Por Elvira Yorio* –
Infancia… del latín: in fantes, no hablante. Al decir “el que no habla” se está aludiendo a una carencia, algún tipo de incapacidad. El infante, no tiene una idea clara de lo que lo rodea, se limita a contemplar el mundo, desde el asombro con que descubre cotidianamente la vida. La infancia es la etapa de la existencia que fundamenta la adultez. De allí que las experiencias, traumas y conflictos que se susciten en ella, sean tan importantes en la conformación del futuro psicológico de ese ser humano. Así lo afirma Montessori, en ese tramo se sientan las bases de la personalidad adulta. En términos similares se pronuncia Freud: la infancia es el destino, dice. Lo cierto es que, en ese período, hay un humano empezando a “ser”. Todo está a la intemperie en él, aún no ha confeccionado las defensas que van a cubrir y recubrir su incipiente personalidad. Permanece en “carne viva”, todavía se muestra sensible y vulnerable. A lo sumo, hay una persona en vías de realización. Por eso, parece cuanto menos un poco aventurado, calificar a esa época como la más feliz. Durante mucho tiempo se sostuvo ese criterio, considerando una ventaja la dependencia total del entorno, y como consecuencia, la falta de responsabilidades, ésas que suelen abrumar a los adultos: trabajar para ganar el sustento, criar hijos, cuidar enfermos, pagar facturas… Craso error. Los niños sufren, tal vez lo hagan de forma más sutil que el adulto, pero no menos profunda, ni dolorosa. Al contrario, en la infancia todo se magnifica. Por ejemplo: la soledad, científicamente demostró ser un factor de riesgo, que puede llegar a provocar psicosis en el futuro adulto. Se ha debido recorrer un largo camino para reconocer al niño sus derechos. En tal sentido a mediados del siglo pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas emitió, por unanimidad, la Declaración de los Derechos del Niño (1959). Posteriormente, en 1989, pronuncia una nueva declaración que principia por otorgar a ese instrumento fuerza legal obligatoria entre los países que la suscribieron y los que luego adhirieron. Consagra el derecho a la vida, salud, intimidad, libre expresión, participación (ser escuchado), educación, identidad, etc. En nuestro país se sancionó la Ley 26.061 /05, de protección integral a la niñez. Si bien reconoce a los menores como sujetos de derecho, y prevé la creación de órganos especializados, para atender a su protección y necesidades, su implementación no satisfizo las expectativas que generó. De allí que la iniciativa privada se haya movilizado con el propósito de cubrir cuestiones irresueltas, que afectan a un sector de la minoridad. En nuestro medio, la Asociación “Felicitas para el Desarrollo Integral de la Niñez en la ciudad de La Plata” se ocupa desde hace más de diez años, de organizar grupos de familias denominadas “familias de acogimiento”, que se comprometen durante un tiempo limitado, a brindar cuidado integral a niños privados de apoyo familiar, o que por otras razones, resulte conveniente para el interés los menores, apartarlos de ese medio. Las familias que participan en este emprendimiento, además de proporcionar voluntariamente a los niños contención material y espiritual, también se conectan (en la medida de lo posible) con las familias de origen, para trabajar de consuno en la tarea de revinculación o bien en el tema de la adopción. Se trata de cuidados transitorios, hasta que los niños puedan volver a reinsertarse en su familia, o sean adoptados vía judicial. Esta Organización no gubernamental (O.N.G.), conduce el programa “Familias Solidarias de la Provincia de Buenos Aires”.
En esa incesante labor en pro de la infancia que lleva a cabo esta noble entidad, es esencial contar con la adhesión de la comunidad, que puede concretarse de diferentes formas: como familias de acogimiento, o a través de donaciones, trabajos etc. Hoy tenemos el honor de presentar un libro que, con ameno formato, hermosas ilustraciones, y contenido adaptado a los más pequeños, explica el modo en que se concreta el vínculo con los menores que ingresan a ese circuito de amor y contención que es “Felicitas.”
Sostener este libro entre las manos, produce ya una gran emoción. A poco que se hojee, advertimos que trasmite un acto de amor. En este mundo convulsionado y a veces hostil y más aún, agresivo, estas páginas representan un bálsamo, una caricia para el alma. A la vez es un singular llamado a la reflexión, una posibilidad de despertar la solidaridad que a veces está encerrada en nuestro interior y que cuando asoma y se convierte en ayuda a quien lo necesita, nos permite valorarnos como seres humanos que se reencuentran con lo mejor de sí mismos.
Este libro, es un pedazo de la historia de un niño, Feli, o cualquier niño que, en un momento de su vida necesita integrarse a una familia, para después poder seguir su camino y realizar un buen destino, como todos los niños merecen. Con palabras simples y justas, describe ese momento del encuentro con nuevos afectos, la forma en que de a poco, se va conociendo ese grupo humano que va a compartir desde el techo hasta todas las vivencias cotidianas que experimenta una familia. Todo ello, sin perder de vista la “provisoriedad” de esa convivencia, a fin de no crear falsas expectativas ni en el niño, ni en la familia de acogimiento.
¿Por qué “tenemos” que colaborar con esta iniciativa? Desde luego que no preciso abundar en detalles: hay niños en riesgo, criaturas con necesidades elementales desatendidas, seres carentes de toda protección. Podemos hacer algo por ellos, cada uno en la medida de sus posibilidades, pero reitero: no solo será en favor de ellos, beneficiará a la comunidad, y lo más significativo: a nosotros mismos, porque sin ningún fin especulativo, estaremos dando al otro, y a cambio, nos sentiremos mejores, alcanzando la paz interior que proporcionan las buenas acciones. Así también lo trasmitiremos a quienes podamos servir de referencia. Ese “encadenado” de buenas acciones contribuirá a construir un mundo mejor, en el que valga la pena vivir. No nos detengamos en la queja, en la crítica superflua, en lo que consideramos “la santa indignación de los justos” … ¡No sirve! Tratemos de ayudar desde donde podamos y como podamos, lo importante es comprometernos en alguna acción que sume, aportando algo al resultado final que todos esperamos.
Presentan un libro sobre acogimiento familiar en el Colegio de Escribanos
*Colaboración para En Provincia. – Discurso ofrecido durante el encuentro de la presentación del libro “Las familias de Feli” en el marco de la difusión de la labor de la Asociación Felicitas, dedicada al desarrollo integral de la niñez.
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