Pardo, el pequeño pueblo bonaerense donde Borges y Bioy Casares forjaron una amistad que hizo historia

En el partido de Las Flores, un paraje de apenas 200 habitantes conserva las huellas de una de las amistades más célebres de la literatura argentina. Pardo cumple 150 años y prepara una gran celebración para el 19 y 20 de septiembre, con música, desfile, feria y juegos campestres.

Hay pueblos que guardan historias. Y hay otros que parecen haber sido escritos para convertirse en literatura.

Pardo, un pequeño paraje del partido de Las Flores, es de esos lugares. Sus calles tranquilas, sus casas bajas y sus paisajes rurales fueron testigos de una amistad que terminó dejando una marca imborrable en la literatura argentina: la que unió a Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.

Quizás muchas de las conversaciones entre H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch, los seudónimos con los que ambos escritores firmaron algunas de sus obras, hayan nacido allí, durante aquellas interminables esperas para comunicarse telefónicamente con Buenos Aires. Tal vez, mientras aguardaban que la antigua operadora lograra concretar la llamada desde el teléfono semipúblico del bar, surgieron algunas de las ideas que años después se transformarían en relatos, novelas y textos fundamentales de la literatura hispanoamericana.

En torno a una mesa pequeña, entre hojas y lápices, Borges y Bioy podían pasar horas imaginando historias, personajes y situaciones disparatadas. De aquellos encuentros también surgieron algunas de sus célebres invenciones humorísticas, como el folleto sobre “La Leche Cuajada de La Martona”.

Y mientras los dos escritores conversaban y se reían, Silvina Ocampo —esposa de Bioy y una de las grandes escritoras argentinas— observaba aquella amistad con curiosidad. Una escena que parece salida de una novela y que, sin embargo, forma parte de la memoria de este pequeño rincón bonaerense.

Un pueblo atravesado por la literatura

Bioy Casares regresaría una y otra vez a Pardo a lo largo de su vida. Allí estaba el campo de su padre y allí compartió largas jornadas con Silvina Ocampo y Borges, rodeados de naturaleza y de la tranquilidad de la vida rural.

El universo de Pardo se conecta así con una constelación extraordinaria de nombres de la cultura argentina vinculados al entorno de la revista y el Grupo Sur: Victoria Ocampo, Alejandra Pizarnik, Leopoldo Marechal, Ernesto Sábato, Manuel Mujica Láinez, Oliverio Girondo y tantos otros escritores y artistas que transformaron la cultura nacional.

Por eso, recorrer Pardo es también hacer un viaje por una parte fundamental de la historia cultural argentina.

El paraje del asombro

Pardo cumple 150 años y la celebración será una oportunidad para recuperar esas historias y poner en valor los espacios que forman parte de su identidad.

La localidad tiene apenas seis calles, bautizadas con nombres de árboles: Los Pinos, Las Acacias, Los Plátanos, Las Palmeras y Los Cipreses, entre otras. La tarea de reconstruir buena parte de la historia local estuvo a cargo de la profesora Nora Genaro, quien durante décadas investigó documentos, recopiló actas y escribió sobre la vida de la comunidad.

Genaro también estudió los distintos parajes de la zona y registró sus fechas de inauguración. Gracias a ese trabajo se pudo establecer que el aniversario de Pardo se celebra cada 18 de septiembre.

A sus más de 80 años, todavía recorre las calles del pueblo y comparte con vecinos y visitantes las historias que durante décadas transmitió también desde la escuela local.

Turismo a otro ritmo

La tranquilidad es, quizás, uno de los mayores atractivos de Pardo. El pueblo invita a caminar, andar en bicicleta, conversar y detenerse. Una propuesta que encaja naturalmente con las tendencias del turismo comunitario y slow.

Entre las alternativas aparece Yamay Ecoturismo, un emprendimiento que propone una experiencia vinculada con la educación y la vida sustentable y cuenta con cuatro yurtas para alojarse.

También se encuentran Cabañas Ángel Viejo, la Casa de Campo La Palmera y la Chacra Don Julio, propuestas pensadas para quienes buscan alejarse del ritmo de las grandes ciudades y conectarse con el paisaje rural.

La gastronomía tiene sus propios protagonistas. La Pulpería, instalada en una antigua estación de YPF, reúne una particular colección de teléfonos de distintas épocas y objetos antiguos. Allí, Fredy recibe personalmente a los visitantes.

La oferta se completa con Ayres de Pardo, Almacén La Terminal, Almacén Casa Lamaro y De García, mientras que frente a la estación se prepara la instalación del primer parador de camping de la localidad.

A pocas cuadras, además, avanza la restauración del histórico Hotel Casa Bioy, otro de los espacios que remiten a la relación del pueblo con la familia del escritor.

Una iglesia, una estación y un puente con historia

Entre los lugares que merecen una visita está la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construida en 1892. Su historia está estrechamente vinculada con la familia Bioy, que también realizó donaciones para la construcción de la escuela y el predio del club local.

En la estación ferroviaria funciona el Museo y Biblioteca Adolfo Bioy Casares, un espacio que permite profundizar en la vida y obra del escritor y en su relación con el pueblo.

Y para quienes quieran internarse un poco más en el paisaje rural, en las afueras aparece el antiguo Puente de Hierro sobre el Canal 11, en medio del campo abierto.

“Nuestro lugar en el mundo”

La identidad de Pardo también está en la forma de vida de sus habitantes.

El nuestro es un pueblito muy chiquito donde la gente de los campos de alrededor se reúne y para ellos se brindan todas las necesidades”, cuenta un vecino.

Bicicletas que se dejan afuera sin preocupación, puertas abiertas, tranquilidad y hasta el tradicional fiado forman parte de una vida cotidiana que parece resistirse al vértigo de las grandes ciudades.

En los últimos años, además, algunas personas eligieron Pardo para instalarse y desarrollar nuevos emprendimientos, atraídas precisamente por esa posibilidad de vivir a otro ritmo.

Pardo cumple 150 años y lo festeja

Pardo se encuentra a unos 40 kilómetros de la ciudad de Las Flores y a 3 kilómetros de la Ruta Nacional 3, a la altura del kilómetro 223.

El fin de semana del 19 y 20 de septiembre, el pueblo se vestirá de fiesta para celebrar sus 150 años. La celebración tendrá como escenario principal la Plazoleta Pablo Lamaro y contará con música, desfile, feria, juegos campestres y distintas actividades para vecinos y visitantes.

Será mucho más que un aniversario.

Será la oportunidad de descubrir un pequeño rincón de la Provincia de Buenos Aires que conserva, entre calles de tierra, antiguas estaciones, estancias y paisajes rurales, las huellas de una amistad que ayudó a cambiar para siempre la literatura argentina.

Porque quizás Pardo no tenga grandes avenidas ni multitudes. Tiene apenas unas pocas calles y alrededor de 200 habitantes.

Pero guarda una historia enorme.

Y, como dicen sus vecinos, tal vez sea simplemente “un lugar en el mundo”.

Fuente: Prensa Cicaré