La secretaria académica de la Facultad de Humanidades de la UCALP comparte su experiencia tras recibir un diagnóstico de cáncer de mama. Una historia que invita a repensar las exigencias cotidianas, la importancia del autocuidado y el valor de los controles médicos periódicos.
Durante mucho tiempo, la rutina de María Navarro estuvo marcada por las responsabilidades de la gestión universitaria. Como secretaria académica de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica de La Plata (UCALP), sus días transcurrían entre tareas, compromisos institucionales y las demandas propias de una comunidad educativa. En medio de esa dinámica, detenerse para atender sus propias necesidades no siempre encontraba un lugar en la agenda.
Pero la vida le impuso una pausa. El diagnóstico de cáncer de mama modificó sus prioridades y la llevó a reorganizar su cotidianeidad para concentrarse en su salud y afrontar el tratamiento.
El proceso no fue sencillo. Implicó alejarse temporalmente de sus funciones, modificar hábitos y aceptar que, por un tiempo, las obligaciones debían quedar en segundo plano. También supuso aprender algo que muchas veces resulta difícil en medio de las exigencias diarias: reconocer los propios límites y permitirse recibir ayuda.
A partir de esa experiencia, Navarro comparte una reflexión que trasciende su historia personal. La dedicación al trabajo y el compromiso con los demás no deberían significar el abandono del cuidado propio. Hacer una pausa, escuchar al cuerpo y dar prioridad a la salud también son decisiones necesarias.
La prevención, más allá de una fecha
En el marco del mes de sensibilización sobre el cáncer de mama, su mensaje adquiere especial relevancia. La concientización, sostiene, no puede quedar limitada a una campaña o a una fecha señalada en el calendario. Debe traducirse en acciones concretas durante todo el año, entre ellas, los controles médicos periódicos, la consulta oportuna ante cualquier cambio y el acompañamiento a quienes atraviesan la enfermedad.
Su experiencia también interpela a quienes viven pendientes de sus responsabilidades laborales, familiares o institucionales y postergan sus propias necesidades. En una sociedad que suele premiar la productividad y la disponibilidad permanente, detenerse para cuidar la salud puede convertirse en una decisión tan necesaria como postergada.
En ese camino, Navarro destaca el valor del acompañamiento recibido de su familia y de sus compañeros de trabajo, cuyo apoyo ha sido fundamental durante el tratamiento y la recuperación. Una red de afectos y solidaridad que recuerda que atravesar una enfermedad no tiene por qué ser un camino en soledad.
Cuidarse también es una prioridad
Desde la UCALP, la experiencia de María Navarro se transforma en una invitación a reflexionar sobre la prevención, el acompañamiento y la importancia de escuchar las propias necesidades.
El cáncer de mama requiere información, controles adecuados y atención médica oportuna. Las recomendaciones de detección deben ajustarse a la edad, los antecedentes y las circunstancias de cada persona, por lo que es importante consultar con profesionales de la salud.
La historia de María deja, además, una enseñanza que va más allá de la enfermedad: no siempre es posible elegir cuándo la vida nos obliga a detenernos, pero sí podemos aprender a no postergar indefinidamente aquello que resulta esencial.
Porque cuidar a los demás, asumir responsabilidades y comprometerse con una tarea son valores fundamentales. Pero cuidar de uno mismo también lo es. Y, en ocasiones, hacer una pausa puede ser el primer paso para volver a mirar la vida desde otra perspectiva.
Lic. María Navarro
Fuente: Prensa UCALP.
Lic. María Navarro