Por María Silvia Dalla Lasta* –
Hoy 10 de octubre es el día mundial de la SALUD MENTAL y me nace escribir esto por si a alguien le sirve.
Nunca pensé que pasaría una DEPRESIÓN, ni siquiera tenía claro lo que el termino implicaba. De hecho, creo que nadie sabe lo que es, solo quién lo ha pasado o quién lo ha vivido en una persona cercana.
No es simple tristeza, desgano, desazón… es sentir que no habitas en tu cuerpo (tiene un nombre técnico y es “despersonalización”) … sentir que se desmoronó el camino por el que transitabas… Es querer desaparecer y sentir que ellos estarán mejor sin vos…es sentir que no mereces nada…que no hay salida posible… que los que te dicen “se sale”, “es un proceso”, “anímate” no tienen ni idea. Sentir que te mienten… Una desesperanza inmensa, un miedo aterrador, una presión en el pecho y un bombardeo de pensamientos malos en tu cabeza, imposibles de callar…
Perdí mi normalidad…todo era un mundo: iniciar el día, preparar el desayuno, hacer una receta…no me funcionaba la cabeza, no podía concentrarme ni siquiera en ver la tele, en si comía o no… habría mi armario y sentía que nada me pertenecía… También esto, según fui aprendiendo, tiene un nombre técnico: “perdida de la capacidad ejecutiva”.
Justo por esta fecha estoy cumpliendo un año de que empezó mi mejoría. Después de varios tratamientos infructuosos con tres antidepresivos diferentes, por fin un combo de tratamiento con litio y terapia hormonal, más ayuda psicológica y un entorno por demás amoroso, me permitió subir, escalón a escalón, a la superficie.
Y quiero contarlo porque creo que se debe hablar más de SALUD MENTAL, porque conocer y saber del tema lo normaliza, lo hace más fácil de enfrentar…asusta menos…rompe paradigmas y prejuicios.
Quiero dar gracias a mucha gente, porque sin ellos no habría podido….
El principal, mi marido, nadie como él sabe lo que fue…muchas veces al punto de la desesperación, pero estuvo ahí, día y noche, cuidándome y haciendo que nuestra familia funcione con cierta normalidad…
Mis hijos, con sus abrazos, sus gestos de amor y detectando que mamá no daba para mucho, lo hacían más llevadero.
Mis amigos, los que llamo “mi familia elegida” porque estuvieron siempre allí, preocupados, consultando e investigando por todos lados, que podía estar pasando.
Mis amigas…
Gracias por estar…por invitarme a desayunar y normalizar que yo estuviera en silencio…por respetar mis necesidades si prefería reuniones más pequeñas, de menos tiempo o poder retirarme sin dar explicaciones… por acompañarme a caminar, al gimnasio, por hacerme reír y distraerme.
Gracias a personas que, sin ser tan cercanas, se abrieron contándome su propia experiencia y eso me hacía bien. Saber que no era solo yo, que más personas pasan por cosas parecidas.
Gracias a mi psiquiatra José Miguel y a mi psicóloga Nerea, por sostenerme y crear una red de contención.
Gracias a mí hermano Cocó por cruzarse el mundo para acompañarme en el peor momento y por seguir estando a la distancia siempre, igual que el resto de la familia.
Gracias también a mi entorno laboral por recibir empatía y muestras de cariño y apoyo, y permitirme un tiempo de adaptación para volver.
Nunca pensé que viviría algo así. Soy muy organizada, muy disciplinada…muy “ingenierita” …siempre intentaba controlar todo y estar para todos…
Este proceso me enseñó que no todo se controla y el mundo puede ponerse patas arriba en un momento.
Ojalá no hubiera pasado, pero como ya pasó…como dicen en una serie que vi…”haré limonada de los limones amargos”, lo endulzo y lo comparto con quien necesite una palabra de aliento, una lucecita de esperanza, saber que no están solos.
Se puede… se sale…vale la pena vivir
Y se puede decidir ser feliz.
Sevilla, 10 de Octubre de 2026
*Colaboración para En Provincia.
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