Por Luna Carrara*
La ciudad se inauguró con una gran celebración popular en noviembre de 1882. Hubo invitados, carpas, comida para miles de personas y un detalle inesperado: el calor y la humedad echaron a perder la carne del festejo.
El 19 de noviembre de 1882 no fue un domingo cualquiera en las lomas de Ensenada. Ese día, el gobernador bonaerense Dardo Rocha encabezó la fundación de La Plata, la ciudad que había sido proyectada para convertirse en la nueva capital de la provincia de Buenos Aires.
Pero detrás del acto solemne también hubo una celebración multitudinaria, con una anécdota que merece rescatarse del pasado.
Según una reseña histórica publicada por la Legislatura bonaerense, a la ceremonia llegaron visitantes de distintos puntos del país. El primer tren había partido desde la estación Central de Buenos Aires a las 5.25 de la mañana, mientras que el convoy que trasladaba a las autoridades salió al mediodía y tardó unas tres horas en llegar.
En el lugar elegido para la ceremonia, donde hoy se encuentra la plaza Moreno, se colocó la piedra fundamental de la nueva ciudad. Debajo de ella quedó resguardada una caja con documentos, el acta fundacional, planos y diarios de la época.
Después llegó el momento de los festejos.
Se preparó un edificio de madera para recibir a unos 300 invitados de gala y se instalaron carpas a lo largo de la avenida 51 para albergar al resto de los asistentes. La misma reseña estima que concurrieron entre 3.000 y 4.000 personas y que también se organizó un asado popular.
La celebración incluía reses, capones, fiambres, cerveza, vino y naranjas. Sin embargo, el clima terminó jugando una mala pasada: la carne se arruinó por el calor y la humedad.
La crónica histórica también vincula con aquel festejo a José Hernández, el autor del Martín Fierro, quien estuvo a cargo del asado.
Así, la fundación de una de las ciudades más singulares de la Argentina quedó asociada no solo con sus diagonales, sus plazas y su planificación urbana, sino también con un contratiempo bien terrenal: ni siquiera una celebración organizada para marcar un acontecimiento histórico estuvo a salvo de los imprevistos.
Una curiosidad de nuestra historia bonaerense: La Plata nació como una ciudad planificada, pero el día de su fundación tuvo una escena que cualquier organizador de eventos puede entender todavía hoy: cuando el clima no acompaña, ni el mejor de los festejos sale exactamente como estaba previsto.
*Colaboración para En Provincia.