BTS en La Plata: cuando la música impregna una ciudad y hasta se habla coreano

Atenea Vecchio* –

La llegada del fenómeno surcoreano convierte a la capital bonaerense en escenario de un encuentro cultural que trasciende los escenarios. Entre el fervor de ARMY, el K-pop y una Semana Coreana abierta a todos, La Plata descubre que la globalización también puede tener ritmo, identidad y emoción.

Hay fenómenos que se explican con cifras. Otros necesitan que uno se detenga a mirar a la gente. BTS pertenece a esta segunda categoría.

Que una banda nacida en Corea del Sur consiga movilizar multitudes a miles de kilómetros de su país no es solamente una historia de éxito musical. Es también un capítulo de una transformación cultural que viene modificando la manera en que los jóvenes escuchan, se comunican, construyen amistades y encuentran un lugar en el mundo.

Y esta vez, esa historia tiene una escala platense.

La llegada de BTS a la Argentina, con presentaciones previstas para el 21, 23 y 24 de octubre en el Estadio Único, tiene su propio anticipo en las calles de La Plata. La ciudad se prepara para recibir a seguidores que encuentran en la música una pasión compartida y que, al mismo tiempo, acercan al público una cultura que durante mucho tiempo pareció distante, exótica o reservada a unos pocos interesados.

Pero hay algo más. Del 22 al 24 de octubre, el Pasaje Dardo Rocha será sede de «Hola Corea», una Semana de la Cultura Coreana organizada por la Embajada de la República de Corea, el Centro Cultural Coreano, KOTRA y la Municipalidad de La Plata. La propuesta será gratuita e incluirá actividades vinculadas con el K-pop, la gastronomía, el cine, la danza, las tradiciones y la cosmética coreana.

La programación contempla talleres, experiencias participativas, proyecciones cinematográficas y una aproximación a las expresiones artísticas tradicionales de Corea del Sur. No se trata, por lo tanto, de una celebración exclusivamente musical, sino de una invitación a descubrir un país a través de distintas manifestaciones de su cultura.

Una banda, una comunidad y un idioma compartido

Para entender lo que ocurre hay que conocer una sigla: ARMY. Así se identifica a la comunidad internacional de seguidores de BTS, una red que encontró en internet una forma de organización, pertenencia y expresión colectiva.

El fenómeno no se agota en escuchar canciones o aprender coreografías. Hay jóvenes que estudian coreano para comprender las letras originales, que se interesan por la historia del país, que descubren su cine y sus costumbres y que construyen amistades con personas a las que probablemente nunca habrían conocido sin esa pasión común.

En tiempos en que tanto se habla del aislamiento provocado por las pantallas, estas comunidades ofrecen una paradoja interesante: la tecnología que puede encerrarnos en una habitación también puede abrirnos las puertas de una comunidad global.

BTS forma parte de la expansión internacional del K-pop, un movimiento que combina música, danza, producción audiovisual, estética y una relación muy particular con sus seguidores. Su alcance demuestra que la cultura popular ya no circula exclusivamente desde los grandes centros tradicionales de la industria occidental. Corea del Sur consiguió construir una presencia internacional propia y convertirla en una de sus formas más visibles de proyección cultural.

No es un detalle menor. Detrás de cada canción que cruza una frontera también viajan palabras, imágenes, referencias y formas de interpretar el mundo.

La Plata como punto de encuentro

La Semana Coreana tiene, en ese contexto, un valor que merece destacarse. La música puede ser la puerta de entrada, pero el intercambio cultural empieza cuando el interés por un artista se transforma en curiosidad por la sociedad de la que proviene.

Un taller, una película, una experiencia gastronómica o una demostración de danza pueden despertar preguntas que van mucho más allá del espectáculo. ¿Cómo vive la gente en Corea? ¿Qué tradiciones conserva? ¿Cómo conviven sus expresiones artísticas ancestrales con una sociedad tecnológicamente avanzada y una industria cultural de alcance mundial?

La cultura deja entonces de ser una postal lejana para convertirse en una experiencia cercana.

Y La Plata, ciudad universitaria, con una identidad cultural construida alrededor de sus instituciones, sus teatros y sus espacios públicos, ofrece un escenario propicio para ese encuentro. El Pasaje Dardo Rocha no será solamente una sede de actividades: durante tres jornadas podrá convertirse en un pequeño puente entre dos sociedades geográficamente distantes, pero capaces de reconocerse a través del arte.

La propuesta también permite recordar algo que a veces se pierde en las discusiones sobre la globalización: el intercambio entre culturas no tiene por qué significar la desaparición de las identidades. Puede ser, por el contrario, una oportunidad para conocer mejor la propia a partir del descubrimiento de la ajena.

Mucho más que una moda

Habrá quienes miren el entusiasmo por BTS y vean apenas una moda juvenil. Es una interpretación posible, pero insuficiente para explicar la dimensión del fenómeno.

Las modas pasan; algunas canciones quedan. Pero las comunidades que se forman alrededor de la música también pueden dejar huellas duraderas: amistades, aprendizajes, iniciativas solidarias y un interés genuino por otras culturas.

Eso no significa idealizar a la industria musical ni desconocer la dimensión comercial de estos fenómenos. Significa comprender que, detrás del mercado, hay personas que encuentran en una canción una emoción, en una coreografía una forma de expresión y en una comunidad un espacio de pertenencia.

Tal vez allí resida una de las claves de BTS: en haber conseguido que una propuesta artística de origen coreano encuentre resonancia en experiencias humanas que no conocen fronteras.

Por eso, la noticia no es solamente que una banda internacional llega a La Plata. La noticia es que, alrededor de esa llegada, una ciudad se dispone a escuchar otros sonidos, descubrir otras tradiciones y compartir un entusiasmo que no necesita traducción.

Durante unos días, el coreano convivirá con el español en las calles platenses. Habrá canciones, bailes, encuentros y curiosidad. Y quizá, cuando termine la fiesta, algunos vuelvan a sus casas con algo más que una fotografía o el recuerdo de un espectáculo: con ganas de conocer un poco más de un país que antes les parecía lejano.

En definitiva, la música habrá cumplido una de sus funciones más antiguas y más nobles: acercar a quienes todavía no se conocen.

Porque a veces las fronteras son líneas en un mapa. Y otras veces basta una canción para demostrar que son bastante más pequeñas de lo que imaginábamos.

*Colaboración para En Provincia.

Fotografía: https://pixabay.com