Pareja: ¿amor, complicidad y…todo?

Por Elvira Yorio* –

Un bello poema de Benedetti describe al amor como un territorio omnicomprensivo, habitado por la pareja, en el que todo se comparte. Pareciera que el amor no se puede definir, o a la inversa, es susceptible de muchas descripciones. La literatura, y en especial la poesía, han sido pródigas en ofrecer retratos de ese sentimiento a través de los siglos. Cabe preguntarse: ¿qué es ese “todo”? En principio: techo, lecho y mantel, como decía un antiguo aforismo español. Pero hay más, mucho más, entre las cosas a compartir, por ejemplo: la profesión. Alguien dijo que en la pareja la profesión compartida deja de ser trabajo y se vuelve lenguaje, se crean otros códigos.

Muchas teorías psicológicas sostienen que el amor en una pareja, no significa compartirlo todo.  Consideran que eso, lejos de constituir una garantía de unión y felicidad, puede convertirlo en un vínculo enfermizo, asfixiante, en el cual uno o ambos integrantes, se arriesgan a perder su propia identidad o someterse a una presión innecesaria. Remarcan la importancia de que cada uno tenga sus propios espacios, para lograr una relación sana.

Sin desconocer la cuota de razón que pueden tener esas objeciones, hay tantas excepciones a esos enunciados, que no les podemos conferir el carácter de regla. En el ámbito científico sorprenden algunos casos emblemáticos:

Universalmente conocida, la pareja conformada por Marie Curie y Pierre Curie. Cuando se conocieron, la primavera vestía de fiesta París, corría el año 1894. Un amigo, también físico, los presentó. Ella, procedente de Polonia, tenía 26 años y había egresado de la Sorbona, como la mejor Licenciada en Física de su promoción. Él de 35 años, ya con importantes descubrimientos científicos en su haber, era una persona solitaria, tímida y retraída. Compartieron tareas en el laboratorio durante un tiempo. Se casaron en 1895, profundamente enamorados. Como dijera él, en una carta que se hizo famosa: compartían sueños patrióticos, humanitarios y científicos. Eran lo que vulgarmente se designa como “almas gemelas”. El viaje de luna de miel, fue una recorrida en bicicleta por las rutas de Francia. Emprendieron su vida en común con alegría y entusiasmo, el nacimiento de dos hijas, coronó su felicidad. Trabajaron concienzuda e incansablemente, con pasión, y el resultado de sus investigaciones fue el otorgamiento del Premio Nobel en 1903. El comité de la academia sueca, imbuido de los prejuicios de género imperantes en la época, no quiso que figurara Marie. Ello motivó la indignada negativa de Pierre a recibir el premio, dado que en el trabajo habían trabajado ambos por igual, y finalmente la incluyeron. Se transformó así en la primera recipiendaria mujer. Pareja ejemplar que tuvo una duración breve pero intensa, ya que él murió en un accidente, a los once años de casarse.    

Irene Curie, hija del famoso matrimonio, se formó al lado de su madre y como ella, hizo su doctorado en París. Frederic Joliot ingeniero y egresado de la escuela de Física de esa ciudad, consiguió ingresar como asistente de Marie Curie, y fue justamente Irene, quien orientó sus primeras experiencias en el laboratorio. El trato diario profesional, devino en una relación amorosa, que pronto culminaría en boda. Continuaron investigando con renovados bríos y dedicación, y en 1934 hicieron un descubrimiento que les deparó el Premio Nobel de Química en 1935: la radiactividad artificial. Formaron una hermosa familia y tuvieron dos hijos.

Albert Schweitzer, el eximio organista, teólogo, filósofo, médico y escritor, franco-alemán, como es sabido, dedicó gran parte su vida, a la atención de enfermos en África. Pero esa labor ciclópea que realizó en tan inhóspito lugar, pudo llevarla a cabo gracias a la colaboración y apoyo incondicional de su esposa Helene Bresslau. Después de obtener su título de médico, y al poco tiempo de casados, se radicaron en Lambaréné, donde con enorme sacrificio, y de su propio peculio, construyeron un hospital, en plena selva. Ella, adquirió conocimientos que la capacitaron en tareas de enfermería, anestesiología y como asistente de Albert, pues él atendía desde un parto, hasta complejas cirugías o enfermos de lepra. Un matrimonio ejemplar, que se fortaleció en cada una de las duras pruebas que juntos afrontaron. Tuvieron una hija, que también recogió ese legado y colaboró en tan magna obra.                    

