Piero: el hombre que le cantó a los padres, a los jóvenes y a un país entero

Murió Piero De Benedictis, a los 81 años. Pero antes de irse dejó algo mucho más difícil de conseguir que la fama: canciones que se volvieron parte de la memoria afectiva de varias generaciones. “Mi viejo” acompañó a padres e hijos; “Llegando, llegaste” y sus canciones de amor fueron banda sonora de muchos adolescentes; y su voz también se convirtió en una de las expresiones de la canción social latinoamericana.

Hay artistas que pertenecen a una época. Y hay otros que, de algún modo, consiguen pertenecer a la vida de quienes los escucharon.

Piero fue uno de ellos.

El hombre que durante décadas cantó “Mi viejo”, el que puso voz a canciones de protesta y el que supo hablarles a los chicos, a los padres y a los jóvenes, murió este miércoles 7 de octubre de 2026, a los 81 años. Se encontraba internado desde hacía unos días en el Hospital Italiano de Buenos Aires.

Su nombre completo era Piero Antonio Franco De Benedictis. Había nacido el 19 de abril de 1945 en Galípoli, Italia, pero llegó a la Argentina cuando tenía apenas tres años. Primero vivió en Banfield y después su familia se trasladó a Allen, en Río Negro. Allí transcurrió buena parte de su infancia y comenzaron sus primeros acercamientos a la música.

Quizás por eso Piero siempre tuvo algo de italiano, algo de porteño, algo de hombre del interior y mucho de argentino.

La canción que nació para un padre

Su historia artística cambió para siempre cuando conoció a José Tcherkaski.

De aquella sociedad entre el músico y el escritor nació en 1969 “Mi viejo”, una canción que terminó convirtiéndose en una de las piezas más reconocibles de la música popular en castellano. La letra era de Tcherkaski y Piero compuso la música y la convirtió en su primera gran bandera artística.

Pero la historia detrás de la canción es todavía más conmovedora.

Piero contó años después que, cuando terminaron de componerla, quiso llevarla a su casa para cantársela a su padre. Se sentó con él, comenzó a cantar y vio cómo aquel hombre que nunca había visto llorar se emocionaba hasta las lágrimas.

Tal vez allí esté una de las claves de “Mi viejo”: no hablaba solamente de un padre. Hablaba de todos los padres.

Por eso la canción atravesó décadas, fronteras y generaciones. Y por eso todavía hoy, cuando suena, alguien inevitablemente piensa en el propio viejo.

Y después vino el amor

Pero reducir a Piero a “Mi viejo” sería quedarse con apenas una parte de su historia.

Antes de convertirse en una de las voces de la canción social, había sido un cantante melódico. Y algunas de aquellas canciones quedaron pegadas a las historias sentimentales de quienes fueron jóvenes en los 70 y, especialmente, en los 80.

“Llegando, llegaste”, “En un mundo de fruta encendida“ “Si vos te vas”, “Tengo la piel cansada de la tarde”, “No te vayas por favor” y otras canciones formaron parte de ese territorio donde la radio, los discos, las reuniones con amigos y los primeros amores se mezclaban.

En una época sin plataformas de streaming ni teléfonos inteligentes, una canción podía viajar durante años de una persona a otra. Se grababa en un cassette, se escuchaba en una radio, se copiaba de un disco. Y algunas voces terminaban acompañando momentos que después se volvían recuerdos.

Piero fue una de esas voces.

Para muchos adolescentes de los 80, sus canciones quedaron asociadas a ese tiempo de descubrimientos: el amor, la amistad, las primeras salidas, las cartas, los bailes, los discos y esa sensación —tan propia de la adolescencia— de que una canción había sido escrita exactamente para uno.

Del amor a la canción social

Piero, sin embargo, no quiso quedarse en la canción romántica.

A comienzos de los 70 su música tomó una dirección cada vez más comprometida con la realidad social. “Coplas de mi país”, “Para el pueblo lo que es del pueblo”, “Los americanos”, “Las cosas que pasan” y “Que se vayan ellos” fueron parte de una obra atravesada por las desigualdades, la violencia política y las dictaduras latinoamericanas.

Ese cambio también tuvo consecuencias.

Durante los años previos al golpe de Estado de 1976 sufrió hostigamientos y, con la dictadura militar instalada, terminó exiliándose. Pasó por Italia y España y durante esos años se alejó de los escenarios para dedicarse también al trabajo rural y a la agricultura orgánica.

La Argentina lo volvería a recibir en 1981.

Y ahí aparece nuevamente el Piero que muchos recuerdan: el de la vuelta, el de los recitales, el de una sociedad que comenzaba a respirar después de años oscuros.

El Piero de los chicos

Hubo además otro Piero.

El que entendió que también podía cantarles a los chicos.

“La sinfonía inconclusa en la mar” nació de su vínculo con el sacerdote y compositor Alejandro Mayol y terminó convirtiéndose en uno de los grandes éxitos de su carrera. Paradójicamente, el artista que había sido censurado por sus canciones sociales encontró en la música infantil un territorio imposible de callar. El propio Piero contó alguna vez que, frente a la censura, pensó en hacer algo que no pudieran prohibir.

Ese disco terminó siendo el más vendido de su trayectoria.

Otra paradoja de una carrera llena de ellas.

Un artista que no se quedó solamente en las canciones

Con los años, Piero también desarrolló proyectos vinculados con la educación, la agricultura orgánica y el trabajo comunitario. Impulsó iniciativas de ecogranjas para jóvenes y mantuvo una fuerte relación con Colombia, país del que recibió la ciudadanía en 1994. En 1985 fue reconocido con un Diploma al Mérito de los Premios Konex.

Su carrera se extendió durante más de seis décadas y tuvo colaboraciones y escenarios compartidos con algunos de los grandes nombres de la música argentina y latinoamericana.

Pero quizá su mayor logro haya sido otro.

Piero consiguió que una misma persona pudiera recordarlo por motivos completamente diferentes.

Un padre puede escucharlo y pensar en “Mi viejo”.

Una madre puede volver a una canción que acompañó algún momento de su juventud.

Y alguien que fue adolescente en los 80 puede escuchar “Llegando, llegaste” y volver, durante unos minutos, a un amor que creía olvidado.

El viejo que quedó joven

Hay algo extraño y hermoso en la muerte de un músico popular. El hombre se va, pero la voz no.

Piero tenía 81 años. Sin embargo, en cada disco vuelve a tener la edad que tenía cuando lo grabó. Vuelve a ser aquel joven que cantaba sobre el amor, aquel artista que discutía con su tiempo, aquel hombre que hablaba de los padres, de los chicos, de la paz y de la vida.

Su historia también es la historia de un país. La de la inmigración y el interior. La de la televisión de los años 60. La de las canciones románticas. La de la militancia y la censura. La del exilio. La del regreso con la democracia. La de los adolescentes que crecieron con un cassette y una radio. La de los padres que todavía se emocionan cuando escuchan “Mi viejo”.

Piero fue todas esas cosas. Y quizás por eso, cuando suene alguna de sus canciones dentro de muchos años, alguien vuelva a decir lo mismo:

“Esta canción me hace acordar a…”

Ahí estará, entonces, el verdadero legado de Piero. No solamente en los discos vendidos ni en los escenarios recorridos. Sino en la memoria íntima de quienes alguna vez hicieron de una canción parte de su propia vida.

Fotografía: Archivo web.