Hacia las llamas

Por Soraya Veláquez* –

Nuevamente arrasa la sequía y el calor por el bosque de Arrayanes, ya son semanas enteras que las nubes cruzan el cielo sin dejar una sola gota. La tierra ya agrietada, las hojas de los árboles desprendiéndose de sus ramas en silenciosa resignación, hasta que cae la noche, como todas, ellas traen una brisa fresca que nos dan respiro y descanso a todos los que allí habitamos.

Pero esa noche no fue exactamente así, estaba yo trepado en uno de los árboles más altos, contemplando el silencio y la calma que trae consigo la noche misma, cuando de repente volvió a hacerse de día entre los arrayanes. En ese segundo no encontré lógica ni explicación al por qué de esa situación, si al fin y al cabo acababa de ocultarse el sol, pero este sol traía consigo un calor, no como el de los amaneceres, si no más bien un calor asfixiante y amenazante. Subo inmediatamente a un punto de más visualización y sí, era lo que me temía, el bosque se estaba consumiendo por las llamas.

Ya me veía perdido y sin esperanza de librarme de arder juntamente con aquellos árboles secos y casi sin vida, tomo asiento, en una de las ramas y solo espero el momento que las llamas lleguen y me consuman. Al ritmo que se aproximaban no tardarían muchos minutos en llegar. Pero en ese momento algo pasó, empecé a oír un galope firme y veloz aproximarse, pasó por debajo del árbol que me encontraba, era un caballo de pelaje completamente blanco y brillante.

Se dirigía directamente hacia el ardor del bosque, me quedé desconcertado y solo observando. En el momento que el semental se introduce en las llamas lo pierdo completamente de vista Pero se escucha su relincheo alejarse fuerte y claro.

Empiezo a ver lo inexplicable, el fuego dejó de avanzar, se quedó quieto, como que algo lo estaba absorbiendo, al mismo tiempo empezó a retroceder por donde todo comenzó: Observo con más claridad y sí, era aquel caballo blanco que comenzó a incendiarse pero sin consumirse, cada vez se iluminaba aún más, llevándose con él todo el fuego y el calor de aquel bosque.

Se alejaba hacia el Horizonte, como cuando cae la tarde, dejando nuevamente un renovado silencio y calma.

Todo esto fue en cuestión de minutos, no podía comprender lo que había sucedido, creí incluso haber estado soñando, pero sabía firmemente, por todas las emociones que me causó esta situación, que no fue así, solo sé que aquel corcel, salvó la vida de todo este bosque incluyendo mi vida, por alguna razón que quizá tenga que darme el atrevimiento de averiguarlo o de otro modo hacerlo conocer.

Me queda aprovechar cada segundo que me brinda la vida y hacer de cada momento algo grandioso, porque no todos los días va a venir un caballo blanco a salvarme de un incendio forestal.

*Alumna de la materia Practica del Lenguaje del Instituto de Formación 60001.

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