Las bodas de plata de la Academia de Granada

Por Guillermo Eduardo Pilía* –

En 2018 tuve el honor de ser incorporado como académico correspondiente en la Academia de Buenas Letras de Granada. Primero en forma nominal, en el mes de marzo, y luego de manera efectiva el 12 de noviembre, en una junta pública en la que leí mi discurso de incorporación y recibí las insignias en el Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago. En esa oportunidad dije que era la realización de un sueño que nunca me había atrevido siquiera a soñar, desde mis cortos diez años en los que empecé a leer la poesía de Federico García Lorca y a familiarizarme con nombres como la Puerta de Elvira o la Torre de la Vela, que entonces no sabía si formaban parte de una geografía real o imaginaria. En verdad, Granada es la ciudad de España a la que más conozco, si excluyera a mi siempre entrañable Madrid. Y ese conocimiento no viene sólo del haber estado allí muchas veces, sino también de haber leído sobre ella desde mi niñez y adolescencia. Antes de haber caminado por sus calles, ya había estado con la imaginación en el Sacromonte y en la plaza de Biv-Rambla, en la cuesta del Darro y en las Torres Bermejas. Granada me es familiar e íntima, lo que no me exime de perderme a veces en su laberinto de callejuelas, tan diferente a la clara geometría de mi ciudad de La Plata.

Quienes me conocen saben que le he dedicado gran parte de mi vida al estudio de la cultura andaluza y en especial a la obra de García Lorca. Siempre me sentí orgulloso de que Federico hubiera estado en mi ciudad natal durante su viaje a la Argentina —y ese fue el tema que elegí para mi discurso de incorporación a la Academia de Buenas Letras de Granada—, lo mismo que Andrés Segovia, a quien he escuchado hasta el cansancio. La literatura me proporcionó más tarde entrañables amigos granadinos, como Fernando de Villena, José Lupiáñez, Antonio Enrique y Manuel Vílchez, entre los primeros. De más está decir que estos amigos granadinos se multiplicaron a partir de mi llegada a la Academia.

Esta institución por la que siento tanta pertenencia cumple en 2026 sus bodas de plata. “A pesar de su juventud —escribió su presidente, José Antonio López Nevot—, la corporación es heredera de la multisecular tradición académica de Granada”. Y recuerda a varios grupos intelectuales de la Granada de los siglos XVI y XVII que podrían considerarse antecedentes de la Academia. Es bastante común que estas instituciones no sólo tengan una historia, sino también una prehistoria. La historia comienza en mayo de 1992, cuando Francisco Izquierdo Martínez formuló una primera propuesta ante el Pleno del Instituto de Academias de Andalucía. A esa iniciativa siguió el nombramiento de una Comisión Gestora, formada por Elena Martín Vivaldi, Rafael Guillén García, Antonio Sánchez Trigueros, Manuel Villar Raso, Antonio Carvajal Milena y Luis García Montero. La Comisión solicitó al consejero de Educación y Ciencia la creación de la Academia de Buenas Letras de Granada, partiendo de la convicción de que la ciudad había tenido a lo largo de su historia un espléndido desarrollo de las letras a través de un amplio número de figuras e instituciones poéticas, según datos que reseñó recientemente López Nevot.

La Academia de Buenas Letras de Granada fue creada por un Decreto de la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía el 4 de septiembre de 2001. Los siete primeros académicos de número fueron María del Rosario Álvarez Rodríguez, Antonio Chicharro Chamorro, Pilar Mañas Lahoz, Justo Navarro Velilla, Arcadio Ortega Muñoz, José Carlos Rosales Escribano y Andrés Soria Olmedo. Desde entonces, como una corporación de Derecho público, difunde valores culturales que benefician al conjunto de la sociedad: promover el estudio, cultivo y difusión de las buenas letras, estimulando su ejercicio, y contribuir a ilustrar la historia de Granada, de la Comunidad Autónoma Andaluza y de España. Integra el Instituto de Academias de Andalucía y el Instituto de España, en calidad de academia asociada. Asimismo, la corporación es miembro de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible, impulsada por la Real Academia Española.

