Mujeres en el periodismo

Por Elvira Yorio*

El periodismo es algo más que una digna profesión. Es un oficio que emplea símbolos elementales para dar a conocer datos de la realidad. Resulta tan esencial a la propia vida de la comunidad que, como dijera Arthur Miller, “un buen periódico es una nación hablándose a sí misma.” De allí su importancia como sustento integrativo de las democracias. Evidentemente el periodismo nació como una necesidad y continúa siéndolo. Comenzó en Roma, igual que tantas otras importantes instituciones. Corría el año 59 a.C. y Julio César dispuso que se informara a la población de acontecimientos de interés común: decisiones políticas, edictos, convocatorias militares, alertas sanitarias, eventos sociales…mediante anuncios grabados en tablillas (Actas Diurnas), expuestas en el foro romano. Esta forma de difusión es considerada el primer vestigio del periodismo. De allí en más, no cesó de crecer y perfeccionarse. Cobró auge con la invención de la imprenta y se consolidó después. Considerado como el primer periódico del mundo (1596), el Mercurius, de Colonia, Alemania, fue escrito en latín, por entonces una especie de idioma internacional de la gente culta.

Como todas las profesiones liberales, fue ejercido casi con exclusividad por hombres. No obstante, hubo algunas excepciones que vale la pena destacar. Se señala a la estadounidense Elizabeth J. Cochran (1864-1922) conocida bajo el seudónimo Nellie Bly, como la primera reportera y periodista de investigación. Comenzó trabajando en un periódico, el “Pittsburgh Dispatch.” En realidad, se había vinculado a ese medio por el envío a la redacción de una incendiaria carta de protesta, como simple lectora, que se identificó como “Solitaria huérfana”. El estilo, tenor y contenido de la nota sorprendió al editor, que invitó a su autora a escribir para el diario. Así lo hizo, y escribió notas de diversas investigaciones que había emprendido, pero, cuando desde la dirección, dispusieron asignarle una sección femenina, sintió que la frivolidad no era lo suyo, y decidió renunciar. Su siguiente destino fue Nueva York, donde consiguió ingresar al “New York World”, de Joseph Pulitzer. Tal vez para poner a prueba a aquella desafiante muchacha, el famoso periodista le propuso hacer un trabajo de investigación encubierta en un manicomio, sobre el cual existían sospechas de graves irregularidades cometidas con las pacientes, que jamás habían podido probarse. Para ello, fingió un ataque de locura, y fue trasladada a una isla siniestra donde parecían converger las peores miserias humanas: la clínica de enfermos mentales, un reformatorio, una cárcel… (Blackwell’s Island). Permaneció confinada allí diez días en pésimas condiciones, comprobando la crueldad del trato dispensado a las internas, y la falta absoluta de adecuado tratamiento. Su artículo causó sensación y fue el factor determinante para modificar esa injusta situación. Poco después, quiso emular y sobrepasar la hazaña relatada por Verne, y propuso a su jefe dar una vuelta al mundo mejorando el récord de los 80 días. Pese a los múltiples inconvenientes propios de semejante empresa, consiguió hacerlo (1889), con un solo vestido y una valija. A su paso por Francia, aún tuvo tiempo de conocer al escritor, quien públicamente manifestó su admiración por esa intrépida joven. Escribió sendos libros sobre sus inusuales experiencias: “La vuelta al mundo en 72 días” y “Diez días en un psiquiátrico”, revelándose también, como una gran escritora, que sigue vigente en la actualidad.

En Hispanoamérica, Petrona Rosende de Sierra, uruguaya, nacionalizada argentina (1797-1863) fundó el primer periódico femenino, “La aljaba” en pleno gobierno rosista (1830). En una posición de avanzada, defendía los derechos de la mujer, en particular, su educación y capacitación. Lamentablemente, no estaban dadas las condiciones para perdurar, y tuvo que cerrar al año siguiente. Eran tiempos difíciles, de guerras intestinas y grandes tensiones políticas. Ya ella se lamentaba en uno de sus magníficos artículos, de nuestras discordias y divisiones, hasta en el conocimiento de los intereses propios, situación que, penoso es comprobarlo, no ha variado demasiado desde entonces. Bregaba por la unión y el diálogo, pretendía concientizar a la mujer para que asumiera sus derechos y participara activamente en la pacificación de nuestra sociedad.

