Por Mónica Rollhaiser*
Una historia de vida que relata en primera persona la odisea de volver a casa en tiempos de guerra.
El 18 de febrero volamos rumbo a Dubái con 23 argentinos en lo que era un viaje grupal acompañado desde una agencia de turismo local, muchos no nos conocíamos, viajábamos desde Rio Colorado, Punta Alta, Tandil; Saladillo, Trenque lauquen, Pergamino, Capital Federal y Olavarría, todo indicaba que lo pasaríamos genial, que el grupo iba a consolidarse y seguramente formaríamos una linda amistad, como la que tantos viajes me han regalado.
Los primeros días transcurrieron entre la opulencia de los Emiratos Árabes Unidos, visitamos tres, con su impronta, bellísimas mezquitas, impresionantes edificios, parques repletos de flores en un país sin agua, museos que nos mostraban su historia pero también como imaginaban su futuro, la belleza del desierto, esa travesía en camionetas 4 x 4 surcando a gran velocidad las dunas doradas al atardecer, llegando a un oasis, para hacer el tradicional paseo en camello, bueno en realidad dromedario y terminar cenando bajo un cielo salpicado de estrellas, acompañados de una suave música que daría paso a un show típico del lugar. Todo según lo pactado.
Todo según lo pactado… hasta el día 28 de febrero, ese era nuestro último día, un día libre para hacer compras, volver a algún lugar que nos había gustado o conocer algo más y armar las valijas para emprender el regreso pautado para las 4 a.m. del 1 de marzo, en que nos trasladarían al aeropuerto para volar a las 8 a.m., hasta aquí lo pactado, pero no sabíamos lo que el destino nos tenía preparado. Cuando salimos de vacaciones nunca pensamos en lo que nos puede llegar a suceder, de pronto las cosas suceden y ya. ¿Quién podía siquiera haber imaginado quedar atrapado en una guerra? Que ni siquiera era del país en el que estábamos o sí, es discutible.
El 28 de febrero por la tarde cuando nadie imaginaba nada, en el grupo de WhatsApp en el que estábamos los 25 integrantes, aparece una notificación: por favor, baje al lobby al menos una persona por habitación, tenemos información importante que transmitirles. Seguramente serían horarios e instrucciones para el viaje de regreso. Al llegar al lugar las caras de Lore, Gise Y Jor, las chicas de la agencia que nos acompañaban, no eran esas alegres y amables de todos los días, denotaban una alta preocupación. Cuando todos estuvimos nos informaron que EEUU junto a Israel habían atacado Irán y en consecuencia estos habían respondido atacando bases norteamericanas instaladas en el territorio de Emiratos Árabes Unidos, bases que se encuentran en el desierto pero que de todas formas se había cerrado el espacio aéreo y no podíamos regresar esa noche. Inicialmente no nos preocupamos, no teníamos idea de la magnitud del problema, porque cuando estas de vacaciones, vacacionas también de los informativos y vivís en una nebulosa por una cuestión de supervivencia, se debe desconectar cada tanto para reiniciar. Si no viajábamos hoy lo haríamos mañana, pero pronto caeríamos en la cuenta de la gravedad de la situación. Estábamos plácidamente durmiendo cuando a las 2 se la mañana comienzan a sonar las alarmas en los celulares, miro…estaba escrito creo en árabe y en inglés, alcance a entender que debíamos alejarnos de las ventanas y buscar refugio en un lugar seguro. A