No entiendo ni “J”

Por Guillermo Cavia –

En la vida a menudo solemos usar frases, nos acompañan en el desarrollo de la existencia. Algunas son antiguas y otras que han aparecido de la mano de la juventud. Pero todas tienen como común denominador las letras y por consiguientes las palabras. Cuando referimos que no entendemos ni “J” damos cuenta que no conocemos algo o no sabemos acerca de una temática en particular. La letra J tiene orígenes del hebreo, más tarde la letra es utilizada por el alfabeto griego, que la denomina como letra “iota” y se transforma en la novena letra del alfabeto griego. Esta letra era la más simple de escribir, pues se representaba con el simple palito, sin el punto que hoy exhibe. No saber escribir la jota (es decir, la iota) era un dato que revelaba toda la ignorancia de un individuo: si no sabe eso, no sabe nada. Por aquellos años y basada en este argumento parece que empezó a formarse la frase.

No saber ni Jota o No saber una Jota se aplica normalmente a aquellas personas que suelen ser ignorantes en una materia determinada.

Este modismo alude a la letra jota y a sus antecesoras, la iod hebrea y la iota griega. Así nos lo cuenta el lingüista García Blanco en su obra “Filosofía vulgar. El folklore andaluz (1882-83)”:

Era y es la iod hebrea, caldea y satírica la letra más pequeña de las 22 que usaban aquellos idiomas; era además en hebreo el principio o el primer trazo de toda letra, como puede verse en cualquier diccionario o gramática de aquellas lenguas: la jota española o castellana es la iota griega en cuanto al nombre, y ésta es la iod hebrea. Decir, pues, no sabe ni jota equivale a decir no conoce ni sabe la más pequeña letra, no sabe hacer el primer perfil o trazo de ninguna letra pequeña, es un ignorante.

Estar “perdido como turco en la neblina” no es lo mejor que le puede pasar a una persona, ya que es la demostración de que está totalmente desconcertado, confundido ante algo que no puede resolver por no conocerlo, por no verlo, por no saber. Demás está decir que turco o de la nacionalidad que sea, una neblina espesa no deja ver nada frente a nuestros ojos. Así ciegos, no se puede avanzar, ni siquiera intentar saber qué hay delante.

Clase: frase popular formada por un participio verbal masculino singular (perdido); pronombre relativo (como); un sustantivo masculino singular (turco); una preposición (en); un artículo femenino singular (la); un sustantivo femenino singular (neblina).

Lo que cabe preguntarse es por qué la elección de un turco y no de otra nacionalidad. Y aquí es donde hay que hacer historia.

Porque en realidad, con turco o específicamente “turca”, se está refiriendo a una voz de germanía que es una jerga de los ladrones y rufianes dentro de la lengua española, cuyo significado es borrachera o embriaguez. Inclusive también dentro de esa jerga se llamaba de esta manera al “vino de uvas”. Lo que indica que esta frase está vinculada con la borrachera.

Pero también “la turca” fue el nombre que los españoles le dieron al “vino moro” o “vino turco” porque no estaba “bautizado” o contaminado con agua. De allí que a la borrachera se la termine llamando “turca”.

En tanto el agregado de la neblina es una picardía argentina en el sentido de exagerar un tanto la cuestión y poner un borracho en el medio de una neblina donde encima de no ser consciente por el alcohol, no ve absolutamente nada por la niebla. Y de la neblina se comenzó a aplicar a cualquier circunstancia a pleno sol, y de borracho a una persona sobria que está perdida como si estuviera borracha y tapada por el banco neblinoso.

Comerse un garrón: Tener que soportar inesperadamente una situación desagradable. El garrón es la parte de la pata de una vaca cercana a la pezuña; como no tiene casi carne, a lo sumo se lo usaba para hacer caldo. Como pieza de alimento es, pues, despreciable. De allí la expresión. Quedarle a uno lo peor para comer. La frase, de origen rural, pasa al uso ciudadano. El tener que aceptar situaciones desfavorables de distinta naturaleza supone “comerse un garrón”.

