Por Guillermo Eduardo Pilía* –
Jaime Siles, poeta valenciano, catedrático, latinista, crítico, traductor y académico, entre otras cosas, ha ganado el XXXV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que convocan conjuntamente Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca desde 1992. El jurado ha destacado de Siles “su capacidad para reunir lo abstracto y lo sensorial, con una expresión cercana al discurso científico”, y también que “indaga con la palabra en un problema fundamental: la identidad, y su relación con todos los aspectos de la naturaleza humana”.
La noticia no me llegó por los medios, sino a través de un mensaje personal de Jaime, con quien mantengo correspondencia y amistad desde hace muchos años. Nos conocimos en 1990 en Santiago de Chile, en un encuentro de poetas organizado por nuestro común amigo Andrés Morales, y del que participaron también, entre otros, los peruanos Antonio Cisneros y Carlos Germán Belli, los chilenos Miguel Arteche, Gonzalo Rojas y Nicanor Parra, el español Jorge Rodríguez Padrón y el cubano Jaime Kozer. En 2017 tuve el honor de entregarle las insignias de Académico de Número de la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid, de la que entonces era vicepresidente. Ahora se ha convertido en el tercer miembro de la Academia que obtiene el Premio Reina Sofía, el más importante premio de poesía de nuestro idioma, ya que con anterioridad lo alcanzaron Antonio Colinas y Raúl Zurita.
La biografía de Jaime es abrumadora. A los dieciocho años publicó su primer libro de poesía, Génesis de la luz, que dio inicio a una fecunda y exitosa trayectoria poética, reconocida por numerosos premios: Premio Ocnos (1973); Premio Nacional de la Crítica (1983); Premio Internacional Loewe (1989), Premio Internacional Generación del 27 (1999), Premio Jaime Gil de Biedma (2018). Por el conjunto de su obra, ha sido galardonado con el premio Teresa de Ávila (2003), el premio bienal de las Letras Valencianas (2004) y el Premio Andrés Bello (2017); en 2006 obtuvo el Premio José María Pemán de artículos periodísticos. Su bibliografía es tan extensa que excedería el formato de una nota periodística. Su poesía se caracteriza por la depuración formal y la influencia clásica. Entre sus libros destacan Canon, Música de agua e Himnos tardíos. Su obra evolucionó desde el culturalismo hacia una poesía más metafísica. Es sin lugar a dudas uno de los poetas más prestigiosos de la generación española de los setenta. Su escritura destaca por la precisión lingüística y la reflexión sobre el lenguaje. Desde joven Jaime manifestó un gran interés por los poetas de vanguardia —especialmente García Lorca y Rafael Alberti— y muestra de ello es, además de sus prolíficas lecturas, su amistad con Vicente Aleixandre, con el que mantuvo una abundante correspondencia. La presidenta de Patrimonio Nacional, Ana de la Cueva, al anunciar el fallo del jurado del Premio Reina Sofía, destacó que Jaime Siles es “uno de los mejores representantes de la poesía de pensamiento crítico, situando la experiencia poética en el margen de la reflexión filosófica. Cumple el ideal renacentista de artista total”.
El Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana es para Jaime Siles, hasta el momento, la coronación de un largo “cursus honorum”, que incluye la Encomienda de la Orden del Mérito Civil (1990) y la Gran Cruz de Honor por servicios prestados a la República de Austria (1991). Es además Académico de número de la Real Academia de Cultura Valenciana y, como ya dije, académico de número de nuestra Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid, en donde ocupa el sillón Juan Ramón Jiménez. Es también académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. En 2013 el Ayuntamiento de Valencia lo nombró hijo predilecto de la ciudad de Valencia. Y en el año 2014, la Conselleria de Educación, Cultura y Deporte de la Generalidad lo distinguió como el escritor del año. Y también ese mismo año fue nombrado doctor ‘honoris causa’ por la Universidad de Clermont-Ferrand (Francia). En 2025, se le concedió el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada-Federico García Lorca.
Juan Manuel Corchado, rector de la Universidad de Salamanca, subrayó que “Siles es uno de los poetas más destacados de la poesía española contemporánea, con una obra que abarca tanto la poesía como la reflexión filosófica y literaria”, señalando además que el premiado “fue alumno de nuestra Universidad, donde se doctoró en Filología y donde, durante un tiempo, ejerció como profesor interino de Filología. En la actualidad, sigue vinculado a Salamanca como miembro del Instituto de Estudios Medievales y Renacentistas y a partir de ahora, por supuesto, como ganador del trigésimo quinto Premio de Poesía Reina Sofía”.
Además de Ana de la Cueva y Juan Manuel Corchado, formaron parte del jurado que acaba de premiar a Jaime Siles con el Reina Sofía Luis Alberto de Cuenca, Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía 2025; Luis García Montero, director del Instituto Cervantes; Óscar Arroyo, director de la Biblioteca Nacional de España; Raquel Lanseros, poeta española; Rui Vieira Nery, profesor universitario y musicólogo; Daniel Escandell, doctor en Filología Hispánica de la Universidad de Salamanca; María Isabel Toro Pascua, profesora del Departamento de Literatura Española e Iberoamericana de la Universidad de Salamanca; Carmen Alemany Bay, catedrática de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Alicante; Román Álvarez, exdecano de la Facultad de Filología de la USAL, y María Ángeles Recio Ariza, actual secretaria.