Otra pareja notable, mientras duró, fue la de Gregory Bateson (inglés) y Margaret Mead (estadounidense), cuyos trabajos en el campo de la antropología, marcaron rumbos en la evolución de esa ciencia. Mantuvieron una intensa relación intelectual y laboral, plena de coincidencias, de la que surgió una atracción sentimental, que concluyó en matrimonio.    Ya casados, realizaron un viaje a Bali y Nueva Guinea, donde vivieron varios años investigando con un método innovador, todo lo referido a la cultura en la formación de la personalidad. Para ello se valieron de cámaras fotográficas y cinematográficas, elementos poco usados en esa época (1939) con esos fines: técnica de investigación analítica, grabando secuencias de la vida de los nativos, en forma absolutamente espontánea, sin ninguna preparación previa. Resultado de ello fue el libro “Balinese Character: A photographic análisis”, entre otros valiosos aportes de esta singular pareja. Ambos fundaron el” Institute for Intercultural Studies”, destinado a promover el estudio de otras culturas. Tuvieron una hija Mary Catherine, también antropóloga, que, entre otros, escribió un libro sobre sus famosos padres: “Como yo los veía”, que aporta luz a ese transcurrir, por momentos extravagante, de la vida de sus progenitores.  

Gertrude Therese Radnitz, y Carl Ferdinand Cori, médicos, ambos nacidos en Praga en 1896, se conocieron en una clase de anatomía en la Facultad de medicina de la universidad estatal. De inmediato, los unió su pasión por la investigación, y contrajeron matrimonio tan pronto se graduaron. Poco después decidieron radicarse en Estados Unidos. En un principio, las universidades y centros de investigación les pusieron trabas, tratando de impedir que trabajaran juntos. En aquellas épocas se discriminaba a las profesionales mujeres. Ellos resistieron estoicamente esos prejuicios de género, y trabajaron mancomunadamente durante 30 años, pero solo comenzó a reconocerse la figura de Gertrude, recién después del otorgamiento en conjunto, del Premio Nobel de Medicina en 1947, por sus investigaciones en el metabolismo de los glúcidos. Si bien se graduaron como médicos, ambos, luego de una corta práctica en la profesión, se dedicaron a la investigación bioquímica. Como dato interesante, cabe destacar que compartieron el galardón sueco, con el científico argentino Bernardo Houssay.

Parece que la matemática, la estadística y la psicología, no están reñidas con el amor. Por lo menos no lo estuvieron para May Britt y Edvard Moser, dos psicólogos noruegos que comenzaron siendo condiscípulos en la Universidad de Oslo y terminaron casándose en 1985. Juntos completaron dos doctorados en neurofisiología, y coronaron su esfuerzo en Trondheim, donde se desempeñaron al frente del Instituto de Neurociencias. Descubrieron el sistema celular que equivale a un GPS del cerebro. Ello les valió ser premiados con el Nobel de medicina-Fisiología en el 2014. Tuvieron dos hijas. Pese a haberse divorciado, continúan trabajando juntos en plena armonía.   

Esther Duflo, francesa y Abhijit Banerjee, indio, dos de los más prestigiosos economistas a nivel mundial, constituyen otra pareja que combinó muy bien amor y ciencia. Él, como docente de Instituto Tecnológico de Massachusetts (Estados Unidos), tuvo a su cargo dirigir la tesis doctoral de Esther. Luego, Profesor y ex alumna comenzaron a trabajar juntos profesionalmente. Muy enamorados, se casaron en el 2015 y cuatro años después, obtuvieron el Nobel de Economía. Escribieron en coautoría varios libros en los que desarrollaron sus originales teorías: “Repensar la pobreza”, “Buena economía y tiempos difíciles”, etc. En la actualidad, ambos se desempeñan en la Universidad de Zurich (Suiza) y dirigen un ultra moderno centro de investigación, para el diseño de políticas educativas y planes de desarrollo económico en zonas carenciadas.

