Monos olvidados: el silencio detrás del último bioterio de primates de Buenos Aires

El bioterio del CEMIC funcionó desde 1983 y estaba vinculado a investigaciones biomédicas y reproducción experimental. Según distintas publicaciones y denuncias, allí llegaron a vivir 74 primates: monos caí (capuchinos) y macacos asiáticos.

Lo más impactante es que muchos de esos animales nacieron y crecieron en subsuelos, sin contacto con luz natural. Los ciclos de día y noche se simulaban con luces artificiales.

En 2021 el centro dejó de experimentar con primates, pero los animales quedaron ahí durante años mientras se discutía qué hacer con ellos. Organizaciones como Proyecto Gran Simio denunciaron hacinamiento, falta de enriquecimiento ambiental y abandono. Incluso pidieron imputaciones por presunto maltrato animal bajo la Ley 14.346.

También apareció una discusión fuerte sobre el destino de los animales. En 2025 comenzó el traslado de parte de los monos caí a un santuario en Sudáfrica llamado Hidden Forest Sanctuary. Algunos activistas apoyaron la medida porque significaba sacar a los animales del encierro; otros cuestionaron el operativo y pidieron más transparencia.

Pero el dato más delicado es este: no todos los monos fueron trasladados.

Los macacos siguieron en el subsuelo porque el santuario no los aceptó y todavía no había un destino definitivo para ellos.

Además, según declaraciones difundidas en medios, varios de los animales eran ancianos para su especie y nunca habían vivido fuera de cautiverio. Algunos tenían más de 30 años.

Hay algo muy fuerte en toda esta historia: no se trata solamente de “monos usados en experimentos”. Se trata de animales que pasaron literalmente toda su vida encerrados en ambientes artificiales y que, cuando terminó el uso científico, quedaron atrapados entre burocracias, costos y disputas legales.

Y probablemente por eso el caso genera tanta reacción cuando la gente lo conoce. Porque obliga a mirar algo que normalmente permanece oculto.

Sin embargo, el tema casi no circula. No hay demasiadas explicaciones oficiales, no hay avances visibles y tampoco parece haber urgencia.

Mientras tanto, los animales envejecen ahí adentro.

Argentina discute muchas cosas importantes, pero hay historias que quedan escondidas porque incomodan. Esta es una de ellas. Porque obliga a preguntarnos cuánto vale la vida de un animal cuando deja de ser útil.

Y también obliga a preguntarnos algo peor: en qué momento nos acostumbramos.

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