Tiene más de 4.800 años, pertenece a una especie de pino que crece en las montañas de California y comenzó a desarrollarse cuando las grandes civilizaciones de la Antigüedad todavía estaban dando sus primeros pasos. Su ubicación exacta se mantiene en secreto para protegerlo.
En un rincón de las montañas de California sobrevive un testigo excepcional de la historia de la humanidad. Es un pino longevo (Pinus longaeva) conocido como Matusalén, considerado uno de los árboles individuales vivos más antiguos del planeta, con una edad estimada de más de 4.800 años.
Su historia resulta todavía más sorprendente cuando se la compara con algunos de los monumentos más famosos de la Antigüedad. Matusalén comenzó a crecer varios siglos antes de la construcción de la Gran Pirámide de Guiza, levantada en Egipto durante la cuarta dinastía, alrededor del siglo XXVI a. C.
Es decir que, cuando este árbol ya era un ejemplar joven, las pirámides que hoy asociamos con el antiguo Egipto todavía no existían.
Un superviviente de miles de años
El secreto de la extraordinaria longevidad de los pinos longevos está relacionado con las condiciones extremas en las que viven. Crecen a gran altura, en terrenos rocosos y secos, donde las bajas temperaturas, la escasez de agua y los suelos poco fértiles dificultan la vida de muchas otras especies.
Estas condiciones también hacen que los árboles crezcan muy lentamente. Sus troncos pueden desarrollar una enorme resistencia y, aun cuando una parte del árbol muere, otras zonas pueden continuar vivas durante siglos.
Matusalén se encuentra en el Bosque Nacional Inyo, en California, dentro de una zona de pinos longevos. Las autoridades estadounidenses no divulgan cuál de todos los ejemplares es exactamente Matusalén, una medida destinada a evitar daños, vandalismo o la intervención de visitantes.
¿Cómo saben que tiene más de 4.800 años?
La edad de estos árboles puede determinarse mediante dendrocronología, una técnica científica que estudia los anillos de crecimiento de los árboles. Cada anillo puede aportar información sobre las condiciones ambientales de un determinado año y, al comparar las secuencias entre distintos ejemplares, los investigadores pueden construir cronologías que se remontan miles de años.
En el caso de Matusalén, las estimaciones lo sitúan en torno a los 4.850 años. La cifra no significa que alguien haya observado el árbol durante todo ese tiempo: se obtiene a partir de métodos científicos de datación y del análisis de sus anillos.
Un récord que requiere una aclaración
Aunque Matusalén suele aparecer mencionado como “el árbol más viejo del mundo”, existe una precisión importante.
Se trata de uno de los árboles individuales vivos más antiguos conocidos y con una edad científicamente documentada. Además, existe otro pino longevo descubierto posteriormente cuya edad estimada supera los 5.000 años, aunque su identificación y condición de ejemplar individual han sido objeto de discusión científica.
También existen organismos vegetales mucho más antiguos si se consideran colonias clonales, en las que múltiples tallos están conectados por un mismo sistema de raíces. Por eso, decir simplemente “el árbol más viejo del mundo” puede resultar engañoso si no se aclara qué se está midiendo.
Lo indiscutible es que los pinos longevos se encuentran entre los seres vivos individuales no clonales más longevos conocidos por la ciencia.
Un árbol que nació antes que las pirámides
La comparación con Egipto permite dimensionar la antigüedad de Matusalén. El árbol ya llevaba siglos creciendo cuando comenzó la construcción de la Gran Pirámide de Guiza.
Desde entonces atravesó el ascenso y la caída de civilizaciones, cambios climáticos, migraciones humanas, guerras y transformaciones tecnológicas. Mientras la humanidad pasó de las primeras sociedades agrícolas a la era espacial, este árbol continuó creciendo lentamente en las montañas del oeste de Estados Unidos.
Quizás por eso su historia resulta tan fascinante: no es solamente un árbol antiguo, sino un organismo que estaba vivo antes de algunos de los monumentos más antiguos que todavía podemos contemplar.
Y mientras miles de años de historia quedaron registrados en libros, ruinas y objetos arqueológicos, en los anillos de un pino longevo quedó guardada otra versión de ese pasado: la de un árbol que empezó a crecer cuando las pirámides todavía no habían sido construidas.
Fotografía: Archivo web.