Un poco de lo mucho que no sabemos

Por Elvira Yorio* –

Nos creemos omnipotentes, dueños de un mundo que intentamos dominar. Medimos, comprobamos (?), analizamos con suficiencia, formulamos teorías que se sostienen temporalmente, hasta que vienen otras con nuevos fundamentos, a reemplazarlas. En realidad, somos renuentes a admitir que sabemos poco. Hay quienes sonríen con indulgencia, al recordar la frase de Sócrates (solo sé que no sé nada) y le imputan falsa modestia, en lugar de reconocer su sabiduría.

 Reconozco que es mejor no pensar en todo aquello que no vemos, pero está y “vive” en el entorno: bacterias, virus, hongos y millones de microorganismos…la realidad a nuestro alrededor está notablemente limitada. No solo existen en las superficies y sobre nosotros mismos, sino suspendidos en el aire en forma de partículas.  

¿Y si miramos el cielo? ¡Tan inmenso y profundo! Desde comienzos del siglo 17 se trabajó en el diseño de aparatos que permitieran acercar las imágenes lejanas. Se llega así a Galileo Galilei quien arma un telescopio que le permitió observar, a distancias kilométricas, objetos como planetas y estrellas. Después hubo grandes progresos en óptica, se amplió así el campo de visión del universo, con nuevos aparatos de mayor precisión. No obstante, estamos capacitados para ver solo estrellas, planetas, asteroides y agujeros negros… que apenas representan el cinco por ciento de la totalidad del universo. Todo lo demás es una incógnita formada por materia oscura. Y también está la energía oscura que, se presume, es la fuerza que provoca la “expansión acelerada” del universo. Estas afirmaciones, en realidad, son conjeturas. Se parte del supuesto de que la materia se concretó hace más de trece millones de años, pero los cosmólogos aún no han alcanzado a determinar cuál es la composición de la materia oscura. Cuando Einstein enuncia la teoría de la relatividad, también cambia el concepto que hasta entonces sustentaba la llamada “ley de gravedad”. Define a la gravedad como la curvatura provocada por fenómenos emanados de una masa como puede ser el sol. De modo tal, afirma que la gravedad no se constituye mediante una fuerza de atracción, sino por la combinación de materia y energía que determina la deformación de la estructura espacio-tiempo. Complejo, ¿verdad? Más aún, cuando avanza la investigación, en un intento de combinarla con otras fuerzas: la electromagnética y las nucleares, pretendiendo de esta forma una mejor comprensión del universo. En concreto, conciliar la teoría que lo explica como un macrocosmos (relatividad) con aquella posterior, que se centra en el microcosmos (cuántica). Posteriormente, se refuta también la mecánica cuántica. En eso están los científicos, que no cesan de asombrarse al avizorar posibilidades jamás imaginadas. Se admite desde tiempo atrás, que hay vida en otros planetas, al menos vegetal, e incesantemente se investiga también si otros seres, similares a nosotros, habitan en ignotas galaxias.

El mar…ah el mar insondable y misterioso…en las profundidades de los océanos, también desconciertan a los científicos los agujeros submarinos que, como los agujeros negros del espacio, dan motivo a las más variadas conjeturas. En realidad, pese a los avances de la oceanografía, solo se ha logrado explorar un veinte por ciento de esos ámbitos abisales, con ignorados ecosistemas, o fenómenos apenas entrevistos como el “oxígeno oscuro” que suscitó las más disímiles suposiciones.         

Ni en la tierra, ni en el cielo, ni en los océanos o…sí, quizás en todos, exista otra dimensión, que intuimos, pero desconocemos. Un mundo paralelo que no alcanzamos a percibir con nuestros sentidos. Hay quien afirma que en una cuarta dimensión pueden verse hechos del pasado y del futuro, dado que ella carece de tiempo. Muchas personas, solas en un lugar, experimentaron la sensación de alguna presencia no vista. Otros fenómenos paranormales nos han sorprendido, pues carecen de explicación racional. Es cierto que estas percepciones extrasensoriales suelen atribuirse a distintos mecanismos del cerebro, o simplemente a sugestión, ya sea espontánea o inducida por terceros, pero… ¿podemos descartarlas de plano? Muchos dicen haberlas vivido.

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Un perro oye sonidos que no alcanzamos a oír nosotros. Lo mismo ocurre con ballenas, murciélagos, víboras, delfines… Se han constatado infrasonidos y ultrasonidos que el oído humano no registra. Son ondas variables, ya que pueden ser de grandes o de breves longitudes. Eso prueba que estamos lejos de tener el control de esos acontecimientos en apariencia tan simples, aunque hayamos construido aparatos que miden el sonido o registran la presión sonora.

