Hay historias que parecen sacadas de una película, pero ocurrieron de verdad. Una de ellas es la de la piloto de parapente Ewa Wiśnierska, quien en 2007 sobrevivió a un vuelo involuntario que la llevó hasta los 9.946 metros de altura, por encima de la cima del monte Everest.
El episodio ocurrió el 14 de febrero de ese año cerca de Manilla, en Nueva Gales del Sur, Australia, mientras la deportista se entrenaba para el Campeonato Mundial de Parapente. Con diez años de experiencia, despegó pese a que el pronóstico anticipaba tormentas durante la tarde. Lo que parecía un riesgo controlado terminó convirtiéndose en una situación extrema.
Una poderosa nube de tormenta, conocida como cumulonimbo, la absorbió con una corriente ascendente imposible de vencer. Pese a intentar distintas maniobras para escapar, el parapente siguió elevándose a una velocidad cercana a los 20 metros por segundo.
Cuando ingresó en la nube, la visibilidad desapareció. Entre lluvia, granizo, turbulencia y descargas eléctricas, la temperatura descendió bruscamente y el oxígeno comenzó a escasear. Alrededor de los 6.900 metros de altura, Wiśnierska perdió el conocimiento.
Su GPS continuó registrando el vuelo hasta marcar una altitud máxima de 9.946 metros, un nivel comparable al de los aviones comerciales y más de un kilómetro por encima del Everest. Permaneció inconsciente durante varios minutos hasta que, ya en descenso, recuperó el conocimiento cerca de los 7.000 metros.
Con el equipo cubierto de hielo y el ala cargada de agua y granizo, logró retomar el control del parapente y comenzó un lento descenso hasta aterrizar en una zona rural, a unos 65 kilómetros del lugar de despegue. Sufrió congelaciones y un importante desgaste físico, pero sobrevivió a una experiencia considerada única en la historia del parapentismo.
La misma tormenta tuvo un desenlace fatal para otro competidor. El piloto chino He Zhongpin también fue arrastrado por el sistema y murió durante el episodio.
A casi dos décadas de aquel vuelo, el caso de Ewa Wiśnierska sigue siendo estudiado por pilotos y especialistas en meteorología. Su historia recuerda el enorme poder de la naturaleza y los riesgos que representan las tormentas para quienes practican deportes aéreos, incluso cuando cuentan con una amplia experiencia.

Imágenes: IA En Provincia.