Por Luna Carrara* –
En las profundidades heladas del océano Ártico vive uno de los animales más longevos del planeta. El tiburón de Groenlandia puede superar los 400 años de vida y alcanzar la madurez sexual después de más de un siglo. Una criatura que parece desafiar nuestra idea del tiempo.
En las aguas oscuras y frías del océano Ártico habita un animal extraordinario. No se destaca por su velocidad, tampoco por su agresividad ni por una apariencia particularmente llamativa. Su característica más sorprendente es otra: puede vivir durante varios siglos.
Se trata del tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), considerado el vertebrado más longevo conocido por la ciencia.
Su vida transcurre lentamente, casi como si el tiempo tuviera otra dimensión en las profundidades marinas. Los investigadores estiman que algunos ejemplares pueden superar los 400 años y que incluso podrían alcanzar edades cercanas a los cinco siglos.
La extraordinaria longevidad de esta especie fue estudiada por un equipo internacional de científicos que publicó sus resultados en 2016 en la prestigiosa revista Science.
Un reloj escondido en los ojos
¿Cómo se puede saber la edad de un animal que posiblemente nació hace cientos de años?
La respuesta estuvo en sus ojos.
Los investigadores analizaron los núcleos de los cristalinos oculares de 28 tiburones hembra y utilizaron técnicas de datación por radiocarbono para estimar cuándo habían nacido.
El ejemplar más grande, de aproximadamente cinco metros de longitud, fue estimado en unos 392 años, aunque con un margen de incertidumbre de 120 años. Esto significa que su edad probable se encontraba entre 272 y 512 años.
La investigación permitió establecer que estos animales pueden vivir, como mínimo, varios siglos y que se encuentran entre los vertebrados más extraordinarios del planeta.
Una vida a otro ritmo
El tiburón de Groenlandia puede superar los seis metros de longitud, pero su crecimiento es extremadamente lento: menos de un centímetro por año.
También se desplaza con una parsimonia sorprendente. Su metabolismo está adaptado a las bajas temperaturas y a las condiciones extremas de las profundidades oceánicas.
Pero hay otro dato que asombra todavía más: las hembras podrían alcanzar la madurez sexual recién después de los 150 años.
En otras palabras, un tiburón puede pasar más de un siglo antes de estar en condiciones de reproducirse.
Testigo de siglos de historia
Si tomamos como referencia la edad estimada de uno de los ejemplares estudiados, este animal podría haber nacido cuando todavía faltaban más de dos siglos para la Revolución de Mayo de 1810.
Mientras en distintas partes del mundo transcurrían guerras, revoluciones, descubrimientos y transformaciones que cambiaron la historia humana, en las profundidades del Ártico algunos de estos tiburones continuaban su existencia silenciosa.
La comparación permite dimensionar una escala de tiempo que resulta difícil de imaginar.
El desafío de proteger una vida tan larga
Su extraordinaria longevidad también representa una vulnerabilidad.
Una especie que necesita más de un siglo para alcanzar la madurez sexual tiene una capacidad de recuperación muy lenta frente a la pesca y otras amenazas ambientales.
Por eso, conocer su biología no es solamente una curiosidad científica. También es una herramienta fundamental para comprender la importancia de protegerla.
El tiburón de Groenlandia nos recuerda que el planeta está habitado por formas de vida que funcionan con relojes completamente diferentes a los nuestros.
Quizás, mientras nosotros pensamos en generaciones, décadas o siglos, en las profundidades del océano exista un animal para el cual cuatrocientos años sean simplemente una larga travesía.
Y lo más fascinante es imaginar que algunos de esos tiburones ya nadaban por el planeta cuando la Argentina todavía no existía como nación.
*Colaboración para En Provincia.
Imagen En Provincia IA.