Por Aylin Mariani*
En los márgenes de la historia oficial, donde la curiosidad se mezcla con la leyenda, aparece la figura de Mike “Madman” Marcum, un joven autodidacta de Missouri que en la década de 1990 aseguró haber construido una máquina del tiempo casera. Su relato, difundido en programas radiales dedicados a lo paranormal, se convirtió en un símbolo de la fascinación humana por desafiar los límites de lo posible.
El experimento
Marcum comenzó con una Escalera de Jacob, un dispositivo eléctrico de arcos voltaicos. Tras modificarla con bobinas caseras y un láser, afirmó haber generado un vórtice temporal, un efecto que distorsionaba el tiempo. Según sus palabras, pequeños objetos desaparecían y reaparecían en otro punto del espacio.
La desaparición
El joven declaró que planeaba probar el dispositivo consigo mismo. Poco después, desapareció sin dejar rastro. La ausencia de pruebas concluyentes sobre su destino alimentó la hipótesis de que habría quedado atrapado en su propia máquina del tiempo. Para algunos, fue un fraude; para otros, un excéntrico; y para unos pocos, un pionero que realmente cruzó la frontera del tiempo.
Resonancia cultural
La historia de Marcum resurge cada cierto tiempo en redes sociales, convertida en relato viral que lo presenta como mártir de la curiosidad científica. Comparado con otros mitos modernos como John Titor, su caso se distingue por el carácter artesanal de sus experimentos y por la sensación de que, más allá de la veracidad, encarna la tensión entre ciencia amateur y mito urbano.
Reflexión
Mike “Madman” Marcum no es tanto un científico como un narrador involuntario de nuestras ansias de trascender lo cotidiano. Su mito persiste porque nos recuerda que la imaginación humana siempre busca abrir portales hacia lo desconocido. En tiempos de viralidad, su figura se convierte en símbolo de la curiosidad sin límites y del riesgo de cruzar fronteras sin retorno.
Reflexión final
La historia de Mike “Madman” Marcum se sostiene más en la fascinación popular que en la evidencia científica. No existen pruebas verificables de que haya construido una máquina del tiempo ni de que haya viajado a través de ella. Lo que sí persiste es el mito, alimentado por su desaparición y por la necesidad humana de creer en lo imposible.
En definitiva, más que un pionero de la ciencia, Marcum es un símbolo de cómo la imaginación puede transformar un experimento casero en leyenda. No creo que haya viajado en el tiempo, pero sí creo que su relato nos recuerda que la frontera entre mito y ciencia es un espacio fértil para la cultura y la memoria colectiva.
*Colaboración para En Provincia.
Imagen: IA En provincia.