Por Elvira Yorio* –
Un niño ha sido concebido. Alrededor de seis meses después, comienza a escuchar sonidos que vienen desde fuera del vientre de su madre. El líquido amniótico es buen conductor, y llega hasta él toda la exquisita sensibilidad del espíritu de grandes compositores, hecho música. Sus neuronas se van impregnando de acordes, arpegios, adagios, notas, que se alojan y acomodan en su mente. De modo tal, no resultó extraño que ese niño, a la edad de tres años, tocara el violín, el piano, y escribiera sonatas a los cinco. Su aprendizaje había comenzado antes de nacer. Se trata de Wolfgang Amadeus Mozart, quien en el transcurso de su breve vida escribió alrededor de 600 composiciones musicales en los más diversos géneros. Su padre, Leopold Mozart, era violinista, compositor y maestro de música. Creó, pensando en su futuro hijo, una “Sinfonía de los juguetes,” que interpretaba para su esposa. Ella, transitaba un embarazo complejo. Había perdido cinco hijos y también a su madre, por lo cual estaba muy triste. Provenía de una familia de músicos, y escuchar las piezas que ejecutaba su esposo en el violín, le proporcionaba serenidad y consuelo. Leopold, en ese período tan especial de sus vidas, escribió un tratado de aprendizaje del violín, que se constituyó en el método más difundido y usado en la Europa del siglo XVIII. Pero a sus hijos, María Anna y Wolfgang, además de impartirles conocimientos de música (alternando el juego y la imitación, con óptimos resultados) les enseñó idiomas, literatura, matemática y geografía. Aprendieron todo con insólita rapidez. Anna también fue precoz y eximia intérprete de violín y piano. Llevó a esos dos prodigios de gira por varios países. Según dicen, supo explotar en su propio beneficio, las excepcionales cualidades de sus niños. Cabe señalar que un hijo de Wolfgang, llamado Xavier W. Mozart, años después, se destacaría como compositor y pianista.
Otra notable estirpe en el mundo del arte, que precedió a la de los Mozart, fue la de los Bach: una gran mayoría de los varones de esa familia durante varias generaciones, se dedicó a la música. El exponente más reconocido fue Johann Sebastian Bach, que comenzó como coreuta a temprana edad, luego actuaría como violinista y organista, adquiriendo renombre también como prolífico compositor. Asimismo supo trasmitir conocimientos musicales a sus numerosos hijos, a punto tal que dos de ellos fueron famosos. En efecto, Karl Philipp Emmanuel Bach, fue incorporado como músico a la Corte de Federico el Grande en Berlín. Y el hijo menor, Johann Christian Bach, se convirtió en el compositor predilecto de Londres, donde lo conoció un Mozart muy joven, que tuvo gran admiración por él. Estas características, se dieron en muchas familias de músicos.
En otras disciplinas, también es dable observar varias personas destacadas en una sola familia. Por ejemplo, en el rubro ciencia, es muy conocida la familia Curie que obtuvo cuatro Premios Nobel. En algunas más, se dio la particularidad de varios Nobel en una misma familia.
Los Huxley, también acumularon fama y prestigio. Por empezar Thomas Henry Huxley ( 1825-1895), biólogo, médico y filósofo inglés, quien trabajó con Charles Darwin y defendió con sólidos fundamentos la teoría de la evolución. Multipremiado, autor de valiosas obras científicas. De esclarecida actuación en la docencia universitaria. También fue un innovador en materia educativa. Tuvo hijos y nietos famosos: Leonard Huxley (1860-1933) escritor, profesor y editor, que contrajo matrimonio con Julia Arnold( 1862-1908) que fue la primera mujer profesora de literatura de la Universidad de Oxford, de completa y reconocida trayectoria como gestora cultural. Este matrimonio tuvo a Aldous Huxley(1899-1963) uno de los mejores escritores de todos los tiempos, propuesto en nueve ocasiones para el Premio Nobel de Literatura. Autor de ensayos, cuentos, novelas y poesía. Conferenciante destacado en varias universidades del mundo. Otro hijo, Julian Huxley fue zoólogo, maestro en artes y biólogo, primer Director General de la U.N.E.S.C.O, se hizo acreedor a diversos galardones, entre ellos un Oscar. Otro hijo, Andrew F. Huxley (1917-2012), médico e investigador, obtuvo el Premio Nobel de Medicina en 1963, entre otras importantes distinciones. Debe mencionarse también al hijo de Aldous, llamado Matthew Huxley (1920-2005) epidemiólogo, antropólogo, educador y escritor. Se podrían nombrar otras familias similares, cuya existencia ha dado lugar a distintas miradas y reflexiones.
Tal vez uno de los debates más antiguos de los científicos y filósofos, se desarrolla en torno a la genética versus aprendizaje y entorno. O, como se planteó en Estados Unidos, nature versus nurture. ¿A cuál de las dos se debe atribuir la conformación de la personalidad? Desde luego, está comprobado que determinadas características del individuo son, en gran medida, hereditarias. Esto es reconocer la existencia de la determinación genética (o tal vez sea propio hablar de predisposición genética). Pero, también se ha evidenciado con el avance de las neurociencias, que la plasticidad del cerebro admite cambios antes y después del nacimiento. El ambiente, la alimentación y otras variables, han adquirido una importancia capital. Ya sea durante el embarazo o en los primeros años de vida, la inexistencia de déficit nutricional, es un factor decisivo en el neurodesarrollo, la inteligencia y la disponibilidad de energía. Es interesante analizar nuestras relaciones primarias. Desde el nacimiento se establece una interacción con los familiares más cercanos, dentro del contexto en el que se desarrollan los primeros años de vida. Se verifica entonces el aprendizaje inicial de afectos o emociones pero, también de acciones y conocimientos del intelecto. En la mayoría de los casos, puede darse una especie de condicionamiento, que suele incidir en la vocación y otras importantes elecciones para nuestro ulterior desenvolvimiento.
