Las Ruinas Babilónicas

Por Florencia Balbuena* –

Existe cierta magia en la forma en la que hasta el más pequeño detalle, la palabra más insignificante e ínfima, generan un movimiento sísmico en esta ciudad infame y destruida. Este lugar, que siempre espera mover el suelo ajeno tanto como los demás hacen temblar el suyo, anhela que la profecía se rompa, y ser reconstruida. No hay más por derrumbar, no existe ningún muro que no haya sido destruido. No queda nada, excepto algo de esperanza.

En el horizonte, se perciben manos dispuestas a ayudar en la restauración apócrifa de la ciudad. Pero también se respira cierto miedo en el aire, la incertidumbre de que sigan destruyendo lo poco que queda. Ofrezco una negociación: No tendrán que trabajar en la reconstrucción de las ruinas, no deberán levantar ni un solo ladrillo, mientras que no hagan más destrozos ni derrumben lo poco que queda. Solo tendrán que observar cómo se pone cada pieza en su lugar, y la forma tan minuciosa en que se hacen reales los jardines colgantes de Babilonia.

Una vez restaurada, lo que antiguamente fue una ruina casi infinita, no puede garantizar nada. Fue admirar su propia grandeza y pretender tomar un lugar que no le correspondía lo que selló su funesto destino; así que, ahora, no hay garantías de nada. Es cuestión de tiempo. La arena debe seguir cayendo dentro del reloj para saber si todo esto, algún día, conseguirá llegar a ser algo más que una ruina inhabitable. 

*Colaboración para En Provincia.

Imágenes: Archivo web.