Mí Estefano

Por Chiara Morena González* –

Vi una imagen de un caballo corriendo prendido fuego. Verlo reflejó libertad o eso sentí yo al percibirlo así. Esa libertad que percibí me recordó el tiempo cuando vivía en un pueblo, pero en el campo. El barrio se llamaba Carlos Spegazzini, en el partido de Ezeiza. Allí crecí con mi familia y entre animales, pero lo más importante para mí ¡los caballos!

Cuando tenía 8 años, nació un potro hermoso bastante parecido al color del caballo de la imagen. Él era de un color anaranjado con la crin y la cola rubia y la cara, manos y patas de color blanco.  
 
A este potro lo crie yo desde recién nacido. Estefano, lo nombró mí madre.

Cuando tenía casi un año, su madre falleció pariendo. Quedó huérfano y eso hizo que yo lo cuidara y le diera más atención que al resto de los caballos, y llevo a qué tengamos un vínculo lindo, tan así que con tan solo llamarlo o chiflarle venía al trote. Creció huérfano y libre, pero no creció solo. Él fue mí bebé a quien crie de potro, ¡un amor de caballo! ¡Hermoso, tranquilo y único!  
 
Al día de hoy no sé nada de él, ya que en el 2019 nos mudamos con mi familia a la ciudad de La Plata y el 4 de marzo de ese año fue el último día que lo vi, tenía 3 años él, hoy ya tiene 10.  

¡Mi Estefano!

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*Alumna de la materia Practica del Lenguaje del Instituto de Formación 60001.

Fotografía: https://pixabay.com