Pichón Riviere habla de una “matriz de aprendizaje”, como el modelo interno según el cual, cada individuo significa y ordena su universo de experiencias y conocimientos, sin desechar, claro está, la base biológica. Allí emerge nuestro potencial, y también los obstáculos de realización. Demuestra que esas experiencias en el ámbito escolar, familiar o laboral, se vinculan a formas de relaciones productivas, definiendo a la vida como “una secuencia ininterrumpida de exigencias adaptativas que comienzan con el nacimiento…”
Para Gregory Bateson un linaje es un patrón de relaciones que permanece a través del tiempo. Hay familias en las que se reiteran comportamientos, inclinaciones, mandatos o rechazos. Sería, según él, una recepción transgeneracional, no genética y sin embargo es un circuito que se perpetúa. Insiste: el gen es una información potencial. Nature y nurture no son fuerzas opuestas, sino complementarias dentro de un mismo circuito.
Por su parte Humberto Maturana sostiene que los genes no contienen información que determine una conducta. Afirma que los seres humanos se producen a sí mismos constantemente. Y el ambiente que los circunda, no los moldea como arcilla, solo es un disparador al que los individuos responden según la ocasión y su propio estado.
“Lo que se hereda no se hurta”, decía una vecina, aludiendo a esas cualidades positivas o negativas, que se transmiten de generación en generación. Algo de eso hay, todos conocemos a alguna familia con características distintivas, en la que sus componentes son diferentes pero comparten un rasgo peculiar. Acá en La Plata, hay algunas.
Jacinto Eduardo Calvo Ruiz, más conocido por Jacinto Calvo, nació en San Nicolás (provincia de Bs.As.) en 1898. Desde niño se destacó por su inteligencia y sus dotes de orador. Ejerció el periodismo brillantemente, por ello la biblioteca del Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires lleva su nombre. Completó sus estudios en La Plata, donde obtuvo el título de abogado en la Universidad pública. Durante muchos años se desempeñó como Asesor de Menores, desenvolviendo una fecunda labor, en un tema tan delicado y complejo. En el año 1944, merced a sus valiosos antecedentes, fue ascendido a Fiscal de Cámaras, cargo en el que también se destacó por su solvencia profesional. Contrajo matrimonio con Nesta López Merino, hermana del famoso poeta Francisco López Merino. De esa unión nació Estela (1931-1995) de cimera actuación en los círculos literarios platenses. Licenciada en Relaciones Humanas, fue poeta, escritora, e importante agente cultural que creó e implementó durante años, memorables actos auspiciados por la compañía Bernardino Rivadavia. Autora de “Terapia intensiva” y de “Rostros y rastros platenses” de enorme repercusión en nuestra ciudad. Puede decirse que desarrolló la misma afición que su tío Francisco López Merino, recordado poeta, amigo de Borges, que dejó una huella imborrable en la literatura vernácula, pese a su corta vida. Estela se casó con un joven médico, el doctor Ricardo Raúl Reca, prestigioso profesional, de quien tuvo cinco hijos. Uno de ellos, Ricardo Pablo Reca, activó el legado de sus ancestros, pues se recibió de abogado en nuestra universidad local y obtuvo su doctorado en derecho en la Universidad Complutense de Madrid, siendo su maestro de tesis el eximio jurista Eduardo García de Enterría. Autor de numerosas obras jurídicas, tuvo destacadísima actuación docente en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional de La Plata, en la Universidad Notarial Argentina, en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de Tucumán, desempeñándose como Decano en la primera de ellas. Actualmente continúa como titular de la cátedra de Derecho Público, Provincial y Municipal, donde se iniciara hace más de cuarenta años. Dirige desde su creación, el Instituto de Política y Gestión Pública. Ha ocupado con alto sentido de la responsabilidad y eficiencia, diversos cargos institucionales, aportando su asesoramiento técnico a distintas entidades nacionales e internacionales. Al margen de estas importantes funciones vinculadas al plano jurídico, como la madre y el tío abuelo, su rica sensibilidad lo llevó a incursionar en la poesía, publicando con gran suceso las obras: “ Abril”, “Cruce de Aguas y “La eternidad” , que constituyen claros testimonios de sus elevadas aptitudes literarias. Sus hermanos emprendieron rumbos diferentes. Uno de ellos, Martín, se graduó como médico, igual que su padre, con distinta especialidad, ya que es psiquiatra y ejerce como tal en Francia desde hace algunas décadas. Damián es actor de teatro. María Marta, es doctora en Ciencias Naturales y antropóloga, jefa de la División Etnografía, y docente de Teoría Antropológica, desarrollando una importante labor en el Museo de La Plata y María Teresa es Diseñadora en Comunicación Visual. Cada uno, desde su actividad, honró a sus ancestros y, aunque no todos hayan seguido sus mismas vocaciones, procuran mantener vivo el valioso acervo que receptaron, dando continuidad a su ínclita raigambre cultural, orgullo platense.
*Colaboración para En Provincia.
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