Pinamar y la ruleta rusa de los médanos

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Editorial –

Cada verano, Pinamar se convierte en escenario de una tragedia anunciada. Los cuatriciclos, areneros, motos y otros vehículos invaden los médanos con picadas y maniobras temerarias. Lo que para algunos es diversión, para otros se transforma en dolor: casi todos los años alguien muere en estas arenas.

¿Acaso hay que sentarse a esperar una muerte como parte de la temporada? ¿Es natural que el verano traiga consigo la certeza de un accidente fatal? La repetición de estas prácticas convierte la playa en una ruleta rusa, donde la vida se juega al azar entre la velocidad y la imprudencia.

El Estado, ausente, parece mirar hacia otro lado. La falta de controles efectivos, de sanciones claras y de prevención real perpetúa esta tragedia. No alcanza con lamentar las muertes: es necesario impedirlas. La seguridad no puede ser un lujo, ni la vida un precio que se paga por la diversión de unos pocos.

La comunidad también tiene responsabilidad. Naturalizar estas prácticas es aceptar que cada verano alguien puede morir. No se trata de prohibir el disfrute, sino de reconocer que la libertad termina donde comienza el riesgo de la vida ajena.

Pinamar no puede seguir siendo el escenario de una práctica mortal que se repite año tras año. La dignidad de un verano seguro es un derecho, no una espera. La vida no puede depender de la velocidad de un cuatriciclo ni de la indiferencia de un Estado ausente, porque las medias son siempre ineficaces si hay un accidente o una muerte de por medio..

La arena debería ser lugar de encuentro, no de duelo. La provincia necesita un verano donde la esperanza no se mida en sobrevivir a una picada, sino en disfrutar sin miedo. Pinamar merece dejar de ser ruleta rusa y convertirse en territorio de vida segura.