Estar perdido como turco en la neblina: 1. Estar extraviado. 2. Estar confundido. El dicho original es “perdido como tuco en la neblina”. El “tuco” es luciérnaga, voz usada, de preferencia, en el Noroeste argentino. Es decir que, acostumbrado el tuco a brillar en medio de la noche, inmerso en la niebla, perdía su luminosidad por contraste, y su posible orientación. Al difundirse el dicho en el Litoral, y desconocerse la voz “tuco”, se la sustituyó, por su afinidad fonética, con “turco”. La frase así enunciada no tiene mucho sentido alusivo, pero se impuso de este modo en nuestra región rioplatense.

La mano de Dios: La expresión indica la presencia de una voluntad divina en lo humano, actuando con eficacia y oportunidad, en situaciones difíciles o preocupantes. (…) En el ambiente deportivo, la frase se asocia al gol que Diego Maradona hizo al equipo inglés, empujando la pelota con la mano izquierda hacia la red. En rigor, lo que se quiso decir inicialmente en los titulares periodísticos con la expresión es que Dios se valió de la mano de Maradona para la acción que benefició a nuestro equipo. Y no que Maradona sea Dios, como lo predica alguna despistada Iglesia Maradoniana.

Meter un chivo: En radio y televisión, colocar publicidad encubierta, introducir una información, un aviso o una propaganda no prevista ni autorizada. Algunos estiman que viene del italiano “scibo”, o “cebo”, convertida en el uso popular en “chivo”, pues opera como tal para atraer con disimulo la atención del oyente o televidente.

Ni se mosqueó: No se alteró. Permaneció inmutabble. Se dice de un caballo que se “mosquea” cuando, nervioso, mueve de continuo la cola, como apartándose las moscas, alza las orejas, y levanta y baja la cabeza.

Parecer estar oliendo aca (en quichua, “excremento”): Resultar una persona antipática y engreída. Alude a la cara que adopta o tiene una persona, como de disgusto permanente, tal como si tuviera un gesto de rechazo por lo que huele.

Pisar el poncho: Aceptar el desafío. En las convenciones del duelo criollo, el desafiante pasaba junto al posible contrincante arrastrando el poncho. Si el otro lo pisaba significaba aceptación del reto y la concreción en un duelo a cuchillo. Decir que “nadie le pisa el poncho” a alguien es que no se le animan como contrincante.

Querer la chancha y los veinte: Es una expresión que va cayendo en desuso. La usa la tercera generación, mayores de 50 años. La frase original vendría del mercado: “Vos querés, por el mismo precio, el chancho, la chancha y los veinte lechones”. Con el tiempo se simplificó en “la chancha y los veinte”. Pero luego, con la industrialización, se amplió señalando el abuso de forma más actualizada: “La chancha, los veinte, y la máquina de hacer chorizos”.

Salir con un domingo siete: 1. Decir algo intempestivo, ajeno a lo que se trata. 2. Decir tonterías, disparates, despropósitos. 3. responder con algo que no tiene nada que ver con el asunto en cuestión. Un estudio especializado de la expresión señala, curiosamente, que la acepción común entre hombres es salir “con un disparate”, y la dominante entre las mujeres es “estar embarazada”.

«Eres más terco que una mula» es una frase que hemos escuchado decenas de veces a lo largo de nuestra historia, y es que desde tiempos remotos ya se conocía la terquedad de este animal. De hecho, incluso se menciona en la Biblia un relato de una mula que al ver a un ángel se apostó en el suelo y, aunque su dueño la golpeaba, no se movía.

Por otro lado, la conocida frase tuvo su origen en Misuri, Estados Unidos, cuando se conoció la característica de este animal a negarse a arar. Parece ser que la mula, aunque tiene una larga historia de convivencia con el hombre, no es fácilmente domesticable y parece ir por libre.

