Por Lola Blasco* –
Arrancó 2026. Sin campañas, sin urnas a la vista y con una sensación bastante clara: este no va a ser un año de transición. Va a ser un año de definiciones.
Después de un 2025 cargado de elecciones, ajustes y tensiones, la política argentina entra en un territorio incómodo. No hay excusas electorales inmediatas, pero sí una cuenta regresiva que ya empezó: la presidencial de 2027. Todo lo que ocurra desde hoy se va a leer en clave de futuro.

La agenda económica abre el año con una gran prueba superada. En enero, el gobierno de Javier Milei completó el pago de más de 4.200 millones de dólares a los bonistas, despejando los temores a un default y cumpliendo con un vencimiento clave. Sin embargo, esta operación financiera, que incluyó un préstamo REPO por 3.000 millones de dólares con bancos internacionales, generó preocupaciones sobre la acumulación de vencimientos para el corto plazo, especialmente en 2027. Aunque la estrategia fue exitosa para asegurar la estabilidad inmediata, sigue existiendo incertidumbre sobre el acceso a crédito genuino y la sostenibilidad de los pagos futuros.
A pesar de estos desafíos, el riesgo país de la Argentina experimentó una significativa baja, alcanzando su nivel más bajo en siete años. Esto fue impulsado por el fortalecimiento de las reservas del Banco Central, la recuperación de los bonos en dólares y la estabilidad cambiaria, lo que mejoró la percepción de los inversores sobre la capacidad de pago del país.
Milei no perdió tiempo. Llega a este 2026 con su primer Presupuesto aprobado y con la decisión de retomar en febrero las sesiones extraordinarias. La hoja de ruta incluye dos proyectos que prometen conflicto: la reforma laboral y la ley de glaciares. Flexibilización del empleo y estímulo a la minería, dos banderas centrales del oficialismo que vuelven a poner al Congreso en el centro de la escena.
El ajuste, mientras tanto, sigue siendo el eje del modelo. El Gobierno proyecta para este año una reducción fuerte de los planes sociales y un cambio estructural en la asistencia: menos transferencias directas y más capacitación laboral mediante vouchers. La idea es reemplazar el subsidio permanente por formación para el empleo formal, con participación de empresas, sindicatos, universidades y organizaciones sociales. El impacto real de ese giro todavía está por verse.
En paralelo, la política exterior vuelve a ocupar un lugar central en la estrategia presidencial. Enero estuvo marcado por el tercer discurso del presidente en el Foro de Davos, donde reafirmó su confrontación con la agenda progresista global y defendió el modelo económico liberal. En febrero, el presidente viajará a Israel para avanzar en la mudanza de la embajada argentina a Jerusalén y fortalecer el vínculo estratégico con el país. Más adelante, se proyecta una histórica visita al Reino Unido, donde deberá mantener el reclamo por Malvinas sin tensar las relaciones diplomáticas.
En lo económico, el gran interrogante de este 2026 es si finalmente llegarán las inversiones extranjeras. Los datos del último año muestran más cautela que entusiasmo: hubo salida neta de capitales y una economía real que todavía no despega. El Gobierno confía en que el RIGI, las reformas y las privatizaciones cambien el clima. Energía, minería y tecnología aparecen como los sectores con mayor potencial, aunque nadie habla ya de una “lluvia” de dólares, sino de un proceso lento y condicionado a la estabilidad macro.

Del otro lado, la oposición arranca el año fragmentada. Axel Kicillof busca posicionarse como el principal contrapunto de Milei, con una estrategia de mayor exposición nacional y gestos hacia otros gobernadores. Pero el peronismo sigue atravesado por disputas internas. Cristina Fernández de Kirchner enfrenta un escenario judicial complejo y un liderazgo que ya no es indiscutido. Mantener el control del espacio en este 2026 no parece una tarea sencilla.
Mauricio Macri, en cambio, comienza el año en un segundo plano. Con un PRO debilitado y una relación ambigua con el Gobierno, su influencia política luce más limitada. Incluso sus silencios, en temas sensibles, empiezan a pesar tanto como sus intervenciones.
Así arranca 2026. Un año sin elecciones, pero con decisiones de fondo. Un año donde el Gobierno intentará acelerar su programa, la oposición buscará reordenarse y la sociedad medirá, una vez más, hasta dónde llega su paciencia. Sin urnas a la vista, la política queda expuesta. Y eso, en Argentina, nunca es menor.
*Colaboración para En Provincia. Por consultas o contacto: +54 221 5430920 / lolaablasco@gmail.com
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Imágenes: Lola Blasco