Mis  Banderas y Yo

Por Jorge Leiva* –

Este testimonio tiene que ver con una historia en la cual fui protagonista y siento un profundo orgullo por haber vivido esta experiencia.

Se inicia siendo muy joven, alumno de primaria / secundaria sintiendo algo muy especial por los símbolos patrios principalmente por nuestra Bandera.

Fui abanderado en la escuela primaria, en la secundaria y el orgullo que sentía cuando me designaban para izarla o arriarla en la escuela, me inflaba el pecho.

Mi vida me llevó a desarrollarme profesionalmente como oficial del Ejército Argentino y al egresar del Colegio Militar de la Nación como Oficial, mi destino fue una unidad militar en Mar del Plata, el Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601.

Es tradición en el Ejército, que los oficiales más jóvenes sean los abanderados de esa Unidad, para mí fue un orgullo enorme.

Recuerdo que, en cada ceremonia, en cada desfile, me presentaba en la oficina donde se encontraba el jefe. Allí en un cofre estaba la Bandera de Guerra. Ingresaba solemnemente, la saludaba, el jefe dejaba de hacer todo lo que estaba haciendo y se paraba a un costado.  Era una ceremonia solemne y con sumo respeto, la retiraba y salía orgulloso de llevarla sobre mi hombro, acomodando la tela de la bandera, para que quede perfectamente estirada.

Y llegó el 2 de abril de 1982. Se produce el desembarco en Malvinas y nos avisan que nuestra unidad tenía que ir a las Islas.

Recuerdo que mi jefe, en un momento en que estábamos preparando todos los pertrechos para trasladarnos a las Islas, me llama y me dice: “Leiva, tenemos que llevar la Bandera de Guerra”, ingreso con el protocolo de siempre solo que esta vez le pongo la funda y la llevo conmigo. 

Ni bien llegamos a Puerto Argentino, estuvimos emplazados próximos al aeródromo. Ahí yo tenía una carpa de dos paños como se ve habitualmente en todas las imágenes de la guerra y en esa carpa convivía con mi Bandera, nuestra Bandera y cada vez que salía a hacer alguna actividad propia de mi rol, la guardaba en la bolsa de dormir, la cerraba para que no se moje y protegerla del mal tiempo.

Una vez que se pudo cruzar todo el material que necesitábamos para cumplir con nuestra misión específica que era la Defensa Aérea y ubicar cada elemento en su posición, la Bandera la llevé al lugar donde se encontraba la jefatura, y allí permaneció todo el tiempo que duró la guerra.

Todos los días que pasaron fueron muy difíciles hasta que se produce el alto el fuego. Las emociones de ese momento son muy especiales y los sentimientos muy encontrados.

Luego de un tiempo nos dirigimos al lugar de reunión de prisioneros de guerra que se encontraba en el aeropuerto de Puerto Argentino.  Allí nos ubicamos en un lugar determinado con el personal que dependía de mí, hasta que una madrugada, nos avisan que teníamos que trasladarnos hasta Puerto Argentino, distante 16 km aproximadamente para embarcarnos en el transatlántico Canberra que nos traería al continente.

Preparando mis cosas me llama el jefe y me dice: “Leiva tome la Bandera, usted va a tener el honor de ir caminando, marchando, al frente de toda la unidad y todos vamos a ir con la cabeza en alto sabiendo que combatimos con Honor y que cumplimos con la misión.” 

Tomo la bandera, me la pongo en el hombro nuevamente, enfundada, y salimos a recorrer esos interminables 16 kilómetros, con un sinnúmero de sensaciones.

Al llegar al puerto de Puerto Argentino, subo a una lancha tipo barco pequeño que nos acerca para subir al transatlántico Canberra, voy al baño y saco de la funda la Bandera y la guardo entre mis ropas, logro pasar todos los controles y hoy la bandera está en la unidad Militar a la cual pertenece.

Pero esto es parte de la historia que me interpela al recordar estos hechos. Mi carrera militar continuó y fui destinado a otra unidad militar, el Grupo de Artillería de Defensa Aérea 101 ubicada en Ciudadela, que también participó en la gesta de Malvinas, y su Bandera también fue condecorada por su participación destacada.

Y es bajo este pabellón, que un día 23 de enero de 1989 concurrimos a recuperar el Regimiento 3 de Infantería ubicado de la localidad de Tablada en la Provincia de Buenos Aires, lugar donde fui herido por elementos subversivos que habían tomado la unidad.

Tiempo después, el GADA 101 fue disuelto lo que implicó que todos los elementos, cañones, materiales, vehículos, logística y su Bandera fueran reubicados en Mar del Plata, lugar donde está la unidad con la cual concurrí a Malvinas Y allí descansó la Bandera con sus condecoraciones y todo el material reasignado.

Y aquí viene el cierre de esta historia. El destino permitió que sucediera un hecho muy especial.  El 01 de mayo de 2025, en el acto donde conmemoramos el Bautismo de Fuego de la Defensa Aérea, se resolvió trasladar las condecoraciones de la Bandera del GADA 101, a la Bandera del GADA 601.

Tuve el privilegio, el honor de realizar ese traslado. La condecoración de la Bandera donde me hirieron en Tablada y que estuvo en Malvinas, a la Bandera que llevé y traje de la guerra.

Es un hecho enorme, de mucha emoción y agradezco al destino que me haya puesto en ese lugar. Podría haber pasado otra cosa, o tal vez la vida me hubiese llevado por otro camino, pero sucedió. 

Así fue la historia y no quiero dejar pasar este hecho sin dejar una reflexión. Poder brindar un mensaje de patriotismo, de amor por los símbolos patrios, para todas las Instituciones, civiles o militares, para todos los ciudadanos que vivimos en éste hermoso país.

Respetemos nuestros símbolos patrios, nos identifican, nos incluyen, nos representan. No olvidemos que detrás de cada bandera, hay una historia y detrás de cada historia, hay hombres que ofrendaron sus vidas para defenderla y para que siga flameando orgullosa en los mástiles de nuestro querido país.

¡Viva la Patria!

Gracias

*Veterano de Guerra / Actual Director de Planificación Aeroportuaria en la DPAO y PA.

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