”En el seno de la Academia conviven filólogos, poetas, narradores, dramaturgos, ensayistas, críticos, historiadores, periodistas y traductores de distintas sensibilidades y tendencias estéticas y literarias. Integran la Academia siete secciones fundamentales: Poesía, Narrativa, Teatro, Ensayo, Crítica, Traducción e Historia, sin perjuicio de las que en el futuro pueda crear la corporación”, explica su presidente. También hay que agregar que cuenta con académicos numerarios, supernumerarios y correspondientes. Estos últimos están destacados dentro y fuera de España. Yo tuve el privilegio, y también la responsabilidad, de ser el primer hispanoamericano.

Entre las actividades de la Academia, que sería largo enumerar, está la convocatoria anual al premio “Francisco Izquierdo”, con el que se pretende distinguir una publicación o trabajo de investigación, así como una trayectoria personal o la labor de una entidad que constituyan una aportación sobresaliente al conocimiento y difusión de la Literatura, la Historia y la Cultura de Granada. La Academia también colabora como miembro del jurado en el Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Granada Federico García Lorca” del Ayuntamiento de Granada, que tiene por objeto galardonar el conjunto de la obra poética de un autor vivo que, por su valor literario, constituya una aportación relevante al patrimonio cultural de la literatura hispánica. Asimismo, la Academia colabora estrechamente con el Ayuntamiento en la promoción y lanzamiento de jóvenes talentos en el mundo de las letras, apoyando la edición y difusión de sus obras en círculos literarios especializados. En ese sentido, los académicos intervenimos como Jurados del “Concurso Internacional Granajoven de Poesía Elena Martín Vivaldi y de Relatos José Fernández Castro”, convocado por la Concejalía de Juventud. Este año tuve el honor de integrar el que dictaminó el premio de relato.

También es importante destacar la vinculación que mantiene la Academia con el Diario Ideal de Granada. Los académicos componemos el Jurado del Concurso de Narraciones Breves que el periódico convoca anualmente; también aquí me ha tocado participar en varias convocatorias. Asimismo la Academia dispone de un espacio propio en las páginas del diario, la columna semanal “De Buenas Letras”, reservada a los académicos de la corporación. En este espacio publiqué varias notas vinculadas a la relación de escritores andaluces con los de nuestra ciudad: Juan Ramón Jiménez y Ana Emilia Lahitte, Vicente Aleixandre con Horacio Castillo y Aurora Venturini, por ejemplo. Pero a juicio de su presidente, José Antonio López Nevot, el mejor índice de excelencia de la Academia son sus publicaciones. Cada año edita cinco volúmenes de la Colección “Mirto Academia” (Editorial Alhulia), que ya ha alcanzado los 130 títulos. En esa colección apareció mi último libro de poemas, Orfandad de las cosas, en 2024, presentado en 2025 en la Feria del Libro de Granada y más tarde, durante mi último viaje, en el Círculo Artístico, con la compañía de mis amigos académicos Pedro Enríquez y Eduardo Castro. Una nueva colección, “Mirto Patrimonio Literario”, recupera obras inéditas, olvidadas o de difícil acceso vinculadas a la historia y la literatura de Granada, mediante ediciones críticas. Por último, la Colección “Mirto Joven” publica cada año las obras galardonadas con los Premios del “Concurso Internacional Granajoven de Poesía y de Relatos”. Hasta la fecha se han publicado 25 títulos.

Para la celebración del XXV Aniversario de la fundación de la Academia de Buenas Letras de Granada se ha creado una comisión organizadora que ha preparado una amplia propuesta de actividades a desarrollarse en el mes de noviembre de 2026. Desde nuestra ciudad estaremos contribuyendo a la celebración de estas bodas de plata, que coincidirán con la conmemoración de los 90 años del asesinato del poeta granadino más emblemático y universal: Federico García Lorca.   

*Colaboración para En Provincia.   

Fotografías: Guillermo Pilía.