Editorial –
En las últimas horas se viralizó un video en el que una joven, identificada como Milagros de Simone, manejó a 180 km/h por las calles de Berisso, cruzó al menos tres semáforos en rojo y celebró la maniobra junto a una amiga que la filmaba. En las imágenes se escucha a las jóvenes gritar: “¡Nos pasamos, nos pasamos a 180! Daleee”, mientras el velocímetro subía sin freno. La Agencia Nacional de Seguridad Vial intervino de inmediato y anunció sanciones ejemplares, iniciando el proceso para inhabilitar la licencia de conducir de la protagonista
Este episodio volvió a poner en debate la relación entre juventud, redes sociales y responsabilidad vial. Filmarse conduciendo a más de 180 kilómetros por hora, además compartió como si se tratara de un logro personal. El gesto, presentado como “hazaña”, expone una problemática grave: la naturalización de conductas que ponen en peligro la vida propia y la de terceros.
Convertir la imprudencia en contenido para redes sociales no es un acto inocente. La filmación y difusión de estas prácticas refuerzan la idea de que la transgresión es motivo de orgullo, cuando en realidad se trata de una violación directa a las normas de tránsito y a la convivencia ciudadana. La velocidad extrema no es un mérito: es un riesgo que multiplica las posibilidades de accidentes fatales.
La exposición pública de estas conductas genera un efecto de imitación. En un ecosistema digital donde la búsqueda de “likes” y seguidores se convierte en motor de acción, mostrar la imprudencia como espectáculo puede alentar a otros a repetirla. La irresponsabilidad individual se transforma así en un problema colectivo.
El episodio revela una falta de conciencia sobre el impacto social de las redes. No se trata solo de un exceso de velocidad, sino de la construcción de un relato que legitima el peligro. La ciudadanía necesita comprender que cada publicación es también un mensaje: lo que se celebra o se exhibe contribuye a moldear comportamientos.
La conducción segura es un derecho y una obligación. Las redes sociales no pueden convertirse en vitrinas de imprudencia. Transformar el volante en escenario de espectáculo es negar la dimensión comunitaria de la vida en tránsito. La crítica no apunta a demonizar a una persona, sino a señalar un patrón cultural que debe ser revertido.
El antecedente de La Plata
El caso recuerda inevitablemente a Felicitas Alvite, conocida como “La Toretto”, quien en abril de 2024 atropelló y mató al motociclista Walter Armand en La Plata. La joven está acusada de homicidio y enfrentará juicio oral en noviembre de 2026. El episodio, que conmocionó a la ciudad, mostró cómo la imprudencia al volante puede tener consecuencias irreparables: una vida perdida y una comunidad marcada por la tragedia.
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