Dumbo, el pequeño elefante que llegó para salvar las cuentas de Disney

Por Luna Carrara* –

Estrenada en 1941, la historia del elefante de grandes orejas fue concebida en uno de los momentos más difíciles para los estudios de Walt Disney. Costó mucho menos que sus grandes producciones anteriores y consiguió algo que el estudio necesitaba con urgencia: ganancias. Pero hay un dato que suele repetirse y no es cierto: Salvador Dalí no trabajó en Dumbo. Su colaboración con Disney llegaría años después, con el proyecto surrealista “Destino”.

Hay películas que nacen destinadas a convertirse en clásicos y otras que, casi sin proponérselo, terminan adquiriendo una importancia mucho mayor de la imaginada. Dumbo, estrenada en octubre de 1941, pertenece a las dos categorías.

La historia del pequeño elefante de enormes orejas llegó a las pantallas cuando Walt Disney atravesaba uno de los períodos más complicados de su carrera. Después del extraordinario éxito de Blancanieves y los siete enanitos, los estudios habían apostado por producciones cada vez más ambiciosas y costosas.

Pinocho y Fantasía, ambas estrenadas en 1940, fueron grandes apuestas artísticas, pero no produjeron los resultados económicos que Disney necesitaba. A esto se sumaban las dificultades provocadas por la guerra en Europa, que afectaban la distribución internacional de las películas.

En ese contexto apareció Dumbo: una película mucho más sencilla, breve y económica.

Una película hecha con otra lógica

La diferencia respecto de las grandes producciones anteriores era notable. Dumbo dura alrededor de 64 minutos y fue realizada con un presupuesto que distintas fuentes sitúan entre los 812.000 y los 950.000 dólares. El catálogo oficial de Disney señala que costó unos 812.000 dólares, mientras que el American Film Institute estima un presupuesto de entre 850.000 y 950.000 dólares.

La película pudo avanzar con rapidez gracias a una historia sencilla y a personajes de diseño menos complejo que los de las producciones anteriores. Según el AFI, la mayor parte de la animación se realizó entre agosto de 1940 y mayo de 1941 y la producción, que originalmente tenía previsto extenderse durante un año y medio, pudo completarse aproximadamente en un año.

El resultado fue una película alejada de la monumentalidad de Fantasía, pero mucho más eficiente desde el punto de vista económico.

Y funcionó.

Dumbo obtuvo una ganancia muy necesaria para los estudios. El Los Angeles Times la describió años después como una de las producciones más económicas e importantes de la historia de Disney y señaló que fue realizada en buena medida porque el estudio necesitaba una inyección de dinero.

Por eso, decir que Dumbo “salvó a Disney” tiene una parte de verdad y otra que merece ser explicada.

La película ayudó decisivamente a mejorar las finanzas del estudio, pero no fue el único factor que evitó una crisis mayor. Durante los años siguientes, los contratos para realizar películas de entrenamiento y propaganda para las Fuerzas Armadas estadounidenses también tuvieron un papel fundamental en la supervivencia de los estudios durante la Segunda Guerra Mundial.

Un elefante contra todos

La historia tampoco necesitaba grandes artificios para conquistar al público.

Dumbo nace con unas enormes orejas que se convierten rápidamente en motivo de burla. Separado de su madre y convertido en objeto de humillación, descubre finalmente que aquello que todos consideran un defecto es precisamente aquello que lo hace extraordinario.

Con la ayuda del ratón Timoteo, el pequeño elefante aprende a utilizar sus orejas para volar y transforma aquello que provocaba rechazo en su mayor virtud.

La película fue dirigida por Ben Sharpsteen y contó con una historia basada en el trabajo de Helen Aberson y Harold Pearl. Entre sus canciones quedaron para siempre Baby Mine, Pink Elephants on Parade y When I See an Elephant Fly. Disney recuerda además que la película obtuvo el Oscar a la mejor música original y fue nominada por Baby Mine como mejor canción.

El éxito fue particularmente significativo porque llegó después de dos películas mucho más caras y ambiciosas.

Y entonces aparece otra historia fascinante.

¿Salvador Dalí trabajó en Dumbo?

No.

Es una afirmación que puede encontrarse repetida en distintos relatos sobre la película, probablemente porque Dalí efectivamente trabajó con Walt Disney y porque esa colaboración pertenece a una de las historias más curiosas de la animación del siglo XX.

Pero ocurrió después de Dumbo.

En 1946, Salvador Dalí y Walt Disney comenzaron a trabajar juntos en un proyecto llamado “Destino”. La Fundación Gala-Salvador Dalí documenta que el contrato de trabajo se firmó el 14 de enero de 1946 y que tuvo una duración inicial de dos meses. Dalí trabajó en los estudios Disney de Burbank junto con el artista de Disney John Hench y Bob Cormack.

La idea era combinar el universo surrealista de Dalí con el lenguaje de la animación de Disney.

El proyecto estaba inspirado en una canción del compositor mexicano Armando Domínguez y narraba una historia de amor atravesada por el tiempo y el destino. Dalí aportó sus transformaciones imposibles, sus paisajes oníricos, sus dobles imágenes y buena parte de su imaginario surrealista.

Sin embargo, Destino no llegó a completarse en aquel momento.

La Segunda Guerra Mundial y las dificultades económicas terminaron dejando el proyecto inconcluso. Apenas se produjo entonces una breve secuencia experimental. Décadas después, el material fue recuperado y el proyecto pudo finalmente transformarse en un cortometraje, estrenado en 2003 y basado en los dibujos y diseños originales conservados por Disney y la Fundación Dalí.

Es decir: Dalí y Disney sí trabajaron juntos, pero no en Dumbo.

Dos historias que terminaron mezclándose

La confusión resulta comprensible porque ambas películas pertenecen a períodos fundamentales de la historia de Disney y porque Dumbo y Destino representan, cada una a su manera, dos caras muy diferentes de aquel estudio.

Dumbo fue una respuesta pragmática a una situación económica difícil: una película breve, sencilla y relativamente barata que consiguió convertirse en un éxito.

Destino, en cambio, fue una aventura artística extraordinariamente ambiciosa: el encuentro entre el universo de uno de los grandes maestros del surrealismo y el lenguaje de los dibujos animados de Disney.

El pequeño elefante nació en 1941, cuando Disney necesitaba recuperar oxígeno financiero.

Dalí llegó cinco años después, cuando Walt Disney seguía buscando nuevas formas de llevar la animación hacia territorios desconocidos.

Y quizás allí esté la verdadera importancia de Dumbo: no fue simplemente la película del elefante que aprendió a volar. Fue también una demostración de que, en un momento de crisis, Disney podía dejar de lado el gigantismo, contar una historia sencilla y volver a encontrar el camino hacia el público.

Por eso, aunque afirmar que Dumbo “salvó a Disney” simplifica demasiado una historia financiera mucho más compleja, sí puede decirse algo más preciso: el pequeño elefante fue una de las películas que ayudaron a mantener a flote a los estudios en uno de sus momentos más delicados.

Y Salvador Dalí, aunque nunca dibujó a Dumbo, terminó volando también dentro del universo de Disney. Solo que lo hizo cinco años más tarde y de una manera completamente diferente.

*Colaboración para En provincia.

Imagen: Archivo web.