Cuando atreverse a soñar también es un acto de valentía

Tres mujeres transformaron el dolor, la amistad y las ganas de salir adelante en un proyecto turístico que hoy le da nueva vida a Estancia Los Álamos, en Roque Pérez.

Hay historias que nacen de una oportunidad. Otras, en cambio, surgen de momentos difíciles, de pérdidas, cansancio y responsabilidades que parecen no dar tregua. Pero a veces, incluso en medio de esas circunstancias, aparece algo capaz de cambiarlo todo: el encuentro con otros.

Eso fue lo que ocurrió con Patricia Catelani, Dalma Nicomedes y Karina Pereyra, tres mujeres de Roque Pérez que, atravesadas por distintas experiencias personales, encontraron en la amistad una manera de reconstruirse y volver a proyectar un futuro.

Lo que comenzó como un espacio de contención mutua terminó convirtiéndose en un emprendimiento turístico y comunitario que hoy busca recuperar el valor de los encuentros simples, el contacto con la naturaleza y la vida compartida.

Historias atravesadas por la resiliencia

Patricia Catelani tiene 39 años y es madre de dos hijos. Durante años dedicó gran parte de su vida al cuidado de sus padres mayores mientras sostenía distintos trabajos para salir adelante: desde la venta de lencería hasta tareas de limpieza y elaboración de ensaladas de frutas.

Dalma Nicomedes, de 35 años y mamá de dos adolescentes, atravesó uno de los momentos más duros de su vida tras perder, en el mismo año, a su padre y a su sobrino. Al mismo tiempo debió acompañar el tratamiento psicológico de su hijo y sostener emocionalmente a su familia.

Karina Pereyra, de 51 años, madre de una hija y hermana mayor de diez hermanos, trabajó desde muy joven. Emprendedora y perseverante, construyó su camino laboral desde los 12 años, siempre apostando a nuevos desafíos.

Las tres comenzaron a compartir encuentros cotidianos, charlas y momentos de alivio frente a las exigencias diarias. Sin saberlo, esos espacios serían el punto de partida de algo mucho más grande.

El lugar donde nació una idea

Todo cambió durante una celebración del Día del Amigo en Estancia Los Álamos, un predio ubicado a pocas cuadras del centro de la ciudad.

El lugar, rodeado de naturaleza y silencio, generó en ellas una sensación distinta. Lejos del ritmo acelerado, los celulares y las redes sociales, volvieron a conectarse con algo esencial: el disfrute del tiempo compartido.

“Nos sentimos otra vez niñas”, recuerdan quienes participaron de aquel encuentro atravesado por charlas, juegos y largas sobremesas acompañadas por el canto de los pájaros y el sonido de las ranas durante la noche.

La experiencia impactó especialmente en Karina, que decidió celebrar allí su casamiento. Quería una boda diferente: íntima, sencilla y auténtica, en un entorno natural y relajado. El resultado superó todas las expectativas.

“La gente no quería irse. Todos se llevaron una sensación especial”, cuentan.

Poco tiempo después llegó una noticia inesperada: el predio iba a cerrar por problemas de gestión.

Lejos de resignarse, Karina decidió hablar con José, propietario del lugar. Le contó lo que habían vivido allí y le presentó una propuesta nacida más desde la emoción y la convicción que desde un plan comercial tradicional.

La respuesta fue inmediata: les dio la oportunidad de hacerse cargo del proyecto.

Mucho más que un complejo turístico

Así nació una nueva etapa para Estancia Los Álamos. Patricia, Dalma y Karina se propusieron crear algo distinto: no solamente un espacio para hospedarse, sino también un lugar de encuentro para la comunidad.

La idea fue recuperar costumbres que parecían quedar atrás: almuerzos familiares, reuniones entre amigos, tardes compartidas por adultos mayores, actividades culturales y propuestas para emprendedores locales.

Actualmente, el emprendimiento funciona sobre un predio de dos hectáreas que combina descanso, naturaleza y actividades recreativas. El espacio cuenta con fogón, pileta al aire libre, cancha de vóley, juegos para niños, laguna privada con kayaks, bicicletas de alquiler, cinco cabañas y cuatro habitaciones equipadas para alojar hasta 36 personas.

Cada unidad dispone de baño privado, cocina completa, hogar a leña, parrilla individual y desayuno casero con impronta campestre.

Además, el lugar ofrece jornadas de campo, almuerzos de domingo, eventos sociales, casamientos y encuentros empresariales con capacidad para más de cien personas.

Pero detrás de cada actividad hay una intención más profunda: volver a generar espacios donde las personas puedan compartir tiempo de calidad, lejos del ruido cotidiano.

Un destino para redescubrir la vida de pueblo

Ubicada en el centro de la provincia de Buenos Aires, Roque Pérez se consolidó en los últimos años como uno de los destinos elegidos para escapadas rurales y turismo de cercanía.

Entre sus principales atractivos aparece el histórico Museo Casa Natal de Juan Domingo Perón, conocido por los vecinos como “El Rancho”, donde nació el expresidente argentino en 1893.

Otro de los sitios emblemáticos es el Cine Club Colón, considerado el único cine-teatro rural de la provincia de Buenos Aires. Construido en 1933, el espacio continúa siendo escenario de actividades culturales, festivales y encuentros populares.

A esto se suma la tranquilidad de sus calles, las antiguas casonas recicladas, la gastronomía casera y la vida de pueblo que conserva el ritmo pausado de otra época.

Para quienes llegan desde grandes ciudades, Roque Pérez ofrece justamente eso que muchas veces parece perdido: silencio, naturaleza y tiempo compartido.

El valor de volver a empezar

La historia de Los Álamos no nació de una gran inversión ni de un plan empresarial tradicional. Surgió de la necesidad de encontrar un refugio en medio de momentos difíciles y del deseo de transformar una experiencia personal en algo colectivo.

Hoy, ese proyecto impulsado por tres mujeres representa mucho más que un emprendimiento turístico. Es también una historia de amistad, resiliencia y segundas oportunidades.

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Fuente: Kan & Cicaré Cristela Cicaré Prensa y Difusión.