La mula no es tan terca como se cree, solo exige respeto. Decimos esto porque ha quedado demostrado que cuando se quiere enseñar a una mula, si se hace con paciencia, amabilidad y cariño, no solo confía en el humano, sino que obedece.

«Más vale pájaro en mano que ciento volando» es un refrán español que proviene del proverbio latino «Est avis in dextra, melior quam quattuor extra», que significa mejor ave en (la mano) diestra que cuatro fuera (de ella).

Pone de manifiesto que es mejor algo seguro, aunque sea una ganancia humilde, que la incierta probabilidad de grandes beneficios.

Por ello se aplica a falsas promesas y proyectos irrealizables, que pueden hacer olvidar lo simple pero seguro, con la intención de que el receptor mantenga sus pies en el suelo.

“a quien madruga Dios le ayuda”, un refrán que, seguro, habrás escuchado más de una vez si eres perezoso o cada mañana se te pegan las sábanas.

A pesar de que proceda de la tradición oral, se tiene constancia de que se citó en El Lazarillo de Tormes, libro de autoría anónima publicado en 1554 que narra la vida de un pícaro del siglo XVI. Aunque no con las mismas palabras, una expresión similar aparece en El Quijote: “El que no madruga con el sol no goza del día”.

A quien madruga Dios le ayuda no solo quiere decir que a quien se levante pronto por la mañana le irá bien el día, sino que, en términos generales, la vida le irá mejor a aquellos que son proactivos y que toman la iniciativa. Así pues, con este dicho se recomienda al otro que se esfuerce, que sea diligente para tener éxito en lo que se proponga. Pero no siempre ocurre así, ya que a este refrán se le suele contraponer otro según el cual “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

¿Qué significado tiene no por mucho madrugar amanece más temprano?

Qué es No por mucho madrugar amanece más temprano: “No por mucho madrugar amanece más temprano” es un refrán popular cuya idea principal se refiere al esfuerzo. Este es un refrán que desde el punto de vista más sencillo nos indica que no debemos apresurar la toma de decisiones.15 nov. 2018

“No hay mal que por bien no venga” es un refrán que busca emitir un mensaje optimista ante aquellas situaciones que, en principio, no son buenas pero que, a futuro, pueden generar resultados positivos.

Este es un refrán antiguo, de fuente oral y muy empleado por las personas en general. “No hay mal que por bien no venga” se puede aplicar en diversas situaciones en las cuales no se obtiene a la primera aquello que se quiere, por lo que genera la idea de desdicha o infortunio.

En estos casos, “no hay mal que por bien no venga” puede emplearse incluso como una frase de consuelo para prepararse y seguir trabajando por alcanzar el objetivo que se quiere y sin perder el optimismo. Es decir, lo mejor está por venir, esto como parte de retomar el entusiasmo.

Por tanto, algunas desdichas se pueden tornar en buenas noticias o logros todavía superiores de lo pensado al inicio, generalmente porque después aparece una mejor oportunidad o se toman en cuenta circunstancias que antes no se habían considerado y que a futuro podían generar dificultades.

Por ejemplo, “Luis tuvo ayer una entrevista de trabajo para la cual se sentía muy optimista pero, lamentablemente, no le dieron el cargo. Pero, ʽno hay mal que por bien no vengaʼ, en la tarde recibió una llamada de otra oferta de empleo y, antes de finalizar el día, fue para la entrevista. Tuvo mejor suerte, le dieron el cargo y mejores beneficios laborales”.

No obstante, cabe resaltar que en algunos casos el refrán “no hay mal que por bien no venga” puede generar confusión. No se trata de señalar que todo mal produce un bien, por el contrario, lo que se quiere expresar es que de lo malo pueden surgir cosas mejores.

Algunos refranes que sirven de sinónimos de “no hay mal que por bien no venga” pueden ser los siguientes: “Cuando una puerta se cierra, otra se abre”; “Por uno que se pierde, diez aparecen”.