Por Elvira Yorio* –
El libro “Mi padre” (Ed. Planeta) de Leandro Illia, fue presentado en La Plata el pasado viernes.
El acto se llevó a cabo en el Comité de la Unión Cívica Radical, Sección Quinta, ante una entusiasta concurrencia que desbordó el salón de actos. La apertura del acto estuvo a cargo de Rogelio Blesa, seguidamente hizo uso de la palabra la presidente de la entidad Noralí Barbero. Luego habló el presidente del Comité Junta Central, Pablo Nicoletti. Entre los presentes se encontraba el concejal Gustavo Staffolani, quien hizo entrega a Leandro Illia de una Resolución adoptada por el Concejo Deliberante de la Municipalidad de La Plata, declarando al libro de interés municipal.
El acto estuvo impecablemente organizado y constituyó una cálida demostración de hospitalidad para todos los asistentes. La convocatoria previa, fue amplia: “abierto a toda la comunidad”. Es cierto que Illia militó desde la adolescencia en el partido Radical, pero a partir del desempeño como presidente, su figura exorbitó lo partidario, para adquirir presencia entre todos los integrantes de la comunidad, sin distinción. Por ello, cualquier espacio público, municipal o provincial, o un colegio profesional, también hubieran sido ámbitos propicios, dado la índole del acto.
Y ya en relación al magnífico libro sobre una vida que gravitó hondamente en nuestra república, el autor se refirió al mismo, iterando acontecimientos protagonizados por el ex presidente en distintas etapas, matizando la exposición con anécdotas y compartiendo, con palabras no exentas de emoción, impresiones propias.
En un tramo de su alocución, destacó que Illia siempre propició el diálogo, el respeto por el disenso, y la convivencia pacífica, desdeñando el uso de la fuerza. Desde esa perspectiva, señaló cuán distinto hubiera sido el destino de nuestra patria, de no mediar el golpe de Estado que quebró el orden institucional, dado lugar a la desorganización nacional y al imperio de la violencia.
A consecuencia de la rememoración de una existencia en cuyo devenir, el autor fue testigo privilegiado, otra vez la figura de Arturo Illia convoca a la reflexión. En primer lugar sobre la vocación, que en su caso puede sintetizarse como “servicio al prójimo y a la patria”, puesto que la medicina y la política fueron solo los instrumentos idóneos para su realización plena.
En ese incesante y apasionado quehacer al que dedicó su vida, exhibió una perfecta coherencia entre su palabra y su acción, como lo dice su hijo en las palabras finales del libro. Nos recuerda el concepto sustentado por Ortega y Gasset y podría servir para definirlo: ”La verdad de un hombre estriba en la correspondencia exacta entre el gesto y el espíritu, en la perfecta adecuación entre lo externo y lo íntimo”. Asimismo, nos induce a pensar sobre los enemigos de la democracia, siempre presentes en todas las civilizaciones y todos los tiempos, bajo uno u otro rótulo ideológico. Ésos, que, en nuestra realidad vernácula, se valieron de los más bajos recursos para atomizar a los partidos políticos y prácticamente anular toda posibilidad de liderazgos genuinos. Y digo genuinos, porque excluyo a lo que muchas veces se denominó así, y solo es burdo caudillismo.
Así estamos, por eso cuando hablo de liderazgo, lo hago en su más elevado sentido: maestría de vida institucional y ciudadana, concepto huidizo en esta realidad que transitamos. De allí la importancia de que, como aclara el autor en el enunciado inicial, las actuales y futuras generaciones conozcan la obra de Illia y su legado ético.
En estos momentos se necesitan ejemplos señeros que constituyan una guía para no perderse en la confusión de los valores, la depreciación de la responsabilidad y el caos social, espontáneo o provocado.
Recordamos a Hesse, que hace muchas décadas advirtió: “Maestros necesitamos más que otra cosa, hombres que infundan en la juventud la capacidad de medir y de juzgar, y sus modelos estén en el respeto a la verdad, la obediencia al espíritu, el servicio de la palabra.”
Illia, para quien la educación era un objetivo primordial, fue un maestro, y lo seguirá siendo para todas aquellas personas de bien que, inspiradas en su conducta y enseñanzas, quieran concebir un mundo mejor y se animen a luchar por conseguirlo.
*Colaboración para En Provincia*