Cada 2 de febrero, el Día Mundial de los Humedales nos recuerda que estos ecosistemas son mucho más que paisajes: son guardianes silenciosos de la biodiversidad y aliados estratégicos contra el cambio climático. En Argentina, cubren más del 21% del territorio y sostienen al 40% de las especies del planeta. Purifican el agua, amortiguan inundaciones y almacenan carbono. Sin embargo, su supervivencia está en riesgo: a nivel global, desaparecen tres veces más rápido que los bosques, y el 87% de su superficie se ha perdido en apenas tres siglos.
La amenaza no es abstracta. La contaminación difusa, producto de efluentes urbanos e industriales, erosiona su capacidad de sostener la vida. En nuestro país, el déficit en saneamiento es crítico: más del 72% de las plantas de tratamiento no funcionan correctamente, lo que significa que apenas el 27,6% de las aguas residuales recibe un tratamiento adecuado antes de llegar a ríos y humedales. Ciudades como Rosario y Santa Fe descargan directamente al Paraná, comprometiendo el Delta y contraviniendo los compromisos de la Agenda 2030.
La consecuencia es doble: se degradan los humedales y se contaminan las napas freáticas que abastecen de agua a millones de personas. Redes cloacales obsoletas permiten la filtración de patógenos y metales pesados al subsuelo, poniendo en riesgo la salud pública y la integridad de los ecosistemas.
Frente a este panorama, la infraestructura de saneamiento moderna se convierte en un escudo ambiental. La tecnología de las tuberías de PVC ofrece una respuesta concreta y silenciosa:
- Estanqueidad absoluta, que impide fugas y protege las napas.
- Resistencia a la corrosión, asegurando más de 100 años de vida útil sin fisuras.
- Durabilidad y resiliencia, capaces de adaptarse a movimientos del suelo y cargas extremas.

“Invertir en saneamiento de calidad no es solo una decisión técnica, es una acción directa de protección ambiental”, afirma Miguel García, director de la Asociación Argentina del PVC. “Las tuberías de PVC, enterradas bajo nuestros pies, cortan una de las principales vías de contaminación de los humedales. Son una solución silenciosa, pero con un impacto inmenso en la salud de los ecosistemas y de las personas”.
La defensa de los humedales exige políticas públicas, inversión y conciencia ciudadana. Pero también requiere reconocer que la infraestructura invisible —esas tuberías que no vemos— es parte de la trama vital que sostiene el agua limpia y la biodiversidad.
Porque proteger los humedales es protegernos a nosotros mismos.
Fuente: Lic. Natalia Quintana Especialista sénior en relaciones públicas.
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