Juana Manso (1819-1875) argentina, periodista, también escritora y docente calificada, impulsó la educación pública en la misma tónica que Sarmiento, con quien compartió sus ideales. Vivió un tiempo en Brasil, donde debió exiliarse por la persecución de Rosas, y allí fundó un periódico semanal femenino, revindicando en sus artículos los derechos de la mujer, en abierta condena a la esclavitud y el racismo. Vuelta a Argentina, crea otro semanario para la mujer, que no tuvo demasiada difusión. Después de su encuentro con Sarmiento, aunaron esfuerzos y trabajaron de consuno en publicaciones especializadas. Dirigió la Revista Anales de la Educación común, desde donde irradió sus ideas de avanzada sobre métodos de enseñanza. Avellaneda la designó como miembro de la Comisión General de Escuelas, primera mujer que desempeñó ese cargo.

Otra mujer digna de ser mencionada por sus extraordinarios aportes al periodismo, es Elena Poniatowska, mexicana, de origen francés (1932), cronista, exponente de la denominada polifonía testimonial. Lleva sesenta años de incesante actividad, habiéndose hecho acreedora al “Premio Cervantes”, la Medalla “Belisario Domínguez” , máxima distinción que otorga el Senado de México, el doctorado Honoris Causa en Manhattanville College, Premio Nacional de Periodismo de México, entre otros importantes  galardones. Su obra literaria “La noche de Tlatelolco, testimonios de historia oral” (1971), según su propia afirmación, está íntegramente armada sobre técnicas de periodismo testimonial (entrevistas, testimonios, consignas de los sobrevivientes).  Se trata del relato de la masacre estudiantil perpetrada en México en 1968. En un reportaje que le hicieron explicó que escribir esa crónica le cambió la vida. De origen francés, decidió nacionalizarse, porque a través de ese relato, se arraigó a México.  

  Algo similar a lo hecho por Svetlana Alexiévich (1948), periodista bielorrusa que adquirió fama por sus desgarradoras crónicas que tituló “Voces de Chernobil”. O sus textos sobre las luchas de Afganistán, a través del testimonio de las madres de los soldados muertos en esa guerra. Valiente crítica del régimen soviético, su libro “El final del hombre rojo” ha tenido excelente recepción en críticos y lectores. Obtuvo el Nobel de literatura (2015) “por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y coraje de nuestro tiempo” siendo la primera vez que se concedió ese premio al género del reportaje periodístico.      

Tal vez sea Christiane Amanpour (Reino Unido 1958) una de las periodistas más destacadas de las últimas décadas, por su solvencia profesional y su coraje en el ejercicio de las distintas misiones que ha emprendido. Defensora de las democracias y de los derechos humanos, acerba crítica de los populismos y regímenes demagógicos. Ha cubierto acontecimientos críticos, poniendo en peligro más de una vez su integridad física. Baste mencionar la guerra del Golfo, Bosnia, Ruanda, Afganistán, Irak, Ucrania, Gaza… Es presentadora en CNN Internacional y también en ABC News. Fue corresponsal de guerra, pero además entrevistadora de personajes muy difíciles de localizar, como cuatro presidentes iraníes o al presidente egipcio Hosni Mubarak, o el líder libio Gadafi. También se le concedió la posibilidad de transmitir en exclusiva el proceso contra Sadam Husein que concluyera con su condena. Ha sostenido que el periodismo es un pilar de la democracia y como tal, debe estar contra de los regímenes totalitarios o la opresión. En lo personal, distingue neutralidad de objetividad, desechando la primera y abrazando la última. Desde luego, preservando la veracidad a todo trance.

Para concluir, un homenaje a la gran periodista argentina, Marisa Álvarez, durante tantos años prosecretaria de redacción del Diario “El Día” de La Plata y única presidente mujer que tuvo el Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires. Especializada en Política y Economía, fue una extraordinaria analista de la realidad local e internacional. Puso pasión y conocimiento en su labor, en cada emprendimiento que abordó siempre con sensibilidad, aguda capacidad de observación y rigor profesional.

Debería nombrar muchas otras mujeres que honraron el periodismo, en nuestro país y en el extranjero, la índole de esta nota lo impide. Lo cierto es que dejaron su huella en esa profesión que comporta en sí misma una misión solidaria, un compromiso inclaudicable con la ética, un desafío constante contra los intereses creados… y estuvieron a la altura de las enormes exigencias que implica ese ejercicio.

*Colaboración para En Provincia.

Imagen: IA.