No quiero terminar estas líneas sin recordar a una pareja platense de eminentes científicos, que honró a nuestro país con sus aportes a la genética, reconocidos a nivel internacional. Me refiero a los doctores Martha Susana Albarellos de Bianchi y Néstor Oscar Bianchi, que tuve el privilegio de conocer y tratar. Ambos médicos, luego de una breve experiencia en la profesión, se dedicaron por entero a la investigación de una rama de la medicina: la genética y citogenética que, desde hacía pocas décadas estaba tratando de consolidarse. Fundaron en 1974 el prestigioso “Instituto Multidisciplinario de Biología Celular”. (IMBICE), en la ciudad de La Plata, que ya celebró cincuenta años de valiosa actividad, en áreas que comprenden desde la genética humana y animal, hasta las neurociencias y la biotecnología. Él lo dirigió durante veintiseis años, y ella fue por igual lapso, jefa del Laboratorio de Citogenética y Mutagénesis. Tuvieron una abundante producción de ensayos y trabajos de investigación, publicados en las más prestigiosas revistas científicas del mundo. Los temas abordados, comprendieron hallazgos importantísimos como, por ejemplo: mutaciones mitocondriales y su incidencia en el cáncer; citogenética de mamíferos; etc. Fueron los iniciadores en el empleo de bandas cromosómicas para dar precisión a los estudios microscópicos, un aporte fundamental en la materia.  Precursores de la moderna genética, que trazó una estrecha relación entre la medicina y la investigación biomolecular. Tuvieron dos hijos. Él murió en el 2023 y ella al año siguiente. Pareja admirable en lo científico y en lo humano.

Otras parejas han compartido inquietudes, proyectos, ambiciones, metas espirituales o religiosas, y diferentes profesiones y actividades con gran éxito. Baste evocar en el mundo del espectáculo a la estadounidense Lucille Ball y el cubano Desi Arnaz, que formaron una dupla cómica por cine y T.V. con multitud de seguidores. En Italia, Federico Fellini eximio director de cine, y su esposa Giulietta Masina, actriz fenomenal, compartieron un duradero matrimonio y la actividad artística con gran éxito. Caso similar al de Carlo Ponti y Sophia Loren, también en el cine. En nuestro medio, la actriz Mirta Legrand trabajó mucho bajo la dirección de su esposo, el francés Daniel Tinayre, en películas de enorme repercusión popular. Otra pareja vinculada al cine, ambos desde lo actoral, son los españoles Penélope Cruz y Javier Bardem. No puede omitirse mencionar al laureado director de cine Ingmar Bergman. Él tuvo cinco esposas, sin embargo, a quien se conoce como su pareja, es ala extraordinaria actriz Liv Ullmann, con la que mantuvo un breve y fogoso romance en la Isla sueca de Farö, durante cinco años. Fueron padres de una hija, luego se separaron, no obstante, lo cual, continuaron trabajando y creando magníficas obras fílmicas, durante casi cuarenta años. La docena de películas que filmaron juntos resultaron ser éxitos a nivel mundial.    

 En nuestra ciudad destaco a dos parejas que supieron compatibilizar perfectamente el amor y el arte: La formada por Cristina Demo, dramaturga, directora teatral, docente, y Guillermo Pílía, filólogo, profesor de literatura y escritor, laureados en el país y en el extranjero,  han creado ciclos radiales conducidos por ambos con gran suceso de audiencia (“Teatro en Alta Voz”); espectáculos teatrales, ella como directora y él como actor, que tuvieron enorme éxito(“Medea”- Grupo “Ser griegos”); además comparten su pasión por la escritura, evidenciada en ciclos como “Teatro Leído” o “Taller de teatro Leopoldo Marechal” y otros aclamados emprendimientos. Desde hace muchos años, los dos son dos pilares fundamentales en cargos de conducción de la Sociedad Argentina de Escritores (S.A.D.E.) filial La Plata.  

 Y la pareja integrada por Mariana Pace, profesora de italiano e historia del arte, artista plástica, regie, directora escénica, abogada, y Walter Di Santo, abogado, pintor, profesor de arte, gestor cultural, ambos reconocidos representantes de la cultura platense, multipremiados, han trabajado de consuno en proyectos artísticos de excelencia. Hace algunos años, en una entrevista, comentaron que se conocieron por el arte, se unieron y acordaron emprender la vida en común bajo una premisa: cuando uno realiza algo, el otro apoya y acompaña, o viceversa, y agregaron que, a través del tiempo, continuaron manteniendo aquella mágica complicidad que surgió cuando eran compañeros de estudio.

  Lo brevemente enunciado, demuestra que el trabajo en común no siempre es terreno fértil para la rivalidad, sino, por el contrario, puede ser fuente fecunda de complementariedad, cuyo resultado es la creatividad en su más elevada expresión.    

*Colaboración para En Provincia.