Por Dr. Luis Sujatovich* –
Las métricas se han convertido en el nuevo dogma universitario. Lo que antes era espacio para la reflexión se transformó en una carrera por acumular publicaciones. La lógica del ranking no mide ideas, mide velocidad. Y en esa competencia, la universidad corre el riesgo de olvidar para qué existe.
La zoncera métrica
Jauretche hablaba de “zonceras” para nombrar ideas que se aceptan sin pensar. Hoy, la gran zoncera académica es creer que cantidad equivale a calidad. Las universidades se han vuelto rehenes de una lógica que premia la productividad aparente y castiga la reflexión profunda. Publicar más se convirtió en sinónimo de excelencia, aunque muchas veces signifique pensar menos. Esta obsesión por la métrica transforma la investigación en una carrera contra el tiempo, donde importa más el número que la densidad de las ideas. ¿Qué sentido tiene producir conocimiento si el objetivo no es comprender, sino acumular citas?
El negocio de la validación circular
El ecosistema es perverso: universidades que exigen publicar en revistas indexadas; revistas que cobran por publicar y reproducen un modelo anglocéntrico y cuantitativo; investigadores que priorizan temas “publicables” sobre ideas relevantes. Todo se sostiene en una tautología: el sistema se valida a sí mismo. Lo que no encaja en sus métricas queda fuera, aunque sea valioso para comprender realidades complejas. Así, se consolida una industria editorial que convierte el saber en mercancía y la ciencia en trámite. El resultado: papers que circulan más por necesidad institucional que por interés social.
El ensayo marginado: cuando los datos ahogan las ideas
En Ciencias Sociales, el ensayo y el libro fueron históricamente espacios para el pensamiento arriesgado, situado y original. Hoy, esos formatos son vistos como obsoletos frente al artículo estandarizado, breve y medible. La consecuencia es clara: se desalienta la creatividad y se empobrece la expresión. El investigador se convierte en productor de papers, no en generador de ideas. ¿Qué lugar queda para la reflexión intempestiva cuando todo debe caber en 8.000 palabras y 30 referencias APA? La pregunta es incómoda: ¿queremos ciencia que piense o ciencia que rinda?
La resistencia desde el Sur: otras epistemes, otros criterios
Este modelo no es inocente: responde a una lógica global que define qué cuenta como conocimiento válido. Desde América Latina, voces como Boaventura de Sousa Santos reclaman justicia cognitiva, para reconocer saberes diversos frente a la hegemonía de un estándar único. Enrique Dussel, desde la filosofía de la liberación, advierte sobre la colonialidad del saber. ¿Validamos conocimiento o reproducimos colonialismo? Si la universidad del Sur corre tras métricas impuestas, ¿qué autonomía le queda para pensar su propia realidad? Resistir implica proponer criterios que valoren la pertinencia social, la originalidad y la profundidad, no solo la indexación.
En defensa del pensamiento intempestivo
La misión de la universidad no es fabricar papers, sino producir pensamiento crítico. Si renuncia a esa tarea, traiciona su razón de ser. La verdadera calidad no se mide en Scopus, sino en la capacidad de interpelar la realidad, de abrir preguntas incómodas, de imaginar futuros posibles.
Si Mariátegui hubiera tenido que pasar por Scopus para publicar Siete ensayos, quizá no existiría la obra que fundó el pensamiento crítico latinoamericano.
*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.
Fuente de la imagen: https://www.grupocomunicar.com/wp/blog-oficial/2015/05/13/