continuación, nos llega un mensaje de la coordinadora del grupo pidiéndonos que bajemos pronto al lobby antes de que colapsen los ascensores, el hotel tiene 64 pisos, nosotros en el 26, los demás todos en pisos más altos. Rápidamente nos vestimos con lo que teníamos a mano y al ascensor, venía en el mismo un muchacho con una túnica blanca, nos dijo, no recuerdo bien, o que vivía en Jerusalén o que era de allí y que estaba acostumbrado a que sonaran las alarmas, que lo más seguro era buscar refugio en las escaleras y que de hecho él se bajaba para dirigirse allí. Nosotros decidimos acatar la orden de nuestra coordinadora y bajamos. Al llegar nos condujeron a una parte del lobby que no tenía ventanas al exterior, debíamos esperar allí. De pronto caímos en la cuenta de que faltaban dos personas, un matrimonio; le mandábamos mensajes y no nos respondían. Pasados unos largos minutos aparecieron, agitados, transpirados y con el corazón latiendo a mil, las piernas les temblaban. Resulto ser que ellos subieron al ascensor en el piso 44, pero en vez de bajar subió, se detuvo más arriba y subió más gente, muy alterada, gritando y…el ascensor volvió a subir lo que provocó que se descontrolaran más aun, al detenerse en el piso 60, salieron corriendo diciendo que no era seguro y que había que bajar por las escaleras, entonces Sonia y Abel los siguieron, 60 pisos escaleras abajo… 2 pisos no tenían luz, lo que complicó más la situación, pero llegaron. Esa noche, la angustia, el miedo a lo desconocido comenzó a rondarnos. Pasada una hora sin novedad, nos dijeron que podíamos volver a las habitaciones pero que estuviésemos atentos a cualquier alarma o notificación. Fue difícil conciliar nuevamente el sueño, por la mañana algunos refirieron haberse acostado vestidos y otros hasta con los zapatos puestos.
El 1 de marzo, después del desayuno, llegó el operador del lugar e informó que el espacio aéreo continuaba cerrado y ese día tampoco podríamos regresar. En ese punto ya no teníamos contratado hotel, nos informaron que nuestra agencia se haría cargo de nuestros gastos de alojamiento y comida ese día. Que tratáramos de permanecer en el hotel por precaución, ya no teníamos asistencia médica y si bien la agencia intentó extender la prestación la aseguradora no cubre en ámbitos de guerra. En ese momento caímos en la cuenta de para cuantos días teníamos medicación, porque ya nos habían dicho que no sabían si al día siguiente podríamos volar, y en ese momento comenzamos a luchar contra la incertidumbre, cuando, cuando, cuando…La cabeza empezó a trabajar, ese día transcurrió con “normalidad” y sin otra novedad.
El día 2 de marzo comenzó con idéntica información, el espacio aéreo continúa cerrado, estamos haciendo un listado para presentar y que podamos salir cuanto antes, las chicas de la agencia se contactaron con la embajada para plantear algunas cuestiones como que a algunas personas les faltaba medicación, la respuesta… mejor ni hablar. Pero bueno, entre la gente de la agencia y el operador de Dubái lo solucionaron. Ese día la agencia se volvería a hacer cargo de nuestros gastos. Nuestra vida transcurría en el gimnasio y la pileta del hotel, había un spa pero como era de pago, no íbamos porque al no saber hasta cuando nos podían cubrir los gastos y cuando podríamos volver, había que administrar los recursos.

