Durante la última dictadura, los presos políticos de la cárcel de Caseros encontraron un modo ingenioso de comunicarse entre pabellones: pequeños mensajes escritos en papel que lanzaban por las ventanas con hilos y pesos improvisados. A esos mensajes los llamaban “palomas”.
En esos papeles viajaban poemas, noticias, recetas y fragmentos de vida que sostenían la esperanza y la resistencia en condiciones extremas. Lo que nació como un recurso mínimo para mantener la palabra viva terminó convirtiéndose en testimonio histórico: muchos de esos mensajes se conservaron y hoy forman parte de archivos de derechos humanos.
Las “palomas” son un ejemplo de cómo la escritura puede atravesar muros y convertirse en puente. Una memoria que no se borra, porque recuerda que incluso en el encierro la palabra fue libertad.
Fotografía: https://pixabay.com