Por Maru Rubiera*
La mortandad de ballenas francas australes en el Golfo Nuevo y el Golfo San José genera preocupación en Puerto Madryn. Durante septiembre se registró la muerte de más de 70 crías y, en octubre, comenzaron a reportarse también ejemplares juveniles y adultos. La situación despierta interrogantes en la comunidad y plantea la necesidad de profundizar las investigaciones sobre las posibles causas.
Según informó el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), la mortalidad elevada de crías no es un fenómeno inédito en esta población. En 2012 se registraron 113 crías muertas, la cifra más alta documentada hasta entonces para la especie, tanto a nivel local como mundial. Pero los registros preliminares de este año podrían indicar un evento de mayor magnitud, aunque los datos todavía deben consolidarse y compararse con la cantidad de nacimientos para evaluar su impacto sobre la población.
Entre las hipótesis que se investigan se encuentra la posible intervención de una bacteria marina capaz de provocar enfermedades sistémicas en las crías.
Un estudio publicado en 2016, realizado a partir de dos ejemplares examinados en 2013, identificó bacterias en lesiones vinculadas con ataques de gaviotas. Los investigadores señalaron que esas lesiones podrían constituir una vía de entrada para microorganismos, pero no pudieron establecer cómo se produjo la infección ni demostrar que esta fuera la causa de las muertes.
El ICB destaca que todavía se necesitan más estudios para comprender qué factores podrían favorecer estas infecciones y qué relación tienen con la mortandad actual. También considera necesario analizar las condiciones ambientales de los golfos Nuevo y San José, además de sostener relevamientos sistemáticos de los ejemplares varados para dimensionar el fenómeno y conocer su distribución en el tiempo y el espacio.
En paralelo, la Asamblea en Defensa del Territorio de Puerto Madryn comparte preguntas e inquietudes de la comunidad sobre el estado ambiental del Golfo Nuevo. Entre los temas que plantea se encuentran los posibles efectos de los efluentes industriales y pesqueros, los desagües pluviales, la presencia de microplásticos, el tránsito marítimo y el estrés asociado a los ataques de gaviotas.
La Asamblea también pregunta si otras especies podrían estar siendo afectadas y qué información existe sobre la calidad del agua y los posibles riesgos para las personas. Son preocupaciones que expresan habitantes de la zona ante un fenómeno que todavía no tiene una explicación definitiva.
El Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, coordinado por especialistas y con participación de equipos científicos, realiza análisis epidemiológicos y sanitarios de las muestras recolectadas. Estos estudios requieren procedimientos específicos y tiempos de procesamiento veterinario y biológico. El ICB, que lleva adelante su temporada de trabajo de campo número 56, aporta además información acumulada durante décadas sobre la historia de vida de más de 5.500 individuos.
La investigación científica necesita tiempo, rigurosidad y evidencia para establecer conclusiones. Pero esa necesidad no debería traducirse en falta de información pública ni en el silenciamiento de las inquietudes de quienes habitan el territorio.
Frente a la mortandad de ballenas, resulta fundamental sostener los estudios en curso, evaluar las condiciones ambientales, comunicar los avances con claridad y responder las preguntas de la comunidad.
Investigar, informar y escuchar a la población no son tareas opuestas: son parte de una misma responsabilidad colectiva.
Después de todo, estamos hablando de un ecosistema del que también formamos parte.

Fuentes: Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) y Asamblea en Defensa del Territorio de Puerto Madryn @adt.madryn
*@elarcademaru – Colaboración para En Provincia.Maru
Fotografías: Archivo web.