A esta altura ya queríamos información, entonces comenzamos a mirar los canales de televisión, las redes sociales y… nos encontramos un mundo que no era en el que estábamos viviendo, allí deban cuenta de bombardeos, caídas de edificios que no eran ciertas. Una influenser decía tener mucho miedo al ver como bombardeaban y caían edificios, imágenes obtenidas con IA, mientras nosotros veíamos esos mismos edificios erguidos con toda su opulencia frente a nuestros ojos. En tv hablaban de argentinos atrapados en Dubái mostrando imágenes de bombardeos que no eran de allí. Nuestros familiares y amigos nos escribían preocupados por lo que veían, decíamos que no era verdad lo que mostraban en los medios de “desinformación”, pero igual se preocupaban. Esto nos llevó, al menos a mí a pensar en la locura que vivimos, ¿qué es lo real y que lo imaginario? ¿cuántos intereses se mueven tras la supuesta información? ¿Cuánto daño se puede causar con la manipulación de la información? Pero bueno, más allá de esa incertidumbre, estábamos bien, contenidos, juntos, con nuestros gastos primarios cubiertos, pero, siempre hay un pero no todos lo estaban pasando igual. La piscina era el lugar casi obligado para pasar el día, allí conocimos gente de otros países en la misma situación que nosotros. Entablamos conversación con 3 matrimonios que vivían en Suiza, pero eran italianos algunos y otros no sé si portugueses o Brasileros, estaban muy angustiados porque la empresa por la que habían contratado no les daba ninguna respuesta, estaban gastando mucho dinero y por supuesto nadie se hacía cargo, una de las chicas estaba muy angustiada por tener dos hijos pequeños que por primera vez dejaba con su abuela para viajar sola con su esposo, les había dicho que solo serían 4 días, ya llevaban 7 y tampoco sabían cuando regresarían, así que a pesar de nuestra propia angustia tratamos de tranquilizarla, luego nos mostró fotos de sus hijos y el grupo se amplió, los argentinos somos así, siempre incluyendo, tanto que al día siguiente le hicimos probar el mate jaja eso fue genial, ver la cara de la chica mientras lo probaba. ¡Ah! Y hablando de mate… si algo triste podía pasar era quedarse sin yerba, así que comenzamos a contabilizar cuanto tenía cada uno, no preparar mates de más y compartir lo que quedaba. ¿Cuándo nos iríamos? ¿Qué haríamos sin el mate amigo? Entonces me dije, tengo que conseguir yerba como sea. Todos decían no haber visto yerba en ningún lado…yo me propuse encontrarla, ese día, antes de la cena fui a un supermercado 24 horas bastante grande que estaba a 2 cuadras del hotel, ¿Cómo pedís yerba en Dubái? El traductor del celular decía algo, pero ningún empleado entendía. Por lógica debería estar en la góndola con el café y té, pero… nada, compramos otras cosas que necesitábamos y al volver al hotel, de camino había otro súper 24 horas, pero más chico, le digo a mi esposo: quédate con estas bolsas que yo entro y me fijo. Lo mismo, intento con la misma lógica en la góndola del café, nada. No me iba a resignar a volver sin yerba, yo había prometido encontrarla, entonces recorrí góndola a góndola y de pronto allí abajo casi escondido un paquetito con un dibujo, lo tome en la mano, estaba escrito, creo en árabe, no entendí nada pero tenía el dibujito de un mate, tenía que ser yerba, pero…otro pero, mientras miraba dubitativa ese paquete mis ojos divisaron otro, otro que ya había visto en mi vida, mi corazón dio un salto, ese si era de yerba, la conocía, era argentina, en un rinconcito escondido de la góndola un montón de paquetitos cuarto kilo de yerba Amanda, ¡Qué alegría! Parece una tontería alegrarse por cuarto kilo de yerba, pero yo estaba feliz. Volví con el preciado trofeo al hotel y en la cena hice el anuncio, ¡Prometí conseguir yerba y…conseguí! Acto seguido, todos a comprar yerba. ¿puede ser uno feliz con tan poco? A falta de mejores noticias esa era la gloria.
Las alarmas no volvieron a sonar, esa tarde mientras mateábamos en la pileta vimos pasar un avión del ejército, al parecer vigilaba el espacio aéreo. Seguían llegando noticias de bombardeos, misiles y drones, a decir verdad, nosotros no veíamos nada de lo que se decía, estábamos ubicados en pleno centro, frente al museo del futuro y podíamos corroborar que el Burj Khalifa, seguía erguido y tan opulento como siempre, a pesar de múltiples versiones que decían que había sido atacado. Eso sí, por la noche, después de cenar, con mi esposo decidimos dar una pequeña caminata en las inmediaciones del hotel, en el momento que salíamos miro el cielo y veo una luz venir en nuestra dirección muy rápido y de pronto estallar, como los fuegos artificiales, luego un gran estruendo y a continuación otra luz, otro estallido, otro estruendo. Nos dijeron que eran misiles que eran interceptados y desactivados, eso fue lo único que vimos, pero no provocó ningún destrozo, no pudimos ver siquiera partes cayendo.
