La burbuja rota: comentarios como consumo aberrante

Por Dr. Luis Sujatovich* 

Los comentarios son el subsuelo de la red. Nadie entra por ellos, pero todos pasan por ahí. Están al final de todo, en ese lugar al que se llega después de lo importante. Son anónimos, caóticos, vulgares, excesivos. La academia los ignora. Los periodistas los citan como ejemplo de decadencia. Las plataformas los toleran porque también allí se extraen datos.

Cuando nadie espera decir algo memorable, cuando no se intenta escribir bien ni sostener una identidad, nos expresamos sin cálculo ni elaboración. En ese registro aparecen cosas que rara vez entran en los discursos más cuidados —emociones inmediatas, deseos mal formulados, irritaciones repentinas, entusiasmos fugaces—. Pero conserva algo que otros espacios digitales suelen perder: una franqueza involuntaria.

Enunciación y presencia

Estas intervenciones podrían interpretarse dentro de los marcos clásicos de la teoría de la comunicación. En el modelo de funciones del lenguaje propuesto por Roman Jakobson, por ejemplo, algunos mensajes podrían asociarse con la función fática: expresiones destinadas a establecer o mantener el contacto entre interlocutores.

Sin embargo, esa explicación resulta insuficiente. En la función fática el mensaje sirve para sostener el canal comunicativo entre quienes participan de la interacción. Muchos comentarios digitales, en cambio, no parecen orientados a mantener una conversación ni a verificar que alguien esté escuchando. No buscan asegurar el contacto ni provocar una respuesta. El gesto mismo de escribir parece bastar. La enunciación, en esos casos, se vuelve autosuficiente.

La performance enunciativa

Algo similar ocurre si se piensa en las “tácticas” cotidianas descritas por Michel de Certeau. Allí las prácticas ordinarias aparecen como formas de apropiación momentánea de sistemas que los individuos no controlan. Pero buena parte de los comentarios tampoco responde a esa lógica. Se trataría más bien de una performance enunciativa: una intervención breve, como un grafiti inconcluso, un festejo extemporáneo o un dibujo soez. Un pequeño brote de lo absurdo que acaso exprese ese fondo no racional propio del ser humano, algo que ni siquiera los algoritmos parecen capaces evitar.

El archivo involuntario

Los comentarios constituyen una infraestructura expresiva mínima, un soporte donde la palabra se despliega sin destinatario. Son un material privilegiado para la etnografía digital, ya que revelan lo que los discursos formales no capturan. En su irreverencia, muestran que los algoritmos no son todopoderosos: su presencia introduce fisuras, pequeñas alteraciones que incomodan la lógica de filtrado. Sin embargo, no reside allí militancia alguna, pues surgen de manera espontánea y es esa falta de planificación lo que las hace eficientes. Acaso constituyan, retomando la noción de “lectura aberrante” de Eco, una forma de consumo aberrante: se interviene, se participa, pero el gesto se vacía de intercambio y encuentra su sentido en el puro acto de enunciar.

*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.

Imagen: IA.