Estudiar entre notificaciones

Profesor Por Dr. Luis Sujatovich* 

La experiencia cotidiana del tiempo ha mutado. Ya no se percibe como una continuidad disponible, sino como una sucesión de pausas breves —traslados, esperas, intervalos entre tareas— que rara vez permiten una dedicación prolongada. Esta fragmentación atraviesa hoy a la cultura en su conjunto: plataformas, medios y dispositivos compiten por capturar instantes de atención en un ecosistema marcado por la aceleración y la saturación informativa. En ese contexto, la atención se vuelve un recurso escaso y estratégicamente disputado, un fenómeno que no interpela únicamente a los medios, sino que también alcanza a otros ámbitos centrales de la vida social, como la educación.

Pedagogía del intervalo

Esta transformación incide en el campo educativo y exige revisar los supuestos sobre los que se estructuraron las prácticas de enseñanza. La centralidad de tiempos largos, secuencias lineales y atención sostenida entra en tensión con experiencias de aprendizaje atravesadas por la fragmentación, la movilidad y la simultaneidad de estímulos. Más que un déficit individual, se trata de una condición cultural que redefine cuándo, cómo y bajo qué formas se vuelve posible aprender.

El microlearning no pretende restaurar un tiempo perdido. Parte de un diagnóstico pragmático: el aprendizaje efectivo hoy debe caber en intervalos breves, interrumpidos y, a menudo, móviles. Su estrategia es simple pero significativa: reorganizar el conocimiento en unidades pequeñas, precisas y autónomas.

Un antídoto contra la deserción

Uno de los principales aportes del microlearning —tanto en educación superior como en formación corporativa— es la manera en que hace perceptible el avance en contextos de aprendizaje mediados por plataformas y dispositivos digitales, caracterizados por dinámicas fragmentadas y recorridos no continuos. Al organizarse en unidades breves y cerradas, cada instancia completada funciona como un hito reconocible dentro del recorrido formativo, incluso cuando el proceso no se desarrolla de manera lineal. Este efecto tiene consecuencias directas sobre la motivación. Completar una microlección produce una sensación inmediata de logro que contribuye a reducir la deserción frecuente en propuestas extensas.

La densidad de lo mínimo

Las estrategias pedagógicas basadas en la brevedad no constituyen un atajo, sino una respuesta a las condiciones culturales contemporáneas. Cuando la continuidad temporal deja de ser el supuesto organizador de la experiencia educativa, el desafío consiste en diseñar propuestas de aprendizaje capaces de operar en la fragmentación sin sacrificar densidad ni sentido.

La acumulación de aprendizajes breves no conduce necesariamente a la dispersión, sino que puede habilitar trayectorias formativas sostenidas, relevantes y actualizables, compatibles con una concepción del aprendizaje como proceso continuo a lo largo del tiempo.

El microlearning puede leerse como una pedagogía del tiempo real. No presupone escenarios de atención exclusiva ni se apoya en condiciones ideales, sino que se inscribe en la trama de demandas superpuestas que organiza la vida contemporánea. Su potencia no reside en adaptarse pasivamente a esa situación, sino en intervenir sobre ella: convertir los intersticios en espacios de aprendizaje significativo.

*Docente e investigador – Colaboración para En Provincia.

Fuente de la imagen: COPILOT.