La Reina madre doña Sofía de Grecia preside la ceremonia de entrega del premio que lleva su nombre y que está considerado el más relevante en el ámbito de la poesía iberoamericana. Está dotado con 42.100 euros, la publicación de un poemario antológico, la organización de jornadas académicas y un estudio sobre la obra del autor galardonado. Jaime Siles se suma a la larga lista de poetas reconocidos con este galardón desde su creación en 1992: Gonzalo Rojas (Chile), Claudio Rodríguez (España), Joâo Cabral de Melo Neto (Brasil), José Hierro (España), Ángel González (España), Álvaro Mutis (Colombia), José Ángel Valente (España), Mario Benedetti (Uruguay), Pere Gimferrer (España), Nicanor Parra (Chile), José Antonio Muñoz Rojas (España), Sophia de Mello Breyner (Portugal), José Manuel Caballero Bonald (España), Juan Gelman (Argentina), Antonio Gamoneda (España), Blanca Varela (Perú), Pablo García Baena (España), José Emilio Pacheco (México), Francisco Brines (España), Fina García Marruz (Cuba), Ernesto Cardenal (Nicaragua), Nuno Júdice (Portugal), María Victoria Atencia (España), Ida Vitale (Uruguay), Antonio Colinas (España), Claribel Alegría (Nicaragua), Rafael Cadenas (Venezuela), Joan Margarit (España), Raúl Zurita (Chile), Ana Luisa Amaral (Portugal), Olvido Valdés (España), Gioconda Belli (Nicaragua), Piedad Bonnett (Colombia) y Luis Alberto de Cuenca (España).
Pese a la relevancia de la figura de Jaime Siles que cualquiera puede comprobar de la simple lectura de esta escueta nota, debo decir, muy a mi pesar, que sus lectores en Argentina formamos un selecto grupo. En parte, porque Jaime pertenece, como Mallarmé o Eliot, a esa clase de poetas que encuentran lectores entre los propios poetas y que hallarán en sus obras continuas referencias metapoéticas y metalingüísticas. En parte también por el desinterés que manifiestan no pocos poetas argentinos a lo que se escribe en España. Yo tengo el orgullo de haber leído casi todos los libros de Jaime, que conservo elegantemente autografiados —Jaime tiene una concepción artística del arte de autografiar— y también de que la mayoría de mis libros formen parte de su biblioteca. A pesar de su obra y de sus reconocimientos, Jaime es un hombre de una enorme familiaridad y generosidad, amigo de las tertulias que siempre alimenta con sabrosas anécdotas, de un humor contagioso y de finas ironías. Extremadamente activo, encontrarme con él en Madrid o en Salamanca siempre implicó acompañarlo a multitud de lugares y a paso veloz. Como el que acaba de ser galardonado con el Premio Reina Sofía es el poeta, el catedrático, el académico, pero fundamentalmente mi amigo, querría cerrar esta nota con una anécdota.
Estábamos Jaime y yo desayunando solos en un hotel de Santiago de Chile y hablábamos, como es lógico, de poesía. Ambos fuimos profesores de lenguas clásicas y en determinado momento la charla derivó hacia un poema de Catulo de un hondo contenido existencial. Entonces, después de un silencio, Jaime dijo: “Quién va a creer, dentro de cien años, que acá estuvieron, en este hotel de Chile, un poeta español y uno argentino hablando de Catulo”. Guardé ese instante, esas palabras, en mi memoria. Y en 2023, cuando me invitaron al festival de poesía de Salamanca que organiza Alfredo Pérez Alencard y que ese año fue en homenaje de Jaime Siles, escribí este poema con el que pongo punto final a la nota:
Mañana de Santiago (A JAIME SILES)
Recuerdo, querido Jaime, los dos
frente al café en un hotel de Santiago
mientras recordábamos en latín
unos versos de Catulo. De pronto
no sé qué habrás sentido que dijiste:
“Quién va a creer, un siglo en adelante,
que un poeta español y uno argentino
puedan haber estado esta mañana
platicando aquí en Chile, en este hotel,
acerca de un poema de Catulo”.
Eso fue hace seis años y hoy entiendo
que el tiempo y el espacio son a veces
convenciones humanas, que a menudo
vuelvo en el corazón a estar contigo
como aquella mañana; que español
o chileno o argentino son meros
rótulos; que entre el latino y nosotros
no hay hoy dos milenios de distancia;
que la poesía es capaz de abolir
siglos y banderas; que en ella somos
siempre hermanos los dos y así hoy nos ve
también Catulo, imagino, en lo eterno.

*Colaboración para En Provincia.
Fotografías: Guillermo Pilía.