieper filósofo alemán (1904-1997), por su parte, escribió “El ocio, base de la cultura”, “Filosofía del ocio”, “El ocio y la vida intelectual”, producción literaria que, desde su mera enunciación, demuestra el interés del escritor sobre el tema. Explica la importancia del descanso reparador y del tiempo dedicado a la contemplación, como presupuestos indispensables para adquirir cultura o intentar filosofar.
Borges, tácitamente revindicó el ocio: cuando elogiaba el hábito de la lectura, sin otra retribución que el goce mismo. O cuando decía que escribía para “poblar” su tiempo de algún modo. O en su particular concepción del tiempo…
La obra del sociólogo italiano Doménico De Masi (1938-2023), “El ocio creativo”, elabora una propuesta sociológica integradora: trabajo, más aprendizaje y juego. Se especializó en analizar el efecto de la tecnología en los seres humanos. Propició un sistema de vida en el cual el hombre hallara el tiempo necesario para pensar y pudiera servirse de la tecnología solo para lo imprescindible. Ambos pensadores, provenientes de distintas escuelas, exhiben, sin embargo, puntos de confluencia en este tema, y su incidencia en la sociedad capitalista, que centra sus fines esenciales en la superproducción y el consumo masivo. Pieper aborda el ocio desde una perspectiva teológica- filosófica, puesto que, siguiendo a Santo Tomás de Aquino, pregona que es el fundamento de la cultura, y comparte con De Masi, que el ocio es creativo, porque anula la falsa antinomia entre deber y placer. Así, distingue pereza, vagancia o inercia, y lo define como una elección del sujeto caracterizada por su libertad.
Byung -Chul Han (1959) el filósofo surcoreano que parece que llegó para quedarse, tiene su propia teoría que sustenta con sólidos fundamentos. Se trata de munirse de las herramientas necesarias, para impedir ser incitados a realizar nuestra propia explotación. Evitar la fatiga de la autoexigencia, romper con el esquema actual, crear otro paradigma. No parece una empresa fácil. Advierte que, este tipo de conflicto, comprende no solo aspectos económicos, sino también culturales. Desde luego, se ve claramente que la vieja concepción del trabajo puede parecer obsoleta, pero aún se mantiene firme. Es autor de “La sociedad del cansancio”. Estima que el ocio auténtico ha desaparecido por obra del capitalismo, en especial el capitalismo digital. Se lo ha transformado en una secuencia del trabajo y su rédito. Objeta que una pausa solo deba usarse para reponerse y continuar trabajando. Subraya un concepto que mucho tiene de apocalíptico: la gente está condicionada para la auto explotación, eso le provoca culpa cuando puede acceder al descanso, o bien un intenso vacío. Aspira a que se pueda volver al concepto del ocio romano, o al descanso contemplativo propuesto por Aristóteles.
El ocio no necesita ser productivo, porque entonces dejaría de ser ocio. Pero, aunque no sea productivo, puede ser fecundo. Los fines crematísticos han prevalecido, pero los resultados se tradujeron en beneficios materiales, a la par que se fomentó una competitividad negativa, aislamiento social, egoísmo, materialismo y ambición desmedida. Del ocio fecundo, en cambio, han nacido las obras de arte. Ausente el ánimo de “lucro”, genera un efecto espiritual y trascendente. El agricultor deja “ociosa” una parcela de terreno durante una temporada. En ese lapso la tierra se renueva, y recupera aptitudes que se manifestarán en la próxima siembra. En idéntico sentido, el ser humano en su tiempo libre, puede adoptar dos actitudes: seguir pensando en el trabajo, o … abstraerse, meditar, concebir una idea creativa. Si no puede hacer nada de esto, el sistema siempre está alerta y pronto, para llenar su vacío con los contenidos del entretenimiento, que constituyen el sucedáneo del pensar. O como lo definiera Adorno, la industria cultural. Esa industria cultural que “distrae” en toda la significación de esta palabra. Dis… traer. Llevar fuera de sí mismo al sujeto de la distracción. Nada más acertado que la reflexión de Pascal (1623-1662): “Toda la infelicidad del hombre viene de no saber quedarse solo y en silencio en una habitación.” Data del siglo XVII, pero sigue siendo válida hoy. Él advirtió que las personas buscaban un movimiento incesante, como un modo de huir de sus propios pensamientos. Sartre (1905-1980), siglos después parece recoger la idea, cuando dice que “el hombre se define por la tendencia a huir de sí mismo” (“El ser y la nada”,1943)
En la Roma antigua el otium, ocio, era un concepto perteneciente a la dignidad: tiempo del que disponía el ciudadano para pensar. Nec-otium , en cambio, no ocio, era el tiempo del sometido a trabajar, no solo para sustentarse, sino para posibilitar la ganancia de otro, su amo. De allí que se haya identificado “no ocio” con negocio.
Tal vez el ocio sea necesario para estar a solas con nosotros mismos, intentar conocernos y darnos la oportunidad de elección.
*Colaboración para En provincia.