Lo que más nos angustiaba era la incertidumbre, el no saber hasta cuándo. Mirábamos la página web de la aerolínea y de pronto aparecía nuestro vuelo, más tarde cancelado. Nuestra ruta era Dubái-Rio de Janeiro-Buenos Aires. Las chicas de la agencia, en coordinación permanente con la agencia de acá y el operador local visualizaron la posibilidad de tomar otra ruta, lo importante era salir de allí, en cualquier momento las cosas podían complicarse, lo mejor era irse. De pronto el espacio aéreo se abrió, pero en forma restringida. Había un vuelo a Sao Pablo, entonces reemitieron los tickets, volaríamos allí y después se vería como llegar a Argentina, lo hicieron, pero para no levantar falsas expectativas, no nos dijeron nada, de todos modos, todos teníamos las maletas hechas porque sabíamos que ante la primera posibilidad nos íbamos. Ese día Luis y Graciela cumplían 48 años de casados, pensaban festejarlo con su familia y amigos, compartiendo un asadito, la vida los sorprendió en otro lugar, con otra gente que a pesar de todo celebraba con ellos, estando en la pileta aparecieron los de Suiza con una torta, cantando feliz cumpleaños, porque no sabían decir aniversario, fue muy emotivo. Vino a mi memoria en ese momento la película de Roberto Benigni, “La vida es bella”, a pesar de los momentos que vivíamos éramos capaces de festejar. La sorpresa fue por la noche, en la cena una de las chicas había decorado la silla de Graciela con un globo en forma de corazón inflado con helio, sobre la mesa un ramito de rosas y una caja de bombones, cuando todos estábamos ellos no aparecían, estaban hablando por teléfono con sus hijos. Al fin, cuando llegaron se emocionaron con los regalitos, fue entonces cuando Lore les dijo: tenemos otro regalito para ustedes…le entrego un papel, Graciela lo miró y dijo: ¡NOS VAMOS! ¡NOS VAMOS A CASA! Fue entonces que todos supimos que volvíamos. Brindis, abrazos, risas y llantos todo era emoción, volvíamos a nuestra querida patria. Esa noche dormimos rogando que no sonaran las alarmas, que fueran las 5 a.m. y nos recogieran para ir al aeropuerto, que se hicieran las 9 a. m. y el avión comenzara a carretear… que finalmente estuviéramos lejos de allí. Cuando el avión estuvo por la mitad de África, respiramos profundo, aquí se emitieron tictes de otra aerolínea para el tramo Sao Pablo-Buenos Aires, debimos quedarnos una noche en Sao Pablo para poder volar de regreso, esa mañana esperando el transfer, volvieron a sonar las alarmas del celular, esta vez advertían por lluvias torrenciales, ¡Qué susto nos dio!
Ese día al llegar a Ezeiza, nos esperaban los medios de comunicación, reportearon a Lorena, una de las dueñas de la agencia y a mi marido, como pasajero. Pretendían sensacionalismo, de hecho, transmitían en vivo a pantalla partida en una los argentinos que regresaban a casa, en la otra bombardeos e imágenes que no eran de Dubái. Estábamos felices, no lo podíamos ocultar.
Lamento que tanta gente inocente esté atrapada en esta lucha egoísta, de poder por el poder, del dinero por el dinero. Con lo que gastan en guerras, en defensa, en inteligencia la humanidad entera podría vivir sin ningún tipo de privaciones y sin embargo…qué cruel es la realidad.
Nuestra guerra personal fue contra la incertidumbre, con no saber qué y cuándo podía pasar, fue traumático, terrible, pero Dios estuvo de a nuestro lado, eran muchas las personas que rezaban para que volviéramos sanos y salvos a casa, a ellas les pido que sigan rezando por todos los que injusta e inocentemente no pueden salir de ese infierno, por todos los que no eligieron vivir así y que tanto ansían LA PAZ.

*Colaboración Para En Provincia.