 Confiamos en los cinco sentidos para conectarnos con el entorno. ¿O hay alguno más? Parece que sí. La percepción del cuerpo en el espacio o propiocepción. Las sensaciones de hambre y sed o interocepción. La actividad vestibular (oído interno) que nos permite mantener el equilibrio y se relaciona con el movimiento, orientación y coordinación. Muchos los usan e ignoran que los tienen.

 Desde otra perspectiva ¿Existe la precognición?  Entendiendo por tal la facultad de conocer o predecir hechos antes de su efectivo acaecimiento, lo cual aún carece de confirmación científica. ¿Y la telepatía? A saber, transmisión a la distancia de pensamientos entre dos personas, prescindiendo de los sentidos, por cierto, una actividad puramente mental, tampoco aceptada por la ciencia. A contrapelo de la ciencia, en los hechos cotidianos hay muchos ejemplos.

¿Es posible considerar al sueño como un viaje psíquico hacia otra dimensión? Conocemos las investigaciones que hizo Freud al abocarse a la interpretación de los sueños, pero, superando esas teorías no siempre confirmadas, se arriesga la enunciación de las que especulan con la incursión en otros planos astrales. Aunque parezca extraño, sostienen que en el sueño se produce una separación del cuerpo físico y, consecuentemente, la incursión del alma en otros planos. Los denominados “viajes astrales”, aparecen como representaciones realistas, en los cuales la conciencia y el cuerpo físico se separan. No solo en el sueño, algunas personas que atravesaron experiencias cercanas a la muerte, también hablan de ese desdoblamiento de la mente y el cuerpo. La eximia médica Elizabeth Kübler Ross, desde su vasta y reconocida asistencia a enfermos terminales, asimila la experiencia de la muerte con la del nacimiento. Además, describe numerosos casos en los que, aparentemente, se produjo aquella separación por algunos momentos, lo que le permitió hablar de vida, más allá de la vida. Muchos otros médicos, en contacto con este tipo de acontecimientos protagonizados por sus pacientes, sostienen la posibilidad de ese fenómeno, siendo enorme la cantidad de testimonios coincidentes.     

Hablar de reencarnación es remontarnos a antiguas creencias religiosas que se han mantenido a través de los siglos. La transmigración de las almas, la existencia de un karma, y el destino de la conciencia después de la desaparición del cuerpo, son cuestiones que pueden explicarse si se acepta que la conciencia está constituida por energía, una energía pura que trasciende el cuerpo material. Esa aceptación que le hizo decir a Carl Jung: “…tal vez haya vivido vidas anteriores, y encontrado preguntas a las cuales no pude responder; por eso tuve que volver a nacer, por no haber cumplido la tarea que me correspondía”. Muy poéticamente, lo encontramos en “Juan Salvador Gaviota” el inefable personaje creado por Richard Bach, cuando pregunta: “¿Tienes una idea de cuántas son las vidas que hemos tenido que pasar, para llegar a tener el primer atisbo de que hay algo más importante que comer, pelear, o detentar el poder en la bandada? Mil vidas, diez mil vidas, y luego, otras cien vidas, para llegar a entender que el propósito de la existencia es descubrir la perfección y realizarla.”

Dentro de ese orden de ideas, aparece la terapia de regresión a vidas pasadas, que cuenta con muchos adeptos. Más allá de la resistencia que suscitan este tipo de tratamientos no convencionales, es evidente que se han producido testimonios creíbles, tanto de profesionales que la ponen en práctica, cuanto de personas que han resuelto por ese medio, serios problemas psíquicos. Brian Weiss es un médico psiquiatra de Estados Unidos, con una importante formación académica, que adquirió enorme notoriedad (hace casi cuarenta años) después de la publicación de un libro donde describía su experiencia profesional mediante la hipnosis. Su método consiste en facilitar el recuerdo de situaciones traumáticas no resueltas en otras vidas. En Argentina esta terapia ya se ha convertido en una especialidad.

A través de esta breve reseña se advierte que hay interminables territorios que no llegaremos jamás a explorar. La comarca conocida tiene aún un perímetro reducido. Estamos condicionados en esa permanente búsqueda de certezas, y además nos cuesta desapegarnos de las tradiciones heredadas y los dogmas aceptados. Eso, por no hablar de los prejuicios intelectuales que nos mantienen aferrados a un racionalismo inamovible. Sabemos poco del planeta tierra, de la bóveda celeste menos, algo del mar, y de otros temas…casi nada…Durante mucho tiempo el conocimiento se circunscribió a aquello susceptible de caer bajo la órbita de nuestros sentidos, pero fue asaz insuficiente. Tal vez haya llegado el momento, de abrir la mente, admitir la posibilidad de existencia de otros sistemas de vida que no se apoyan en la razón, ni en la lógica tradicional. Se trata de animarnos a romper cánones laboriosamente inculcados e incorporados, y concedernos una oportunidad de acceder a algo más.

*Colaboración para En Provincia.

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